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suicidios – David Fernández

Suicidios, capitalismo y una pizca de ironía

“El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años. Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría), no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir. Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún días las armas y colgarán a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussolini en 1945″. Dimitris Christoulas

Esta nota de suicidio sacudió estos días Grecia y toda Europa. La crisis económica y, en especial, los recortes que en forma de recetas de ajuste impone la troika a la cuna de la democracia provocaron otra inmolación más a consecuencia de la falta de futuro y la asfixia a la que se nos está sometiendo desde los poderes financieros. Dimitris Christoulas era un farmaceutico de 77 años que dedicó 35 años de su vida a pagarse una pensión para poder pasar tranquilo su jubilación. Pero Dimitris no contaba conque un día su gobierno sería usurpado por un técnico que secuestraría la soberanía nacional y sometería el bienestar del país a unos intereses muy lejanos en espacio y prioridades. Dimitris se pegó un tiro en la plaza Syntagma de Atenas porque tras ver mermada su pensión no vió otra salida para evitar tener que recurrir a la mendicidad o dejar a sus hijos endeudados.

Pero este suicidio no ha sido el primero, y por desgracia no será el último: simplemente ha sido el que más ha llamado la atención en la prensa. En Italia se han suicidado 14 personas por motivos económicos en los últimos dos meses y se sosprecha de que son muchos más los casos que han sido ocultados como accidentes por vergüenza de las familias. Trabajadores que pierden su empleo y muchos jubilados con pensiones paupérrimas que no les dan para vivir son las principales víctimas de la crisis que acaban optando por quitarse la vida ante la falta de perspectiva y de soluciones a su drama diario.

En Asturies la situación no es mejor y hay un goteo de casos que atienden a este patrón, generalmente alimentado también por el problema endémico de nuestro país con la vivienda. El pasado 20 de marzo, un gijonés intentó suicidarse apuñalándose junto a la iglesia de Fátima en el barrio obrero de La Calzada por la situación económica y por verse sin ningún tipo de ayuda pública que garantizase unas condiciones mínimas para subsistir. Pero quizá el caso más dramático es el que aconteció en el centro comercial de Los Fresnos en febrero de este año. Aunque la prensa habló de un hombre que se precipitaba al vacío y de que «afortunadamente nadie resultó herido como consecuencia de esta inesperada caída», la realidad es más compleja y se trataba de un hombre que decidió quitarse la vida al verse acorralado por las deudas, sin empleo y con una familia a su cargo como atestiguan los numerosos testigos presenciales y el cartel que llevaba atado a su cuerpo que la prensa prefirió obviar.

En el contrapunto están otras personas que se dan de bruces contra la crisis capitalista. Hoy pudimos leer en prensa la noticia del suicidio de uno de los presos que llegaron a España desde Cuba el pasado año en el proceso de excarcelaciones emprendidas por el Gobierno de Raúl Castro. Tras serle retiradas las ayudas estatales debido a los recortes que está emprendiendo el Gobierno, este hombre decidió quitarse la vida. Es una tragedia y a la vez es irónico que, tras una vida entera añorando vivir en un país bajo régimen capitalista, descubras cuál es el verdadero rostro de un sistema en el que la falta de igualdad pone en duda la existencia de libertad negando incluso unas condiciones de vida dignas a sus ciudadanos.

Todas estas muertes, son atribuíbles por completo a los poderes financieros, a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional, al Banco Central Europeo y a los gobiernos títeres que venden la soberanía a precio de saldo.

¿Hasta dónde puede resistir un hombre antes de ver que la única solución posible es la muerte? El capitalismo no tiene humanidad, ni empatía, ni solidaridad. No se puede dialogar con el capital, ni se pueden asumir las recetas que emanan del dogma neoliberal como solución a la crisis, porque eso supone pretender apagar fuegos con gasolina.