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juicio – David Fernández

Ni acato, ni respeto

Hoy hemos conocido la sentencia por la cual se inhabilita al Juez Garzón durante 11 años o lo que es lo mismo, pierde de forma definitiva su cargo. Una decisión tomada unánimente por los siete miembros de la sala y que dejo en manos de los expertos juristas determinar la legalidad de dicho proceso. Yo prefiero hablar de la ética y del sometimiento de la Justicia a los intereses de unos pocos.

El motivo por el que se condena a Baltasar Garzón es por haber dado orden de realizar escuchas a presuntos miembros de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. Esta práctica, muy extendida en nuestro sistema judicial, parece ahora ser esgrimida por vulnerar el derecho de defensa de los imputados. Nadie alzó la voz cuando Garzón permitía escuchas a presuntos militantes de ETA en la cárcel (con el matiz del artículo 51.2 del código penal), ni cuando el sistema judicial lo consentía con los sospechosos de yihadismo. Tan siquiera nadie puso problemas ni cuestionó esta práctica cuando el juez encargado del caso Marta del Castillo permitió realizar escuchas entre Miguel Carcaño y su abogado.

Quienes hoy enarbolan la bandera de la infalibilidad de la Justicia, del respeto palabra por palabra de la legislación, son los mismos que no hace tanto reclamaban mano dura y que se saltase cualquier tipo de legislación vigente para mantener en la cárcel a De Juana Chaos pese a haber cumplido todo lo que la legislación española dictaba.

Es evidente que la legalidad choca con la ética y nos encontramos ante una campaña de acoso y derribo a un magistrado incómodo. A un juez que con sus errores, muchos y de bulto en el pasado, se atrevió a juzgar lo que nadie tuvo la valentía. No seré yo quien haga una hagiografía de Baltasar Garzón pues considero que en su carrera también ha habido errores y decisiones con las que no he estado de acuerdo ni lo estoy pero eso no me hace justificar ni mirar hacia otro lado ante lo que conlleva este juicio premeditado y con condena preconcebida, al igual que tampoco callé cuando el propio Garzón se lanzó contra Egunkaria en su nefasta teoría del «todo es ETA».

La sentencia de hoy, independientemente del error que haya podido o no cometer el juez Garzón, es un ataque a la concepción misma de la democracia. Hoy se ha evidenciado que en este país es peligroso investigar y hacer justicia. Se ha demostrado que sigue habiendo estamentos que funcionan al margen de la ley y que tienen los mecanismos suficientes para autoprotegerse. Con esta sentencia se proclama que, amparado bajo el derecho a la defensa, cualquier individuo pueda seguir desde la cárcel dirigiendo sus actividades corruptas al eliminar elementos de control de sus actividades como las escuchas.

Conocida también la sanción al juez que instruye el caso Matas-Urdangarín hoy se vislumbra de forma más clara que en nuestro Estado hay cosas que no se pueden tocar: ni a los poderosos, ni a la Corona, ni al franquismo.

Cuando la Justicia deja de ser justa, no puede llamarse Justicia. Por ello, ni acato ni respeto esta sentencia.