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franquismo – David Fernández

36 años después, el primer congreso de víctimas del franquismo

Los pasados 20, 21 y 22 de abril tuve el honor de participar en el I Congreso de Víctimas del Franquismo que se celebró en la ciudad madrileña de Rivas-Vaciamadrid. Y digo «tuve el honor» porque es todo un privilegio ser partícipe de un primer congreso, más si cabe en este caso, que por primera vez tras la muerte del dictador se organizaba un encuentro que agrupaba a todas las víctimas de su régimen.

Como historiador estoy acostumbrado a acudir a congresos, a jornadas y simposios, pero el alto nivel que se supone a los encuentros organizados por la institución académica suele devenir en una suerte de guerra de egos entre los aspirantes, y suelen tener un ambiente frío y hostil, movido generalmente por intereses recíprocos. En este congreso la sensación ha sido todo lo contrario: de integración, de colaboración y de tener patente que, ante todo, quienes nos interesamos o trabajamos por la Memoria Histórica estamos en el mismo barco. Desde los voluntarios que dedican su tiempo libre a la investigación, muchas veces de mayor nivel y envergadura que la de los profesionales de la historia, hasta los historiadores, el debate fue fluido durante todo el fin de semana y muy productivo, sobre todo de cara a tomar fuerzas y plantearse nuevos proyectos.

El encuentro tuvo tres ramas importantes. Por un lado, una más academicista en la que participaron historiadores de la talla de Julio Aróstegui, Ángel Viñas o Nicolás Sánchez Albornoz, o periodistas que desarrollan trabajos de memoria como Montse Armengou. Por otro lado, y de forma equitativa, se dio voz a los sin voz, a quienes fueron víctimas de la represión y el olvido. Se dio espacio a que las víctimas diesen sus testimonios, desde las que sufrieron la represión de la posguerra hasta los presos del tardofranquismo, donde intervinieron compañeros de la asociación de reciente creación La Comuna. Finalmente, y quizá lo más importante, se dio espacio y mucha voz a las asociaciones de recuperación de la Memoria Histórica que son las verdaderas protagonistas de la recuperación y puesta en valor de nuestra memoria colectiva.

 

La clausura del Congreso corrió a cargo del diputado de ERC Joan Tardá, que hizo un breve repaso por las últimas novedades e iniciativas legislativas sobre el reconocimiento de las víctimas. También intervino Carlota Leret, hija del capitán Leret, considerado la primera víctima de la Guerra Civil. Finalmente tuvimos ocasión de escuchar a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, quien nos dio un emotivo testimonio sobre las desapariciones forzadas en Argentina y nos sirvió para trazar ese fino hilo que une, con sus particularidades, a todas las víctimas que alrededor del mundo sufrieron el mismo destino.

Se celebró una asamblea final entre asociaciones que, entre otras cuestiones, acordó la creación de una coordinadora estatal de asociaciones de Memoria, un paso fundamental de cara a cohesionar, extender y fortalecer un movimiento fundamental para profundizar en la calidad democrática de este país. Sin memoria, sin verdad, sin justicia y sin reparación no es posible construir un país plénamente democrático. Como decía Ángel Viñas, Franco cabalgó a la dictadura a lomos de millones de cadáveres: los muertos de la guerra y los de la posguerra. Por todos ellos, por nuestra memoria, que este sea el primero de muchos congresos.

«Contra el olvido, pero sin la melancolía. Por la reparación y por la dignificación»
José Masa, alcalde de Rivas-Vaciamadrid

Ni acato, ni respeto

Hoy hemos conocido la sentencia por la cual se inhabilita al Juez Garzón durante 11 años o lo que es lo mismo, pierde de forma definitiva su cargo. Una decisión tomada unánimente por los siete miembros de la sala y que dejo en manos de los expertos juristas determinar la legalidad de dicho proceso. Yo prefiero hablar de la ética y del sometimiento de la Justicia a los intereses de unos pocos.

El motivo por el que se condena a Baltasar Garzón es por haber dado orden de realizar escuchas a presuntos miembros de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. Esta práctica, muy extendida en nuestro sistema judicial, parece ahora ser esgrimida por vulnerar el derecho de defensa de los imputados. Nadie alzó la voz cuando Garzón permitía escuchas a presuntos militantes de ETA en la cárcel (con el matiz del artículo 51.2 del código penal), ni cuando el sistema judicial lo consentía con los sospechosos de yihadismo. Tan siquiera nadie puso problemas ni cuestionó esta práctica cuando el juez encargado del caso Marta del Castillo permitió realizar escuchas entre Miguel Carcaño y su abogado.

Quienes hoy enarbolan la bandera de la infalibilidad de la Justicia, del respeto palabra por palabra de la legislación, son los mismos que no hace tanto reclamaban mano dura y que se saltase cualquier tipo de legislación vigente para mantener en la cárcel a De Juana Chaos pese a haber cumplido todo lo que la legislación española dictaba.

Es evidente que la legalidad choca con la ética y nos encontramos ante una campaña de acoso y derribo a un magistrado incómodo. A un juez que con sus errores, muchos y de bulto en el pasado, se atrevió a juzgar lo que nadie tuvo la valentía. No seré yo quien haga una hagiografía de Baltasar Garzón pues considero que en su carrera también ha habido errores y decisiones con las que no he estado de acuerdo ni lo estoy pero eso no me hace justificar ni mirar hacia otro lado ante lo que conlleva este juicio premeditado y con condena preconcebida, al igual que tampoco callé cuando el propio Garzón se lanzó contra Egunkaria en su nefasta teoría del «todo es ETA».

La sentencia de hoy, independientemente del error que haya podido o no cometer el juez Garzón, es un ataque a la concepción misma de la democracia. Hoy se ha evidenciado que en este país es peligroso investigar y hacer justicia. Se ha demostrado que sigue habiendo estamentos que funcionan al margen de la ley y que tienen los mecanismos suficientes para autoprotegerse. Con esta sentencia se proclama que, amparado bajo el derecho a la defensa, cualquier individuo pueda seguir desde la cárcel dirigiendo sus actividades corruptas al eliminar elementos de control de sus actividades como las escuchas.

Conocida también la sanción al juez que instruye el caso Matas-Urdangarín hoy se vislumbra de forma más clara que en nuestro Estado hay cosas que no se pueden tocar: ni a los poderosos, ni a la Corona, ni al franquismo.

Cuando la Justicia deja de ser justa, no puede llamarse Justicia. Por ello, ni acato ni respeto esta sentencia.