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Opinión – Página 4 – David Fernández

Suicidios, capitalismo y una pizca de ironía

“El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años. Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría), no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir. Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún días las armas y colgarán a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussolini en 1945″. Dimitris Christoulas

Esta nota de suicidio sacudió estos días Grecia y toda Europa. La crisis económica y, en especial, los recortes que en forma de recetas de ajuste impone la troika a la cuna de la democracia provocaron otra inmolación más a consecuencia de la falta de futuro y la asfixia a la que se nos está sometiendo desde los poderes financieros. Dimitris Christoulas era un farmaceutico de 77 años que dedicó 35 años de su vida a pagarse una pensión para poder pasar tranquilo su jubilación. Pero Dimitris no contaba conque un día su gobierno sería usurpado por un técnico que secuestraría la soberanía nacional y sometería el bienestar del país a unos intereses muy lejanos en espacio y prioridades. Dimitris se pegó un tiro en la plaza Syntagma de Atenas porque tras ver mermada su pensión no vió otra salida para evitar tener que recurrir a la mendicidad o dejar a sus hijos endeudados.

Pero este suicidio no ha sido el primero, y por desgracia no será el último: simplemente ha sido el que más ha llamado la atención en la prensa. En Italia se han suicidado 14 personas por motivos económicos en los últimos dos meses y se sosprecha de que son muchos más los casos que han sido ocultados como accidentes por vergüenza de las familias. Trabajadores que pierden su empleo y muchos jubilados con pensiones paupérrimas que no les dan para vivir son las principales víctimas de la crisis que acaban optando por quitarse la vida ante la falta de perspectiva y de soluciones a su drama diario.

En Asturies la situación no es mejor y hay un goteo de casos que atienden a este patrón, generalmente alimentado también por el problema endémico de nuestro país con la vivienda. El pasado 20 de marzo, un gijonés intentó suicidarse apuñalándose junto a la iglesia de Fátima en el barrio obrero de La Calzada por la situación económica y por verse sin ningún tipo de ayuda pública que garantizase unas condiciones mínimas para subsistir. Pero quizá el caso más dramático es el que aconteció en el centro comercial de Los Fresnos en febrero de este año. Aunque la prensa habló de un hombre que se precipitaba al vacío y de que «afortunadamente nadie resultó herido como consecuencia de esta inesperada caída», la realidad es más compleja y se trataba de un hombre que decidió quitarse la vida al verse acorralado por las deudas, sin empleo y con una familia a su cargo como atestiguan los numerosos testigos presenciales y el cartel que llevaba atado a su cuerpo que la prensa prefirió obviar.

En el contrapunto están otras personas que se dan de bruces contra la crisis capitalista. Hoy pudimos leer en prensa la noticia del suicidio de uno de los presos que llegaron a España desde Cuba el pasado año en el proceso de excarcelaciones emprendidas por el Gobierno de Raúl Castro. Tras serle retiradas las ayudas estatales debido a los recortes que está emprendiendo el Gobierno, este hombre decidió quitarse la vida. Es una tragedia y a la vez es irónico que, tras una vida entera añorando vivir en un país bajo régimen capitalista, descubras cuál es el verdadero rostro de un sistema en el que la falta de igualdad pone en duda la existencia de libertad negando incluso unas condiciones de vida dignas a sus ciudadanos.

Todas estas muertes, son atribuíbles por completo a los poderes financieros, a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional, al Banco Central Europeo y a los gobiernos títeres que venden la soberanía a precio de saldo.

¿Hasta dónde puede resistir un hombre antes de ver que la única solución posible es la muerte? El capitalismo no tiene humanidad, ni empatía, ni solidaridad. No se puede dialogar con el capital, ni se pueden asumir las recetas que emanan del dogma neoliberal como solución a la crisis, porque eso supone pretender apagar fuegos con gasolina.

El PSOE de Pravia también tiene tijeras

Hoy hemos podido conocer, al fin, los Presupuestos Generales del Estado que, como ya esperábamos, no dejan títere con cabeza dando otra estocada más al ya maltrecho estado del bienestar. Como ya se sabía o preveía, un recorte de tanta magnitud que elimina de un plumazo las ayudas a la dependencia o la financiación de planes y políticas activas de empleo y formación, llega tras las elecciones en una evidente táctica de trilero para evitar que antes de los comicios se mostrase la cara menos amable del Gobierno.

Quizá por este mismo motivo conocemos hoy por prensa el plan de recortes aprobado en el pleno del Ayuntamiento de Pravia con los votos del PSOE local, el voto en contra del PP y las abstenciones de Unidad Praviana y Foro Asturias. Un plan de recortes que pretende desarrollarse hasta 2022 para ahorrar 2,7 millones de euros.

Mi abuela, de natural ahorradora, tenía un refrán que decía que «el montón que se quita y nun se pon, se descompón» y ahí está el problema, que no se puede gastar más de lo que se tiene y, sobre todo, no debería hacerse pagar al ciudadano por los errores de gestión o el malgasto de los representantes políticos, sea justificado o no. Hace no mucho nos enteramos de que se pedía a nuestro Ayuntamiento que devolviese una subvención invertida presuntamente en lo que no se debía, de la cual parece que hay una parte sin justificar y que se gastó en, según palabras de nuestro alcalde Toni, «cuestiones perentorias».

Quizá esté ahí el problema del PSOE praviano, que para ellos no es perentorio conservar un servicio emblema de la izquierda asturiana como las Oficinas de Información Juvenil, tampoco un servicio básico como la gestión pública del agua o la necesidad mantener el poco empleo público en estos tiempos de crisis. Para el PSOE praviano todos nos tenemos que hacer cargo de haber gastado el dinero público a su antojo, de no haberse planteado la posibilidad de no poder afrontar gastos y de huir hacia adelante. Ahora debemos hacernos cargo de pagar los intereses de un crédito que solo sirve para tapar agujeros mientras poco a poco desarmamos el poco patrimonio municipal.

¿Por qué no se plantean, como gesto de buena voluntad, bajarse el sueldo el alcalde o el concejal liberado como piden tantos pravianos? Presupongo que es prioritario destruir cinco puestos de trabajo o jugar con servicios básicos como el suministro público de agua que no intentar ser consecuentes con la ideología que dice uno predicar o asumir, al menos, parte del error.

Y Debord entró en la campaña electoral

Esta tarde asistí a un mitin de Izquierda Unida de Pravia. Un encuentro modesto de una asamblea local modesta que por no disponer, ni dispone de local, aunque de lo que va sobrada es de las ganas y empeño que su coordinador, Jesús, lleva años poniendo por crear ese espacio para quienes nos situamos en la izquierda alternativa en este concejo. La falta de recursos, la falta de representación en el Consistorio (un puñado de votos faltaron para arrebatarle un acta de edil a Foro) y, sobre todo, el ser una agrupación pequeña, dentro de una organización ya pequeña de por si, hace que la lucha contra el ninguneo y silencio informativo sea aún más compleja y sacrificada.

Como iba diciendo, hoy hubo mitin de IU de cara a las elecciones del próximo 25 de marzo en el que se hizo un breve recorrido por las propuestas que tiene la coalición de cara a esta nueva legislatura tras el gobiernus interruptus de Cascos. Y digo breve porque si de algo se caracterizan los actos de Izquierda Unida a nivel local es por la posibilidad que dan de participar al público asistente, de confrontar ideas y de discutir, incluso con asistentes de afinidades políticas muy lejanas a las de la izquierda alternativa.

Una simple mesa, asiento para el aforo y un micrófono es lo único que se necesita porque en realidad, lo fundamental, es el feedback entre quien hace las propuestas y quien las recibe.

Lo triste llega cuando tienes que interrumpir el debate para dejar el espacio vacío para un ejército de operarios que herramienta en mano entran en escena para montar durante la noche la tramoya roja, el andamiaje y el cableado que retransmitirán un sucinto mensaje enlatado que recorrerá todos los rincones de Asturies. Uno se pregunta ante tal situación en qué estamos fallando para que el continente sea más importante que el contenido, que lo fundamental sea en envoltorio, el discurso concretado y concertado, encerrado en una lata de esloganes huecos que abran telediarios. Los camiones de emisión vía satélite llegan y la encargada del montaje te mira con aire entre lastimoso y condescendiente.

El situacionista Guy Debord se le viene a uno a la mente con este despliegue, con esta perversión de la política. En 1967 decía en «La Sociedad del espectáculo» que el lenguaje espectacular se constituye por signos de la producción reinante, que son al mismo tiempo la finalidad última de esta producción. Lo importante es el espectáculo, la irrealidad, la construcción de quimeras y el montaje de tramoyas que consigan una espectacularidad que es el fin en si mismo, no el medio y que evade cualquier tipo de cuestionamiento político-ideológico.

Quizá sea un romántico o un clásico, pero yo sigo prefiriendo el debate sincero de la austera y simple mesa con micrófono. Me sigue importando mucho más el contenido que el contenedor del mismo.

Pobreza, paro y Laponia

En el estado español el 22% de los hogares se encuentra bajo el umbral de la pobreza, es decir, reciben anualmente menos de 7.800 euros. Más de 580.000 familias no obtuvieron ningún tipo de ingreso. Estos datos arrojados por el último informe del Observatorio de la realidad sobre los efectos sociales de la crisis de Cáritas nos constatan que cada vez no solo hay más pobres sino que son aún más pobres que en 2010. Con el 22% de pobres somos uno de los países europeos con mayor tasa de pobreza (la media es del 16,4%), solo superados por Rumanía y Letonia.

Con unas cifras de paro dramáticas, con casi 5.000.000 de desempleados y con dos reformas laborales complementarias que facilitan y abaratan aún más la destrucción de empleo nos abocamos a un abismo con muy mala perspectiva. En 2011, por primera vez en 10 años, el saldo migratorio de España ha sido negativo según recoge el Instituto Nacional de Estadística, es decir, hemos emigrado más que inmigrantes han llegado. Más de un millón y medio de trabajadores españoles se encuentran ya en otros países en busca de unas condiciones laborales dignas y las previsiones no son nada halagüeñas.

Ante un panorama de miniempleos de 400 euros, del insultante salario joven aprobado por el señor Cascos y de una legislación laboral tendente a la precarización de la vida, en especial de los jóvenes, aparece la solución de la mano de la CEOE: hay que cuestionar que los parados cobren la prestación por desempleo si rechazan una oferta de trabajo, «Como si es en Laponia».

Estas declaraciones, llenas de empatía y patriotismo, fueron realizadas por José Luis Feito, presidente de la Comisión de Economía y Política Financiera de la CEOE y evidencian a las claras cual es el pensamiento reinante en la patronal. Ya no sirve con despedir más barato, ni con establecer unas condiciones laborales leoninas, sino que para salir de la crisis, el trabajador debe renunciar a cualquier tipo de derecho, incluso el de no aceptar un empleo en unas condiciones indignas o, incluso, perjudiciales. Para la CEOE parece ser que cinco millones de españoles no trabajan porque no quieren, que hay miles de empleos sin cubrir porque hay gente que no quiere trabajar. Quizá alguien debería explicarles a los indignos señores de la CEOE que en Laponia no es concebible cobrar salarios inferiores a 1000 euros, que la seguridad laboral es más amplia y que los trabajadores no tienen que asumir todo el peso de una crisis que ellos no han provocado. Pero quizá eso a la CEOE no le interese discutirlo, no vaya a ser que a este lado de los Pirineos empecemos a pedir lo que queremos.

La última tragedia griega

Escribo estas breves líneas consternado, con una mezcla de enfado, de indignación y de tristeza. El parlamento griego acaba de aprobar en una aplastante mayoría (199 sí, 74 no, 5 abstenciones) un plan de ajuste que pretende dar solución a la crisis que azota el país mediante un recorte masivo y abusivo de las prestaciones sociales y del marco laboral. Veo estupefacto al PASOK, partido socialista griego, cogiéndose de la mano de la derecha para dar forma y  apoyar con su voto la destrucción del Estado del Bienestar, la subordinación de toda una nación a los interes financieros de la troika (BCE, UE y FMI) y, en definitiva, el sacrificio de la sobernaía popular de una nación vendida a coste de saldo.

La imagen que se está dando por los medios de comunicación españoles es de violencia gratuíta, de destrucción de inmuebles y de enfrentamientos con la policía. Muchas tertulias mañana condenarán la violencia del pueblo griego contra las instituciones, incluso surgirá algún tinte paternalista que crea que son unos pobres ignorantes que sacan una ira desbocada y mal canalizada. Nadie se está planteando realmente por qué el pueblo griego sale a las calles, por qué quema, por qué odia a la mayoría de sus políticos.

La troika, la entente formada por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, es quien ostenta hoy el poder en Grecia a través de su gobierno pelele. Un gobierno que acaba de aprobar con la mano cómplice de los socios griegos del PSOE las siguientes medidas (aparte de otras que se harán públicas en 15 días):

  • reducción del salario mínimo entre el 22% y el 32% para los jóvenes recién incorporados al mercado laboral (menores de 25 años)
  • derogación de los convenios colectivos e individuales
  • recortes en todas las pensiones
  • el despido de 15.000 empleados públicos
  • un tijeretazo en prestaciones y servicios sociales

¿Quién puede culpar al pueblo griego de pelear con uñas y dientes por defender sus derechos, por defender su dignidad y su soberanía? Con una Grecia acechada por los buítres financieros, por los usureros que no entienden de empatías ni de dignidades, nadie en su sano juicio puede ni siquiera cuestionar la reacción de un pueblo contra los líderes que lejos de representarlos hacen el papel de cómplices de quienes los sepultan.

Solidaricémonos con el pueblo griego, enfadémonos por la injusticia de su situación pero, sobre todo, recapacitemos y pensemos cuál ha sido la deriva que ha llevado a esta situación, no tan diferente a la española. Pensémos quiénes han sido los responsables de la quiebra griega, quiénes han votado contra su pueblo y recapacitemos sobre la posibilidad de que seamos nosotros los próximos en caer bajo las garras de la usura financiera. ¿Estamos dispuestos a dejarnos vender y desmantelar con el colaboracionismo bipartidista? ¿vamos a consentir los recortes preventivos, que nos apliquen la política del miedo para no reaccionar ante el rodillo y el terrorismo financiero? Tenemos instrumentos, que el miedo no nos impida usarlos.

Giorgos Mayrikos, ha lanzado el proyecto de ley de austeridad al Ministro de Economía en pleno debate en el Parlamento griego.

Resultados (provisionales) de las votaciones:

A favor: 200 (PASOK, ND)
En contra: 74 (Synaspismos, KKE, 11 diputados del PASOK y 1 del ND)
Abstenciones:  9 diputados del PASOK, 1 de ND y la extremaderecha de LAOS

Ni acato, ni respeto

Hoy hemos conocido la sentencia por la cual se inhabilita al Juez Garzón durante 11 años o lo que es lo mismo, pierde de forma definitiva su cargo. Una decisión tomada unánimente por los siete miembros de la sala y que dejo en manos de los expertos juristas determinar la legalidad de dicho proceso. Yo prefiero hablar de la ética y del sometimiento de la Justicia a los intereses de unos pocos.

El motivo por el que se condena a Baltasar Garzón es por haber dado orden de realizar escuchas a presuntos miembros de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. Esta práctica, muy extendida en nuestro sistema judicial, parece ahora ser esgrimida por vulnerar el derecho de defensa de los imputados. Nadie alzó la voz cuando Garzón permitía escuchas a presuntos militantes de ETA en la cárcel (con el matiz del artículo 51.2 del código penal), ni cuando el sistema judicial lo consentía con los sospechosos de yihadismo. Tan siquiera nadie puso problemas ni cuestionó esta práctica cuando el juez encargado del caso Marta del Castillo permitió realizar escuchas entre Miguel Carcaño y su abogado.

Quienes hoy enarbolan la bandera de la infalibilidad de la Justicia, del respeto palabra por palabra de la legislación, son los mismos que no hace tanto reclamaban mano dura y que se saltase cualquier tipo de legislación vigente para mantener en la cárcel a De Juana Chaos pese a haber cumplido todo lo que la legislación española dictaba.

Es evidente que la legalidad choca con la ética y nos encontramos ante una campaña de acoso y derribo a un magistrado incómodo. A un juez que con sus errores, muchos y de bulto en el pasado, se atrevió a juzgar lo que nadie tuvo la valentía. No seré yo quien haga una hagiografía de Baltasar Garzón pues considero que en su carrera también ha habido errores y decisiones con las que no he estado de acuerdo ni lo estoy pero eso no me hace justificar ni mirar hacia otro lado ante lo que conlleva este juicio premeditado y con condena preconcebida, al igual que tampoco callé cuando el propio Garzón se lanzó contra Egunkaria en su nefasta teoría del «todo es ETA».

La sentencia de hoy, independientemente del error que haya podido o no cometer el juez Garzón, es un ataque a la concepción misma de la democracia. Hoy se ha evidenciado que en este país es peligroso investigar y hacer justicia. Se ha demostrado que sigue habiendo estamentos que funcionan al margen de la ley y que tienen los mecanismos suficientes para autoprotegerse. Con esta sentencia se proclama que, amparado bajo el derecho a la defensa, cualquier individuo pueda seguir desde la cárcel dirigiendo sus actividades corruptas al eliminar elementos de control de sus actividades como las escuchas.

Conocida también la sanción al juez que instruye el caso Matas-Urdangarín hoy se vislumbra de forma más clara que en nuestro Estado hay cosas que no se pueden tocar: ni a los poderosos, ni a la Corona, ni al franquismo.

Cuando la Justicia deja de ser justa, no puede llamarse Justicia. Por ello, ni acato ni respeto esta sentencia.

La salud, en venta

Leo con estupor las declaraciones efectuadas por la viceconsejera de asistencia sanitaria de la Comunidad de Madrid, Patricia Flores, en las que afirma que hay que poner límites al tratamiento de los enfermos crónicos. Y digo con estupor porque como enfermo crónico que soy me produce vergüenza y miedo que haya en este país gente de tal catadura moral que incluso se plantee la posibilidad de que quienes padecemos enfermedades con tratamientos para toda una vida no podamos recibir ayuda del Estado por ello.

Me pregunto día a día qué clase de déficit empático se desarrolla en el seno de la derecha para cuestionarse la asistencia sanitaria universal y gratuita para todos los ciudadanos. ¿Es acaso la salud, elemento básico del desarrollo del ser humano para su mera existencia, algo susceptible de ser cuestionado? La sanidad pública se basa y debe basarse en un principio de equidad y de libre acceso, que entre todos financiemos un sistema de asistencia que garantice que cualquier persona -sea cual sea su renta- pueda obtener un tratamiento digno y de primera calidad.

Yo me beneficio de este sistema y, al igual que hay ciudadanos que cotizan a la Seguridad Social pero no necesitan hacer uso durante años del sistema sanitario, a mí me resulta imprescindible para poder desarrollar mi vida con normalidad. Mi tratamiento cuesta 98€ por caja al mes. Ante la situación económica y laboral que nos encontramos, donde el trabajo es prácticamente una lotería y en el mejor de los casos no se llega a los 800 euros de sueldo, me pregunto: ¿considera el Partido Popular que yo puedo permitirme casi 100 euros al mes por un medicamento que no es optativo y que me hace tener una calidad de vida que me permita desarrollar trabajos y una vida con total autonomía? ¿Cree el Partido Popular que poder llevar una vida con normalidad tiene precio?

Se está imponiendo en nuestro país un discurso muy peligroso precisamente desde los estamentos que no están sufriendo las consecuencias de la crisis y por determinados grupos que pretenden aprovechar la coyuntura para imponer recetas ya fallidas que precarizan aún más nuestras vidas. Hay un proceso de desacreditación premeditada de lo público en beneficio de lo privado y se está elaborando un discurso de cuestionamiento del propio sistema al que se acusa de insostenible. Todo esto oculta un interés evidente: la mercantilización de los servicios públicos, la desmantelación de lo de todos y de lo susceptible de producir beneficios económicos a agentes privados. Primero fueron las empresas públicas, luego la educación y, ahora, le toca el turno a la sanidad.

Bajo el pretexto de la austeridad o del vivir sobre nuestras posibilidades tenemos una estrategia de desprestigio que no pretende otra cosa que hacer caja con la sustitución progresiva de lo público, lo de todos, por algo privado y privativo. El sistema público de salud es sostenible siempre y cuando se haga con criterio y con una planificación a largo plazo. Hay dinero, simplemente hay que saber invertirlo mejor y eso pasa precisamente por un refortalecimiento del propio sistema y por garantizar que el sistema siga siendo atractivo para las clases medias. En sus manos está la financiación del mismo y que sea algo universal, y para ello hay que seguir ofreciendo un sistema de calidad con el que no pueda competir la sanidad privada. El día que consintamos un descrédito y devaluación del sistema de salud público que haga huir a las clases medias y lanzarse a los brazos de los seguros privados, estaremos firmando la sentencia de muerte de nuestro sistema, transformándolo en mera caridad para los eslabones más débiles de nuestra sociedad.

¿Estamos dispuestos a consentir que algo tan básico para el bienestar de un país como es el sistema sanitario se ponga en tela de juicio o se entregue a la especulación?

El (d)efecto Cascos

Hace algo más de un año aparecía en Asturies un nuevo fenómeno político que removió la generalmente anodina política asturiana. De la nada surgió Foro Asturias de Ciudadanos, una suerte de movimiento político de carácter transversal y pseudoregionalista acaudillado por el ex-ministro Álvarez Cascos y de tal personalismo que incluso escogieron «casualmente» como nombre sus propias iniciales.

En apenas seis meses, Foro Asturias se alzó como una alternativa de gobierno al binomio PP-PSOE, acaparando ya no sólo gran parte del electorado del PP, sino atrayendo a sectores del PSOE y a desencantados que se creían el discurso de la regeneración política. Incluso teóricos asturianistas liberales se dejaron seducir por la palabrería jovellanesca de Álvarez Cascos, al igual que primero se dejaron seducir por la de Sergio Marqués.

Desde mayo en Asturies reinó la falta absoluta de gobierno por parte de un partido tan sumamente personalista que se vio abocado a trasladar a su praxis política todas las vendettas y frustraciones personales de su líder. Si antes vivíamos en una situación anodina, con un PSOE dando bandazos y un PP con pocas ganas de gobernar, ahora nos encontramos con un gobierno directamente muerto, sin ideas y absorto en buscar una vía por la que hacer claudicar a sus ex-compañeros del PP. Llegó la obsesión de abanderar el jovellanismo, de manosear hasta la saciedad el nombre del ilustrado asturiano y de pretender apropiarse de una cultura que no es de nadie, sino de todos los asturianos.

Llegaron los conflictos, destacando el del Centro Niemeyer de Avilés, en el cual creo culpables tanto al consejero de Cultura como a la alcaldesa de Avilés: uno por no asumir bien la victoria, y otra por no asumir bien la derrota. El enroque llevó a una situación tragicómica, que llegó a protagonizar portadas y telediarios a nivel estatal e internacional. A este respecto mi opinión se resume en la de mi buen amigo Salcines del 15M de Avilés.

Después llegó toda la polémica suscitada por la destitución del director del Festival Internacional de Cine de Xixón, los chanchullos con los sueldos del centro de salud donde trabaja la esposa del consejero de Sanidad, el baile de cifras presupuestarias o los consejeros que nunca sabían nada ni poseían datos sobre su actividad diaria. Casi un año de inacción en los que jamás el gobierno asturiano tenía la culpa de nada de lo que hacía (o no hacía). Frente a su pseudoregionalismo, también surgió en parte de la oposición -especialmente en el seno del PSOE, aunque no exclusivamente- el discurso cosmopaleto (1, 2 y 3) y antiasturiano, por el cual se intentó hacer chanza sobre el asturianismo para confrontar con un teórico modelo cultural cosmopolita e internacional, presumiendo que son conceptos antagónicos, de lo que bien deja constancia mi querida Arantxa en su blog.

Ahora se abre de nuevo el melón con un Cascos desautorizado, déspota y con un gobierno de ineptitud supina que prefirió quemarse a lo bonzo que llegar a acuerdos mínimos. Cascos prefirió el suicidio a negociar con sus ex-compañeros del PP asumiendo su incapacidad para gobernar en solitario.

El casquismo se desinfla a la misma velocidad que surgió, y yo me pregunto: ¿qué pasará con todos esos militantes del PP que huyeron en estampida en mayo para «picopalear» a tres turnos con Cascos? ¿Qué será de algunos de mis vecinos, que desmantelaron en la práctica todo el PP praviano? ¿Volverán como ya hicieron cuando la URAS de Sergio Marqués? En unos meses lo sabremos.

 

Que nadie se olvide de la Memoria

«La lucha del hombre contra el Poder es la lucha de la memoria contra el olvido.»  Milan Kundera

Hace unos días, hablando con una persona encargada de dar forma a un trabajo de memoria histórica en el que estamos trabajando unos compañeros, nos preguntaba que, como historiadores, cómo veíamos ahora el presente y futuro del proceso de recuperación de la memoria histórica con la llegada de la derecha al poder en prácticamente todos los estamentos posibles.

Nuestra respuesta fue bastante unánime: la financiación y la ayuda pública prácticamente tiene que ser descartada salvo alguna que otra corporación municipal en manos de la izquierda que aún desarrolla proyectos sobre la memoria. Añadimos también que precisamente por ser ahora un tema denostado y pisoteado por una derecha que quiere seguir sintiéndose impune, y también por parte de la izquierda que mantiene complejos de supuesta equidad de víctimas, era más importante que nunca seguir impulsando y desarrollando trabajos en esta dirección.

La memoria, aunque muchas veces molesta, es un motor que hace avanzar a la sociedad. No es posible construir un modelo social justo mientras haya un régimen que se sustente con cunetas llenas de huesos como pilares o con muertes, abusos y torturas sin respuesta ni reparación. Recuperar la memoria es recuperar las voces del olvido, es poner puntos a heridas abiertas y es, ante todo, hacer justicia.

¿Cómo podemos querer construir un Estado moderno si basa su propia existencia en la propia injusticia? No podemos permitirnos seguir negando una realidad social existente, la de las miles de familias que aún a día de hoy no tienen respuesta sobre su propia historia familiar. Una historia que, en definitiva, es la historia más importante de uno: la de sus ancestros, la que explica de dónde viene y el porqué de su existencia. No hay peor castigo para un ser humano que negarle su pasado, que negarle la posibilidad de reencontrarse con los hechos y vivencias de sus predecesores; y esto, por desgracia, lo tenían y lo tienen muy claro las derechas, que saben que no tener un sitio material donde llorar o unos restos a los que rendir un homenaje es la nada, la inexistencia, el vacío más absoluto.

Sin memoria se corre el riesgo tan frecuente y tan dañino en el campo de la Historia de caer en la nostalgia, de que la bruma del tiempo edulcore los sucesos tiñéndolo todo de un tupido velo de inocencia pasada. Sin memoria, se corre el riesgo de que al ministro de propaganda de un régimen totalitario y genocida como el franquista se le permita redactar una Constitución y que a su muerte, con responsabilidad en varias muertes impunes, se le considere una pérdida para la democracia y que la nostalgia haga considerar nimiedades o asuntos baladí sus responsabilidades con un régimen de terror.

Sin memoria, el recuerdo queda en un anciano que suelta exabruptos y se bañó en Palomares, obviando a Julián Grimau, a Enrique Ruano, a los trabajadores de Vitoria o a los carlistas de Montejurra.

Sin memoria, en definitiva, seguiremos siendo un Estado construído sobre la injusticia, el dolor y la negación de nuestra historia. Sin memoria, los vencedores siguen venciendo y los vencidos somos doblemente vencidos.

Con Fraga, hasta la braga

Lo reconozco, en cuanto escuché la noticia de la muerte de Fraga me recorrió por todo el cuerpo el cosquilleo de tener que escribir sobre ello. Nunca me alegro por la muerte de un ser humano, de hecho ni por los hombres y mujeres más ruínes que el mundo haya dado me alegro. La muerte es una liberación, es un punto y final que ahoga en olvido los peores actos cometidos. Y no, eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo.

Muchos seguramente mañana recuerden al señor Fraga Iribarne como un demócrata ejemplar, como un político de excepción que supo amoldarse de un régimen totalitario a un sistema democrático. Otros recordarán que es el fundador del partido que ostenta el poder en la práctica totalidad del Estado. Incluso en algunos medios de comunicación recordarán aquel ya clásico «con Fraga, hasta la braga» que resumía la relajación de la mojigatería de la censura o aquel esperpéntico baño en Palomares tras el affaire nuclear.

De lo que estoy seguro es de que a muy pocos les dará hoy por pensar en el otro Fraga. En el Fraga que puso voz y cara para justificar ante todo un país el fusilamiento de aquel comunista llamado Julián Grimau en 1963. Tampoco se hablará del Fraga que dirigía las fuerzas de órden público aquel 3 de marzo de 1976 que resultaban con la muerte matada de cinco trabajadores en huelga. Y, evidentemente, tampoco se hablará del Fraga que conocía y amparaba aquel atentado que desde el búnker se lanzaba contra aquel carlismo que se reinventaba y reivindicaba una identidad nueva frente al tradicionalismo franquista en Montejurra un 9 de mayo de 1976.

De nada de esto se hablará porque nada de esto interesa en esta sociedad obligada a ejercer una amnesia colectiva, un intento de amnistia de facto para todos aquellos verdugos, fieles vasallos y perros de presa surgidos de las entrañas del franquismo. Fraga, al igual que otros muchos, muere en la cama, tranquilo, sin haber sufrido persecución ni condena alguna porque, ante todo, el señor Iribarne ha sido en sus 89 años de vida un camaleón capaz de transformar su existencia a las circunstancias, de sobrevivir y, sobre todo, de escapar a la propia justicia.

Otro culpable muere en la cama con las manos manchadas de sangre. Hoy debemos de estar tristes por haber sido incapaces en 30 años de sentar en un banquillo ante un juez a quienes deberían haber rendido cuentas por sus hechos.

Como bien dice Lluís Llach a todos ellos «les perseguirán nuestras memorias para siempre».

Lo confieso: tengo un miniempleo

Lo tengo que confesar: yo ya gozo de un miniempleo, antes incluso de que la CEOE propusiese tan genial y novedosa idea. Yo tengo mi miniempleo, mi minijob, tan europeo como mini y por eso puedo hablar con un cierto conocimiento de causa de lo que ello supone.

Sumado a mis múltiples contradicciones vitales entre lo que creo y lo que tengo que hacer para vivir, soy uno de esos miles de asalariados de una multinacional dedicada principalmente al poco transparente negocio de la farmacia y del márketing. Cada trabajo generalmente me supone horas y horas dedicadas a, con mucho estómago, descubrir los entresijos de cómo funciona el mercado de la salud o de los bienes de consumo. Y digo que he de convivir con esa contradicción porque evidentemente no me gusta tener que ser partícipe de las estrategias comerciales de determinadas empresas transnacionales, ni tampoco me gusta saber los entresijos de un medicamento o de una campaña publicitaria habitualmente poco veraz, pero de algo hay que vivir y mi remuneración, aunque pequeña, es un pequeño pellizco que me permite subsistir y completar la «beca» que mis padres me tienen concedida.

El sueldo depende de la carga de trabajo que haya en ese momento y puede rondar entre los 150 o los 400 euros al mes, con algunos picos que pueden llegar a los 600 o 700 si has tenido suerte de que te encarguen trabajo extra y si has renunciado a prácticamente todo tu tiempo libre para trabajar. Porque sí, el sueldo es mini como es en principio mini el trabajo, pero no son mini las horas que se dedican, ni las noches ante el ordenador para entregar trabajos que te adelantan de fecha sin previo aviso. Muchos días se superan con creces las 8 horas diarias, todo en función de la dificultad del trabajo que te envíen que, evidentemente, nunca te avisan de lo complicado que será o no con anterioridad.

Pero aún así me siento afortunado pues con estos pequeños ingresos puedo ir pagándome mis gastos mientras acabo mis estudios sin necesidad de sablear más de la cuenta a mis padres cosa que por desgracia la mayoría de estudiantes no pueden hacer. Lo que es evidente es que con esta ocupación, que es temporal y mal pagada, uno no puede construir una vida como tampoco se podrá construir una vida con los minijobs de 400 euros que propone el indigno señor Rosell. Con un sueldo de 400 euros nadie se puede emancipar, ni plantearse crear una familia. Pero lo peor de todo es que con 400 euros nadie puede tampoco consumir y, con ello, inevitablemente tampoco se puede incentivar con ello la economía.

La argucia por la que se pretende generalizar este tipo de contratos que, repito, ya existen, es la de siempre: reclamar la necesidad de los mismos por una supuesta tendencia europea a ello. Quizá por ser algo que siempre me llamó la atención he tenido la fortuna de conocer algunos de estos minijobs en las ocasiones que he podido viajar por Europa y no, su planteamiento no es el que se propone para aquí. Allí son un mero complemento económico para jóvenes y, sobre todo, para personas mayores que así completan su pensión como taquilleros o guías de museos a media jornada, por ejemplo. El problema es que la CEOE pretende convertir una práctica concreta para unas situaciones vitales concretas en una norma que le sirva para precarizar aún más si cabe el trabajo asalariado con especial incidencia en los jóvenes. Si se permite la generalización de estos contratos estaremos abriendo la puerta a la degradación ya no solo de los salarios, sino de directamente las propias condiciones y la estabilidad laboral.

La salida de la crisis no pasa ni por la destrucción de empleo público que propone la derecha y la patronal, ni por el abaratamiento del despido ni, mucho menos, por una mayor precarización del mercado de trabajo. La salida de la crisis pasa, sobre todo, por incentivar la creación de puestos de trabajo pero en unas condiciones dignas que permitan un flujo salarial que reactive la economía a través del consumo.

Según la CEOE, poseen encuestas de parados que ven con buenos ojos los minitrabajos. ¿Quién no vería con buenos ojos percibir un salario por ínfimo e injusto que sea tras años en el paro y una familia a su cargo? El problema es que se trata de una manzana envenenada.

 

Mayoría absolutísima

Como era previsible, con las urnas abiertas y los votos bien contados, los sondeos no iban muy desencaminados y ya tenemos nuevo Gobierno. Como yo ya me he exculpado, no voy a darme golpes de pecho hoy ni lamentarme por un resultado que no por predecible hay que dejar de analizar, no tanto por la mayoría absoluta entrante, sino por la situación política que deja tras de sí, especialmente en el seno del PSOE.

Bofetadas por la izquierda

Si alguien perdió ayer fue el PSOE. Se empeñan muchos en decir en las redes sociales que perdimos todos pero no, quien perdió fue el PSOE que pasó de 169 diputados a 110, el peor resultado de su historia democrática que traducido a votos supone una pérdida de 4.315.455 apoyos. Los recortes sociales, el escore hacia la derecha y un alejamiento evidente de su propio electorado ha hecho que el PSOE pase de saborear las mieles de la era ZP con un PP descompuesto a estar recibiendo por diestra y siniestra la cura de humildad de que no se puede bailar con dos en el mismo baile y que si uno se escora a la derecha, a su izquierda no le suele gustar la prostitución de su voto y deja de votarlo.

Es evidente que los recortes seguirán, que un giro aún más a la derecha no será la solución, pero también es evidente que el electorado de izquierdas es considerablemente más crítico y no suele aceptar muy bien que con sus votos se hagan políticas de derechas. Sobre todo cuando se hacen sin explicación, sin debate previo y con una prepotencia y cinismo desmesurado.

Una reforma laboral que se ha demostrado ineficaz, impopular y, sobre todo, que nos perjudica a los trabajadores, que fue contestada con una huelga general no secundada por la mayoría de militantes del PSOE y en muchos casos incluso atacada ayudó a catalizar un descontento en el seno de la izquierda social hacia el PSOE. Los recortes en sueldos públicos, la congelación de pensiones, las subidas de tasas en las universidades, una hipócrita y sumisa política exterior más predispuesta al belicismo que al apoyo de los oprimidos y una desesperante actitud del Gobierno entre ceguera y cínica de negación de la situación, ayudaron a seguir calando en el malestar. Quizá la actitud del propio PSOE a propuestas que ahondaban en la regeneración democrática y en un mayor control ciudadano que ya existían pero que recobraron fuerza gracias al movimiento #15m también ayudó. El oponerse reiteradamente a la dación en pago que pondría fin al drama de miles de familias, la reforma pactada con PP y CIU de una reforma electoral que blindaba el bipartidismo [1][2] y que prioriza la supuesta estabilidad frente a la pluralidad y, finalmente, una reforma express de la sacrosanta Constitución Española pactada por PP y PSOE que blindaba la contención de déficit público y daba cobertura legal a los futuros recortes, fueron la gota que colmó el vaso y la paciencia de la izquierda.

¿Quién se iba a creer que un ex-Ministro que secundó todas esas medidas y rodeado de la misma gente que participó de las mismas podría hacer creer al electorado que se presentaba un nuevo proyecto desde el PSOE? Nadie y ayer se evidenció en las urnas. Zapatero consiguió pasar fugazmente del «no nos falles» al «no nos folles» porque, si bien en 2004 accedió al poder con el aval de muchísimos jóvenes, ahora somos precisamente los jóvenes lo más perjudicados por sus políticas neoliberales. Decía hace un par de meses Santesmases, ex-diputado del PSOE por Izquierda Socialista, que en el Comité Federal del PSOE nadie ponía en duda la premisa de Zapatero de que en materia económica PSOE y PP debían tener un programa similar y que sólo algunas pinceladas de tinte social debían diferenciarlos. Ese es el legado del «zapaterismo», un PSOE aún más desideologizado, más pobre, más nulo y con pocas perspectivas de recupreración.

El PSOE hoy por hoy no es un partido capaz de ser la voz de la calle en el parlamento, está deslegitimizado totalmente y ni siquiera es posible que pueda ejercer de muro de contención de la derecha en las instituciones. ¿Cómo se puede contenter los recortes que presumiblemente hará el PP cuando has sido cómplice de una reforma constitucional que le da cobertura legal para ello? ¿con qué cara puede el PSOE elevarse como paladín de lo público cuando ha privatizado y recortado todo lo que ha podido en el último año? ¿quién va a creer que el PSOE pueda defender los intereses de la clase trabajadora después de votar una reforma laboral que nos retrotrae a unas condiciones de trabajo similares a las de nuestros abuelos?

Leve recuperación de Izquierda Unida

Y digo leve porque en plena crisis global del sistema, con la mayor precarización de nuestras vidas, que nos tengamos que dar por satisfechos por conseguir 11 diputados dice bastante de lo mal que estamos en la izquierda. Es un resultado positivo, se recupera un terreno que no debió perderse nunca, pero es frustrante que no sea mucho más. Algo estaremos haciendo mal para que incluso con una debacle del PSOE que le hace perder casi 4,5 millones de votos, no seamos receptores de los mismos.

Los 11 diputados de IU son el fruto de mucho trabajo, de una campaña realmente buena y, sobre todo, de vender una imagen de honestidad. Porque sí, puede gustarnos más o menos Llamazares, pero su actitud en el Congreso es una actitud de honestidad hacia el ciudano y, supongo, por eso habrá conseguido revalidar su acta (y recuperar el diputado de IU por Asturies) entre otros con mi voto.

Hace unos días Julio Anguita hacía un llamamiento a crear un frente común contra el fascismo financiero y creo que por ahí debe pasar el futuro tanto de IU como de la izquierda política y social a partir de hoy. Por fin parece llegar algo de cordura y, nuevamente, es Anguita quien la pone. Porque, como decía al principio, si la izquierda política del estado español sólo ha podido conseguir unos 25 escaños con la que está cayendo es que algo estamos haciendo mal. Unos más que otros, pero si no estamos todos, seguiremos en las mismas. Es el momento de juntar lo diverso sumándo lo disperso y eso pasa por confluír, por unir, por sumar y, sobre todo, por ceder todos un poco. Por mi parte hay predisposición para todo ello.

Un dato curioso: Extremadura

Los adalides del voto útil pronosticaban hace unos meses el descalabro y desaparición de Izquierda Unida por no regalarle la presidencia extremeña al PSOE a cualquier precio. Dió igual que el PSOE no aceptase ninguna de las propuestas de IU para un pacto, da igual que fuese una decisión tomada por las asambleas locales en un ejemplo de coherencia y práctica democrática del que muchos podrían aprender (recordemos las no-primarias por las que salió elegido Rubalcaba). Todo eso dió igual, se recuperó el discurso de la pinza y se daba por hecho un castigo a IU por esa osadía de inclumplir lo que algunos parece que consideran el pacto no escrito de tener que regalar al PSOE siempre todo a cualquier precio.

Ayer los resultados en Extremadura fueron reveladores. Por un lado Izquierda Unida pasó de 20.606 votos en 2008 a 37.706, es decir, prácticamente dobló sus apoyos. Por otro lado el PSOE pasó de 365.752 votos en 2008 a 245.689, es decir, perdió 120.063 votos desde las últimas elecciones.

Es evidente que en Extremadura, de la que hoy nadie habla tanto como en mayo, se produjo ese descalabro que tanto amenazaban los inventores de la pinza.

Otro dato curioso: el PSOE sufre su ley electoral

Si Zapatero hubiese cumplido su promesa de reformar la ley electoral y hacerla más justa y representativa, de garantizar el principio de un ciudadano, un voto, hoy los resultados serían sustancialmente diferentes. En esta ocasión, espero que los militantes del PSOE reflexionen sobre el asunto, ya que en esta ocasión todos nos vimos perjudicados, pero ellos más, porque con un sistema más justo, el PP no obtendría mayoría absolutísima con apenas 600.000 votos nuevos.