Warning: "continue" targeting switch is equivalent to "break". Did you mean to use "continue 2"? in /homepages/11/d378706036/htdocs/david/blog/wp-content/plugins/jetpack/_inc/lib/class.media-summary.php on line 77

Warning: "continue" targeting switch is equivalent to "break". Did you mean to use "continue 2"? in /homepages/11/d378706036/htdocs/david/blog/wp-content/plugins/jetpack/_inc/lib/class.media-summary.php on line 87
Opinión – Página 3 – David Fernández

En defensa de la huelga general (para empezar)

El próximo 14 de noviembre está convocada, por fin, una huelga general simultáneamente en Grecia, Portugal y el estado español. Digo por fin porque ante los recortes, la destrucción y degradación sistemática del estado del bienestar, con ofensivas día sí y día también contra los eslabones más débiles de nuestra sociedad, es de difícil comprensión que la movilización y la protesta, al menos desde el ámbito sindical, esté a la cola de las movilizaciones sociales o de lo que gran parte de la sociedad reclama.

De todos modos una huelga, con argumentos más que fundados, debe ser secundada y apoyada, pese a no contar, como algunos creemos que debería ser, con una planificación de movilización continuada e indefinida. Vale más tarde que nunca y no seré yo el pájaro de mal agüero que con la que nos está cayendo se ponga ahora quisquilloso con los sindicatos. Por desgracia la campaña antisindical ya está tan implantada que hace que muchas de las quejas nos las tengamos que callar quienes creemos en la importancia de la lucha sindical y del papel que históricamente jugó y debe jugar el sindicalismo.

No seré yo quien haga una hagiografía de las centrales sindicales, tampoco seré yo quien me escude en todos sus males (que no son pocos) para justificar mi desmovilización, ni tampoco enarbolaré banderas de ultraizquierdismo tras las que lanzar picas contra los sindicatos. Es precisamente el discurso y la critica furibunda al sindicalismo, algo tan implantado (y en muchos casos con razón), lo que hace que estemos como estamos.

A lo largo de las próximas semanas se sucederán los ataques a los sindicatos, a los sindicalistas y al derecho a la huelga. Probablemente el discurso más extendido será el de los sueldazos de los sindicalistas, de sus inmuebles y de sus comidas. Se les olvidará decir que sindicalistas son también quienes hacen labor sindical en su puesto de trabajo o que también lo son Cándido Carnero de la CSI o Sánchez Gordillo del SAT, a quienes no se les puede precisamente acusar de vivir del sindicato.

No se trataba del bienestar del trabajador, sino del sostenimiento de un andamiaje que gravitaba sobre las espaldas de la clase obrera. La lucha de clases no era un medio, sino un fin o con finalidad en si misma, a saber: la de mantener en el candelero a unos cuantos resentidos o vividores, de temperamento y gustos burgueses, aunque continuamente renegasen de la burguesía. (La Nueva España, 4 de febrero de 1937)

Se intentará buscar la división en los puestos de trabajo, se dirá que los delegados y los comités de empresa son unos vividores, que los auténticos currantes van a trabajar porque no están para perder un día de sueldo como esos que no piensan en los trabajadores, solo en ellos mismos y sus intereses.

Enchufados estos dirigentes en sus cargos de oficina, se hacían bien presto a la vida burguesa, marxista por excelencia, y en su interior despreciaban profundamente a los trabajadores, cuyas reivindicaciones aparentemente propugnaban. La masa obrera era para ellos simple escabel en orden a escalar puestos: escabel al cual se le da después el más gentil punterazo, como a cosa que no sirve sino de estorbo. El obrerismo de que blasonaban era mero andamiaje para alzar el edificio de sus ambiciones archiburguesas; su vida toda, ficción y parasitismo. (La Nueva España, 9 enero de 1937)

Y no olvidemos tampoco que la principal queja será de la falta de patriotismo, la deslealtad, el optar por el camino que ellos consideran fácil de la huelga, en lugar de arrimar el hombro para salir juntos de la crisis e incluso se nos acusará de hacerle el juego al soberanismo.

Pero ha llegado el momento no de elegir, sino de obedecer. La salud de la Patria así lo exige. Obedezcan, pues, los obreros honrados que quieran contribuir de buena fe a edificar la Nueva España, la España una, grande, y libre que todos los buenos españoles anhelamos. (La Nueva España, 15 de enero 1937)

Nota: evidentemente recojo extractos de 1937, pero os apuesto algo a que en semanas venideras, lo dicho en esos extractos se podrá leer en la prensa de 2012.

El gallego que quería ser como Nixon

El 3 de noviembre de 1969, Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica por aquel entonces, pronunció uno de los más célebres discursos de la retórica política y que pasaría a conocerse como «La gran mayoría silenciosa». En dicho discurso pretendía explicar sus planes para acabar con la guerra de Vietnam y buscaba el apoyo de lo que él definía como la «mayoría silenciosa», que no era otra cosa que los norteamericanos que, según su lógica, conformaban una mayoría al no formar parte de los multitudinarios eventos y protestas que se extendían por todo el país en contra de una guerra en la que nadie creía. Decía Nixon:

«Por lo tanto, a vosotros, a la gran mayoría silenciosa de mis conciudadanos, pido vuestro apoyo. Juré en mi campaña presidencial acabar con esta guerra, de manera que pudiese ganar la paz. He iniciado un plan de acción el cual me permitirá mantener ese juramento. Cuanto mayor apoyo pueda tener de los ciudadanos Americanos, más pronto este juramento podrá ser cumplido. Cuanto más divididos estemos en casa, menos probable es que el enemigo negocie en París.»

Si la sociedad se revuelve, si la hostilidad crece, lo mejor sin duda es aferrarse a decir que sólo unos pocos se oponen a tus ideas. Cuando esos pocos son miles, cientos de miles o millones, siempre quedará el juego de decir que muchos más millones están en sus casas. Es un juego de trileros políticos al que estamos muy acostumbrados y que lo ha contaminado todo. Cuando una huelga paraliza el 80% de un país y mueve manifestaciones masivas, siempre será más sencillo decir que los que fueron a la huelga lo hicieron coaccionados y que los manifestantes son una minoría, pues una mayoría no está en dicha manifestación.

Este simplismo político, esta facilidad para hacer piruetas políticas, es digna de personajes cuya prepotencia les ciega. Y, como siempre que a este lado de los Pirineos hablamos de prepotencia y simplismo político, no podía faltar en esta narración nuestro querido presidente.

El bueno de Mariano se puso el mundo por montera hoy y ni corto ni perezoso, no tuvo rubor alguno en evidenciar su simplismo político delante del mundo entero en la ONU. Dicen que las cosas mejor hacerlas bien que no hacerlas, y ya de hacer el ridículo, que sea como Dios manda:

«Permítanme que haga aquí en Nueva York un reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa y que no abren los telediarios. No se les ven, pero están ahí, son la mayoría de los 47 millones de personas que viven en España. Esa inmensa mayoría está trabajando, el que puede, dando lo mejor de sí para lograr ese objetivo nacional que nos compete a todos, que es salir de esta crisis”

Nuestro Mariano quiso jugar a ser mayor, quiso que el mundo entero viese que él era un estadista de alto calibre, de esos que negocian en grandes cumbres el futuro de naciones enteras y que con sus discursos, respetables o no, pasan a la historia. Pero lo que Mariano consiguió no fue eso, sino aparecer como una quimera patética, como el transformista mal maquillado de un ajado cabaret.

Quiso nuestro presidente, en un burdo intento por emular a un más que probable ídolo de su juventud, jugar a ser Nixon, y no lo consiguió. Como decía Karl Marx en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte:

«Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa

Nuestro Mariano es una farsa como farsa fue su programa electoral y como farsa es su promesa de querer salir de la crisis. Mariano es un pelele, un pinocho que quiere ser grande y que no duda en buscar un suicidio colectivo y en destripar un Estado entero para servirselo en bandeja a sus amigos los mercados. Esperemos que el clima de respuesta social se convierta pronto en su Vietnam, por nuestra supervivencia y por su ego.

Se apaga una voz

Aunque no lo parezca, en estos tiempos, las noticias que a uno le interesan no son tanto la prima de riesgo, la geopolítica de Oriente Medio o el nuevo caso de corrupción destapado a cientos de kilómetros de tu casa. Lo que a uno le interesa, lo que uno primero lee, es lo que ocurre al lado de su casa, en su municipio o dos municipios más allá.

Siempre defendí la necesidad, ahora que la tecnología lo permite, de que se impulsasen los medios digitales de proximidad porque los medios de comunicación tradicionales, por motivos obvios, no pueden dar espacio a todas las noticias. Cuando hace ya un tiempo apareció «La Voz del Bajo Nalón» me encantó, me puse muy contento de que alguien compartiese conmigo la necesidad de dotar de medios de información que, aunque modestos, nos acercasen las noticias de nuestro entorno de una manera directa y no solo que compartiese esa necesidad, sino que tuviese la valentía que otros, viendo esa carencia, no teníamos.

A lo largo de todo este tiempo pude leer y oír muchas críticas hacia ese medio digital (aunque siempre más los elogios), la mayoría de ellas a mi juicio injustas. Se le acusaba, sobre todo, de no poner con nombres y apellidos quién gestionaba la página y eso quizá es para mí el mayor valor, porque realmente es lo que la gente quería, una excusa, un nombre sobre el que cargar y acusar de partidismo o de amiguismo a unos u otros. El hombre es un lobo para el hombre.

Para mí siempre demostró respeto, compartiendo las noticias con su respectiva fuente y ayudándonos a estar más al tanto de nuestra comarca. Siempre hubo espacio para todos aquellos que quisieron participar y eso en los tiempos que corren no es cosa fácil. Desde las fiestas de toda la comarca, hasta los comunicados y opiniones de todo aquel partido político, asociación o colectivo que tenía algo que decir y quería compartirlo. En el caso de Izquierda Unida, donde milito, el trato que se nos dió siempre fue exquisito, haciéndose eco de todo lo que les hicimos llegar y consideraban que podía tener interés y haciéndose eco también de las réplicas que otros nos hacían. En ese sentido, no podemos sino agradecer el respeto mostrado y el buen trato recibido siempre.

Por desgracia, esta voz que era de todos, se apagará seguramente a finales de este mes, llevándose consigo ese pequeño espacio de internet que cada día nos recolectaba de manera desinteresada y con mimo todo lo que sucedía en nuestro entorno. Algunos se alegran, mejor relegar Pravia a un cuadrín esporádico en algún medio de índole autonómico a consentir un medio modesto donde todo el mundo tenía cabida.

¡IVA España!

Todo eran risas: que si el verano, que si unas cañas aquí, que si picamos algo en la terraza… pero al final llegó septiembre  y con él la subida del IVA y la caída de España un par de escalones más hacia el subdesarrollo.

Desde hoy, la práctica totalidad de los bienes de consumo se gravarán con un 21% de IVA, exceptuando, claro está, los bienes de lujo, no vaya a ser que entre el estrés de salvar bancos con dinero público y de desalojar a familias, el caviar les vaya a sentar mal a banqueros y politicastros de guante blanco a su merced. En una situación como la actual, con más de 5 millones de desempleados, con familias en la calle y con miles de hogares donde no se percibe ningún tipo de ingreso, lo normal y lógico para reactivar la economía es elevar los precios, parecéis tontos.

Todos nos tenemos que apretar el cinturón y ser solidarios, no somos conscientes de que incluso diputados del PP que perciben 5.000 euros de sueldo las pasan canutas para sobrevivir. A mí, en un alarde de patriotismo, me alegra que ahora pase de tener un 15% de retención del IRPF a un 21%, ¿para qué quiero el dinero si con ello puedo salvar España? Si tengo que dejar de pagar el alquiler y volver a casa con mis padres, pues se hace, que no se diga que no hacemos sacrificios por salir de la crisis.

Mi fervor patriotico llega a tales cotas que invito a los otros 909.999 ciudadanos del reino de España que hoy se quedan sin cobertura sanitaria a que se unan a mí, que defiendan España y no se dejen sucumbir. ¿Qué es eso de la sanidad universal? Eso es cosa de cubanos y comunistas, nosotros somos libres, demócratas, nosotros podemos comprarnos un Audi si queremos. Bueno, quizá no tengamos dinero para comprarlo, pero tenemos la libertad de comprarlo, que a fin de cuentas es lo que importa. Libertad de comprar es libertad, la igualdad es solo cosa de progres y perroflautas.

Todo son risas… hasta que te das cuenta de que ésta es la puta realidad que nos toca vivir, de que hay miles de personas que a diario rebuscan en los contenedores de nuestras calles para comer y de que más de un 20% de la población se encuentra ya bajo el umbral de la pobreza y en riesgo de exclusión social. Cuando ves que una panda de hijos de la gran puta que priman los intereses de unos pocos sobre los de la mayoría, que carecen de la más mínima empatía social y humanidad para eliminar de un plumazo algo tan básico como el derecho a una cobertura sanitaria universal o para elevar impuestos sobre bienes de consumo y de primera necesidad, te das cuenta de que quizá estamos aún más cerca del abismo de lo que pensábamos. Quizá llegue el momento de romper la baraja, de cambiar el miedo de bando y de la rebeldía inunde las calles. El patriotismo no es una bandera, ni una selección, ni una nación. El patriotismo es estar con los tuyos, con los que sufren, con los eslabones más débiles de la sociedad, es estar con la mayoría silenciosa que sufre por la avaricia y usura de unos pocos. Pero pobres de esos pocos el día que los que menos tienen, por no tener, ya no tengan ni miedo.

La Troika y el desmantelamiento de las entidades locales

En estos tiempos, ninguna decisión política es casual, ni nada es tan inevitable como se pretende. Llevamos cuatro años de cosas «inevitables», de sacrificios constantes sobre la mayoría, de recortes y de una paulatina destrucción y degradación de los servicios públicos y de las relaciones capital-trabajo. El desmantelamiento del Estado del Bienestar y la puesta en práctica de todo el corpus dogmático del neoliberalismo y la escuela de Chicago, están aprovechando la coyuntura de una crisis sistémica global para crear laboratorios donde poner en práctica sus teorías.

Ante este panorama no es raro pensar que tras las cuestiones meramente económicas y la mercantilización sistemática de todo lo susceptible de ser transformado en negocio de unos pocos (aunque conlleve negar su acceso a la mayoría), el siguiente paso será prolongar una degradación democrática que bajo la excusa de la austeridad y los eufemismos de los ajustes, mermen la soberanía de los pueblos y el sistema democrático actual.

En el estado español hemos sido testigos de estos ataques sistemáticos a la soberanía que han venido supuestamente inducidos por la Troika (BCE, FMI y Comisión Europea), asumidos con pragmatismo papanatas por unos y con entusiasmo neoliberal por otros. Los unos, siempre sumisos a los poderes financieros y los otros muy contentos de poder poner en práctica sus teorías económicas ocultas y bien estudiadas por sus think tanks.

Hace un año se aprobó una reforma constitucional express, pactada por los dos grandes partidos que apuntalan el bipartidismo, por la que se elevaba la contención de déficit al grado de ley y abría las puertas de par en par a la intervención de los poderes económicos sobre el poder político (sí, aún podían intervenir más si cabe). Recortes de unos, recortes de otros, fueron fraguando una situación de ofensiva multidimensional en todos los flancos de la sociedad que desbordó la propia contestación social. Llegaba la hora de amordazar las instituciones.

En Portugal, donde la troika también cabalga a sus anchas y donde también los dos grandes partidos que apuntalan su sistema colaboran fervientemente con ella, van mostrandonos el camino de la política oculta de nuestro gobierno. Punto por punto en España se van tomando las mismas medidas que meses antes fueron tomadas en el país vecino y hermano, entre ellas, la oleada de antimunicipalismo.

El gobierno portugués puso hace meses sobre la mesa una ley que pretende eliminar las freguesias, el equivalente luso a nuestras parroquias rurales y concejos, que dió lugar a un movimiento cívico en defensa de las mismas agrupado en la Plataforma Nacional contra a extinção de freguesias. Los argumentos esgrimidos por el gobierno portugués fueron exactamente los mismos que los empleados por el de Mariano Rajoy: que las entidades locales son ineficientes, que se pretende ahorrar costes, que se busca reorganizar para dar mejor servicio.

Lo que es evidente es que nada es casual y que estas medidas tienen una intencionalidad política clara, una revancha de antimunicipalismo que apuntale las mayorías de los partidos turnistas, dificultando la entrada en las corporaciones locales de listas minoritarias o de corte alternativo. Bajo la excusa de un ahorro en sueldos a concejales (cuando más del 90% de los concejales no cobran), se pretende dejar fuera a cualquier opción política que no esté controlada por cúpulas estatales afines a los intereses finacieros de la Troika.

La eliminación de nuestras parroquias rurales, las entidades de gestión más cercanas a los ciudadanos, que producen superávit año a año y que son el eslabón fundamental de miles de ciudadanos con la política, es un intento de fiscalizar el entorno rural, de acaparar sus recursos y provocará mayor abandono al hacerlos depender de núcleos mayores. La eliminación de concejales restará pluralidad y restará eficiencia en los ayuntamientos.

Quizá, la solución, debería pasar por la búsqueda de una confluencia en las luchas de los pueblos que hoy por hoy en Europa se ven amenazados por el rodillo neoliberal. Los ataques de los mercados y poderes financieros no entienden de banderas y tienen un plan marcado muy estudiado. De nosotros depende confluir o rendirnos.

Al final los locos teníamos razón

Hace 7 años, en 2005, se aprobó por referendum la firma de la Constitución Europea. Un referéndum que fue secuestrado por el efecto ZP y se intentó hacer de él una especie de segunda vuelta que ratificara la victoria de Zapatero puesta en duda desde la derecha mediática con teorías conspiranoicas en torno a los atentados del 11m en Madrid.

Por aquel entonces yo manifesté siempre públicamente mi oposición al tratado e hice campaña activa por el NO. Un amigo de las Juventudes Socialistas se extrañaba y me preguntaba «¿pero de verdad tú te crees esas cosas de la Europa del capital y de la guerra que dicen los comunistas?». Esta pregunta, con un tono peyorativo hacia «los comunistas» que no eran más que todas las formaciones a la izquierda del PSOE fuesen comunistas o no, hacía referencia a un slogan que la izquierda utilizaba en la campaña para condensar que se rechazaba dicha constitución porque solamente beneficiaba los poderes financieros y una política exterior agresiva con el mundo. Mi amigo me trató de loco, de antieuropeo, poco faltó incluso para calificarnos a quienes defendíamos desde la izquierda el no, de ser iguales que la derecha ultranacionalista.

Siete años después de aquella conversación que me quedó marcada, vuelvo a pensar en aquella oportunidad perdida de que la izquierda hubiese conseguido tumbar un tratado constitucional que solo beneficiaba al capital y se hubiese podido presionar por una constitución social, por una Europa de los ciudadanos. Con las consecuencias de la gran estafa de la crisis, asolando países y arrebatando la soberanía nacional a los pueblos de Europa, solo me queda recordar que se les avisó pero, como siempre, se nos trató de locos hasta que el rodillo del capitalismo feroz arrasó media Europa con el amparo de una UE que viaja a diferentes velocidades y en la que los pueblos de Europa son lo que menos importa.

Algo similar ocurrió en diciembre de 2010 cuando el Consejo de Ministros encabezado por Zapatero aprobó las privatizaciones parciales de Loterías y Apuestas del Estado y de AENA (Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea). En respuesta a dicha amenaza de privatización, los trabajadores de AENA se pusieron en huelga y paralizaron por completo los aeropuertos de España, dando solamente servicio a los vuelos de tipo médico. En aquella ocasión el ministro José Blanco decidió acabar con un conflicto que él mismo había generado militarizando el espacio aéreo. Por primera vez en la democracia se utilizaba al ejército para acabar con un conflicto laboral y en defensa de lo público. Por aquel entonces toda la prensa azuzaba contra los controladores, todo el mundo reclamaba como un derecho el poder irse de vacaciones a Punta Cana y nadie se planteaba, nadie pensaba siquiera, en que la protesta iba dirigida contra la privatización de los aeropuertos españoles, que se estaba defendiendo un patrimonio público que generaba riqueza y que el PSOE había decidido privatizar.

En aquel entonces también fue difícil explicarlo, también se nos trató a quienes desde la izquierda defendíamos la huelga de irresponsables, de  antipatriotas y de alarmistas. Se nos decía que con aquella privatización se mejoraría el servicio y no se perderían empleos. Hoy nos encontramos en la prensa que AENA ya se plantea reducir el 65% de su plantilla en 10 aeropuertos, unos 1000 de los 9000 de que dispone en total. Una vez más, se avisó, pero se nos trató de locos e irresponsables y hoy observamos cómo se desmantela poco a poco la estructura de aeropuertos públicos de España.

Unos meses después, en agosto de 2011, cuando el PSOE daba sus últimos coletazos en el Gobierno, se propició lo que muchos llamamos un golpe constitucional cuando el PSOE y el PP pactaron una reforma express de la Constitución que establecía por ley un límite del techo de déficit público en España. Muchos nos indignamos, muchos salimos a la calle y muchos alzamos la voz advirtiéndo de que dicha reforma abría las puertas de par en par a los recortes y las privatizaciones. Desde el PSOE se nos trató de locos, se nos atacó, se negó que se fuera a recortar nada y, lo que es peor, se trató de tonto a todo un país haciéndole creer que no tenía un fundamento ideológico, sino obligatorio.

Una vez más los locos, los utópicos, teníamos razón y hoy vemos cómo semana tras semana se destruye, se recorta, se ataca a lo público y se privatiza. Ahora, como entonces, muchos nos seguimos oponiendo a la destrucción sistemática de los servicios públicos, de los derechos y, en definitiva, de las personas. Evidentemente no todo el mundo puede decir lo mismo y quien privatizó, quien subió impuestos, quien recortó, no puede enarbolar ahora la defensa de lo público. Ante nosotros están los dos verdugos del estado del bienestar, el PSOE y el PP. Uno ideológicamente consciente y otro pragmáticamente obediente. Culpables los dos recorten o privaticen a velocidades diferentes. Tras dos reformas laborales del mismo color pero diferente tonalidad que se han demostrado inútiles y un atentado contra los trabajadores, queda claro que tras el golpe constitucional no queda espacio para el diálogo con quienes perpetúan el mismo sistema y buscan métodos de blindaje mutuos.

En nuestras manos está ser capaces de dar respuesta a esta crisis y proyectar un modelo alternativo no solo de salida a la misma, sino para la construcción misma de otro modelo social. Con el sistema en pleno colapso y una fractura social que pone en peligro la mera supervivencia de miles de personas es de vital urgencia la construcción de una alternativa sólida que señale con el dedo quiénes son los culpables y los cómplices de esta crisis, de no perdonar a los tontos útiles que se dejaron utilizar para imponer un modelo insostenible desde supuestas posiciones de izquierdas y de conseguir, como decía la última campaña de IU, que el miedo cambie de bando. En nuestra agenda debe estar, como primer punto, la confluencia de todos los conflictos sociales y la canalización de los mismos con el proposito de conquistar una nueva hegemonía que nos permita crear un nuevo modelo social.

Una reforma electoral por la puerta de atrás

Hoy ha sido un día de golpes: golpes a los mineros y manifestantes en Madrid -incluídos niños-, golpes de la especulación y, sobre todo, el gran golpe a lo público anunciado por el Gobierno con el que se ataca, sobre todo, a los desempleados, funcionarios y pensionistas y se asemeja a las medidas de recorte dictadas en países intervenidos como Grecia o Portugal mediante las que se pretende dar un hachazo que recorte 65.000 millones de euros en dos años.

Pero hay una medida que quizá sea la que pase más desapercibida y no por ello es menos importante que es la que anuncia un recorte del 30% de los cargos políticos en los ayuntamientos. Esta medida es, simple y llanamente, demagogia y populismo que se aprovecha de una desazón generalizada de los ciudadanos hacia los políticos profesionales. Quizá el discurso transversal en ocasiones de colectivos como Democracia Real Ya o el 15M que no siempre han concretado del todo sus denuncias aunque casi siempre sean acertadas a mi juicio, ha provocado que exista entre la sociedad un descontento generalizado y sin ningún tipo de cribado hacia los políticos como ente abstracto. Se fomentó durante mucho tiempo que el problema de España era el excesivo número de políticos, un problema cuantitativo, cuando en realidad en problema no es la cantidad, sino la calidad y se intentó, en una suerte de mesianismo, hacer creer a quienes buscaban una respuesta fácil a la situación actual de nuestro sistema que la culpa era de los políticos, en general, sin matices ni más argumentaciones.

Evidentemente en España hay ayuntamientos que son un sumidero de dinero público, que malgastan, que confunden sus prioridades y, en algunos casos, que incurren en delitos con dinero público. La corrupción es una lacra profusamente diseminada entre los dos grandes partidos políticos que se turnan en el Poder y quizá por ello no se ha intentado nunca de manera eficiente perseguir y erradicar la corrupción, como tampoco se ha hecho nada por acabar con los privilegios de la Iglesia o por una efectiva lucha contra el fraude fiscal.

El problema, como decía antes, no está en la cantidad de políticos, sino en la calidad de los mismos y, sobre todo, en la conciencia de lo público que tengan. El Partido Popular se envuelve ahora en la bandera de la austeridad, del gasto eficiente de los dineros y de recortar y exigir sacrificios a los ciudadanos para salir de esta crisis que no es sino consecuencia del festín de unos pocos a los que encima se les rescata con el dinero de todos. Mientras nos exigen sacrificios, que nos repaguemos la sanidad, que hacinemos a nuestros estudiantes en clases saturadas, que ataquemos a los sindicatos por no arrimar el hombro en la destrucción del estado del bienestar, mientras todo eso ocurre, ellos, los austeros, gastan los dineros que no tenemos en promocionar la tauromaquia, en Fórmula 1 o en desviar tales cantidades de millones de euros para salvarles el culo a los causantes de esta catástrofe en la que nos encontramos que ni sabría siquiera cuantificarlo en pesetas.

Pues parece que ahora se dan las circunstancias perfectas, un cierto malestar de unos que quieren soluciones fáciles y un gobierno que busca saturar con recortes para que solo nos quedemos con la superficie desemboca en esto, en que de repente la solución para recortar el gasto es eliminar un 30% de concejales en España. Es curiosa esta medida cuando hay que tener en cuenta que en la inmensa mayoría de los ayuntamientos pequeños y medianos los concejales no cobran ni reciben ningún tipo de remuneración por su labor. También hay que tener en cuenta que en los casos en los que se cobra el problema no es por el número de concejales, sino por el partido que gobierna.

En mi caso, en el Ayuntamiento de Pravia, hay dos personas que perciben un sueldo por ejercer sus labores políticas: el alcalde y un concejal con una liberación completa. Personalmente opino que sus remuneraciones son excesivas, incluso diría que son obscenas para los tiempos que corren y, en el caso del concejal liberado, dudo de la necesidad de una dedicación exclusiva. Es mi opinión, evidentemente en el partido que gobierna creerán que los 4000 y pico euros mensuales que salen del Ayuntamiento para esos dos sueldos son más que justificadas, es su opinión y yo la respeto aunque no la comparta porque, como dije anteriormente, el problema de los ayuntamientos con los concejales no es un problema cuantitativo sino cualitativo y que depende de la ética de lo público que tengan los partidos gobernantes y no del número de concejales que componen el pleno.

Lo que sí está claro es que una reducción del número de actas reduce considerablemente la democracia porque facilita las mayorías absolutas del partido hegemónico, dificulta la representatividad de las diferentes opciones que le disputen el poder y ataca la posibilidad de entrada de formaciones diferentes al elevarse el ratio. Y esto no lo digo solamente por ser militante de una organización que por un puñado de votos está fuera del Ayuntamiento, lo digo por una mera cuestión de higiene democrática y porque la política de un municipio debe ser la representación de su composición social e ideológica y en la pluralidad y diversidad está la calidad democrática de un pueblo.

Para más datos sobre este asunto, hay un excelente análisis en el siempre recomendable blog «Fueya en blanco».

 

Diez mentiras (o medias verdades) sobre la privatización del agua

Desde el pasado 30 de marzo en el que por la prensa nos enterábamos del plan de ajustes recortes que tenía previsto nuestro Ayuntamiento, una de las cosas que más dudas y más rechazo ha generado ha sido el proyecto de privatización del servicio de aguas. Como suele pasar con estas cuestiones, la información «oficial» de nuestro municipio se desconoce fuera del equipo de gobierno y se juega con la confusión para intentar neutralizar cualquier tipo de respuesta social a esta medida que presumiblemente será aprobada en el plazo más breve posible para no dar espacio, ni tiempo a movilizaciones incómodas o a que el descontento se extienda aún más.

Es por este motivo, ya que empiezan a mostrarse algunas cartas, que yo quiero dar una serie de motivos por los que creo que hay que oponerse a la privatización del agua. Ahí van:

  • Mentira 1: «La empresa privada es más eficiente que la pública». La empresa privada solamente busca aumentar sus beneficios, la gestión pública puede utilizar sus beneficios para redundar en una mejora del servicio de abastecimiento y a un compromiso social con la ciudadanía. Los beneficios que genera el suministro de agua repercuten en las arcas municipales, que reciben así una inyección de capital constante que puede ayudar a aliviar el día a día de los ayuntamientos en estos tiempos de crisis. El dogma de la ineficiencia de la gestión pública del agua es fácilmente contrastable si uno mira hacia la Empresa Municipal de Aguas (EMA) de Gijón, la más rentable con diferencia de todas las empresas públicas del municipio, que cerró el año 2011 con casi 1,2 millones de euros en beneficios pese a perder un 2,5% de consumos. En Suiza, donde el agua es un monopolio de caracter público, se cuenta con las empresas públicas de gestión del agua más eficientes del mundo, organizadas en pequeñas empresas de ámbito local o regional, que facilitan una mejor gestión y mayor calidad.
  • Mentira 2: «No se privatiza, sigue siendo pública, pero la gestiona una empresa». El eufemismo de la externalización de un servicio es muy recurrente en las últimas décadas y pretende enterrar palabras políticamente mal vistas como «privatizar». La gestión privada de un servicio público es, básicamente, que unas instalaciones sociales se ponen al servicio de unos intereses privados que no son más que el simple aumento de beneficios para una empresa. Que uno construya un hospital con dinero público y luego ceda la gestión del mismo a una empresa privada es tan privatización como tener una red de suministro y saneamiento de aguas y que sea una empresa privada quien se lleve los beneficios. Margaret Tatcher, la dama de hierro, llegó a privatizar hasta las tuberías del Reino Unido y Augusto Pinochet simplemente privatizó la gestión dejando el sistema en propiedad del Estado. Ambos modelos, con diferente grado, siguen siendo privatizaciones porque privatizan los beneficios y recaudaciones del servicio mediante el uso de instalaciones públicas.
  • Mentira 3: «La privatización mejorará la calidad del agua. ¡Cuando llueve se enturbiece!». La experiencia de otros municipios con agua privatizada nos demuestran que una gestión privada no mejora en absoluto la calidad del suministro, sino todo lo contrario. El agua de Pravia se encontraba en 2008 entre las aguas más limpias de Asturias sin presencia de componentes nocivos o que pudiesen desembocar en enfermedades por su consumo. La motivación de que el agua cuando llueve se vuelva turbia no se debe ni a la calidad del agua en si misma, ni tan siquiera al sistema y red de abastecimiento, sino al propio manantial del que se nutre en Vegafriosa que al ser de tipo cavernoso, provoca que se produzcan filtraciones. De todos modos, municipios con gestión privada que se nutren de manantiales naturales de las mismas características que este sufren el mismo problema, con la salvedad de que la subsanación del problema, así como de las averías de la red, suelen tardar mucho más tiempo al no verse dichas empresas tuteladas por un control de los ciudadanos que, a diferencia de los gestores públicos, no tienen miedo a la opinión pública ni a los votos.
  • Mentira 4: «No van a subir las tarifas del agua». Si hay una mentira que se sostenga menos de todas es ésta y basta solamente mirar a otros municipios asturianos o de otros lugares de España donde se privatizó el servicio. Las subidas, mayores o menores, son evidentes, ya que una empresa privada prima el aumento de beneficios y, es evidente, que hará una subida de tarifas que le deje un mayor margen de ganancia. A diferencia de esto la gestión pública busca el equilibrio coste-eficiencia ya que su obligación es suministrar agua de calidad sin perder dinero, por lo que no necesita un margen de beneficios mayor que simplemente evitar producir pérdidas. En otros municipios y, recientemente en Madrid tras la privatización del Canal de Isabel II, las tarifas pueden llegar a subir hasta un 20%, un disparate que en tiempos de crisis no se puede permitir cuando encima dicho margen no va a repercutir en una finalidad social para las pravianas y pravianos, sino que irá a los bolsillos de una empresa privada.
  • Mentira 5: «El servicio de Pravia es malo y las instalaciones precarias. Nos merecemos algo mejor». El servicio de aguas de Pravia no es en absoluto malo y basta ver los análisis realizados tanto por la Universidad como por el servicio de calidad de aguas del Principado. Si el servicio fuese malo habría sido malo desde el año 2003, en el que entró el equipo de gobierno actual, y no se han tomado medidas desde entonces por mejorar dicho servicio hasta que la crisis y un agujero económico de las arcas municipales han llevado a presentar el agua de Pravia como algo parecido a un nido de enfermedades. Evidentemente, como todo servicio con años de funcionamiento, debe ser mejorado para conseguir una mayor eficiencia del servicio, pero eso debe ser responsabilidad de las instituciones públicas. Supongo que si hay dinero del Principado para hacer pistas de padel en Pravia, también se podría pedir dinero para la construcción de unos filtros en Vegafriosa que eviten que el agua se vuelva turbia cuando llueve.
  • Mentira 6: «Los trabajadores del agua serán contratados por la nueva empresa». Las dos empresas que gestionan el 90% de los municipios que tienen privatizada su agua, Aqualia y FCC, no se caracterizan precisamente por su mimo a los trabajadores ni por mantener en el tiempo a los trabajadores que son absorbidos de la anterior gestión pública. De hecho tan siquiera son respetuosas con sus condiciones laborales o con la libertad sindical, como no hace mucho hemos visto en Langreo.
  • Mentira 7: «El Ayuntamiento no se quedará sin recursos porque no se cobrará todo ahora». Esta afirmación no es mentira, es simplemente una media verdad. Efectivamente parece ser que no se cobrará todo el montante de la cesión del agua ahora, pero sí se reconoce desde el Ayuntamiento que será una parte muy importante. Teniendo en cuenta que la gestión es a 25 años, cobrando ahora aunque solo sea un tercio, se hipoteca y dificulta cualquier gestión futura municipal, sea quien sea el equipo de gobierno y tenga el color que tenga. Como decía mi abuela, «el montón que se quita y nun se pon, se descompón», así que si a una deuda de la magnitud de la que tiene el Ayuntamiento sumamos que eliminaremos o reduciremos sensiblemente una fuente de ingresos como el agua, las consecuencias pueden ser aun peores para la economía municipal del próximo cuarto de siglo y es una irresponsabilidad dejar una hipoteca de tal cuantía.
  • Mentira 8: «La gestión privada es respetuosa con el entorno». La gestión por una empresa privada nunca será respetuosa con el entorno porque no le interesa el entorno, solo la cifra de beneficios. A dichas empresas no les preocupará destruir o producir perjuicios a zonas naturales para hacer sus instalaciones. Pero lo que es más grave, una empresa privada de agua, no tendrá la más mínima conciencia social y ecológica y no fomentará jamás un uso responsable del agua ya que su interés es el mero gasto de agua, cuanto mayor mejor, para así facturar mucho más. Una gestión pública, por presión social del ciudadano, será más respetuosa a la hora de realizar obras en sus instalaciones o a la hora de trazar nuevos circuitos de saneamiento y distribución, además de tener un mínimo de conciencia ecológica ya que el aumento de beneficios por los beneficios no es su finalidad.
  • Mentira 9: «¿Qué hay de malo en privatizar si vamos a recibir dinero por ello?». La directiva marco europea, la legislación de la UE en materia de suministro y saneamiento del agua, establece que el agua no puede ser un bien comercial como el resto. También la ONU dictamina que el abastecimiento y saneamiento del agua es un derecho humano fundamental. Todos los organismos internacionales coinciden en que el agua no debe transformarse en una mercancía y que se debe garantizar desde las administraciones públicas su suministro adecuado y su saneamiento. Entregar algo que es considerado un derecho humano, un bien imprescindible para la vida humana, a una empresa privada, es poner en riesgo la independencia de un recurso, su acceso universalizado y es otorgarle un caracter privativo, sometido a las fluctuaciones de la perspectiva empresarial y carente de toda empatía o compromiso social.
  • Mentira 10: «El agua no produce beneficios, es deficitaria». Según un estudio de la Asociación Española de Abastecimiento y Saneamiento (AEAS), en 2002 se produjeron en el sector público del agua unos beneficios de 3.000 millones de euros con una tasa de crecimiento anual del 4,7%. El agua -el último monopolio público del estado tras las liberalizaciones de suelo, telefonía, transportes y combustibles- es a día de hoy uno de los mercados emergentes junto a la gestión sanitaria y que genera ingentes cantidades de beneficios anuales. Si no fuese beneficioso, las empresas no pelearían tanto por conseguir concesiones de un servicio básico y que todos estamos obligados a tener.

Por estos diez motivos, por ética y cohernecia con lo que pienso, creo que es vital movilizarse contra la privatización del agua en Pravia y por ello voy a apoyar a la Plataforma ciudadana contra la Privatización del Agua y a asistir a la asamblea abierta que convocan para el próximo viernes 15 a las 20h a la sala de usos múltiples de la Biblioteca de Pravia. Creo que, como pravianos, debemos apoyar este movimiento y defender lo público, lo de todos, independientemente de siglas y colores. Confio en la responsabilidad de las pravianas y pravianos para saber estar a la altura de algo que hipotecará tanto el futuro de nuestro municipio y no se dejen cegar por sectarismos y dogmas partidistas.

La salud, en venta (segunda parte)

El pasado 24 de abril se publicó en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto-Ley 16/2012 aprobado el 20 de abril «de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones». Con esta nueva normativa se pretende extender al ámbito sanitario la concepción dominante de recorte en nombre del déficit bajo la excusa de garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario. El polémico decreto establece, entre otras cosas, el re-pago sanitario a pensionistas o la eliminación de cobertura sanitaria a inmigrantes o a jóvenes mayores de 26 años sin cotización.

Según toda la mitología eficientemente construida y difundida por el neoliberalismo que salpica, en mayor o menos medida, a los dos grandes partidos de ámbito estatal y a algunos de ámbito autonómico, el sistema sanitario español es insostenible y necesita de una urgente revisión que permita introducir las recetas de ajuste o, como ellos lo suelen definir, una reorganización de los recursos públicos. Los recortes, que es lo que son en definitiva, son la punta del iceberg de una estrategia muy bien elaborada por los poderes económicos con el único fin de desguazar lo suficiente del sistema público sanitario para que las clases medias se sientan incómodas y se lancen a los brazos de la sanidad privada, convirtiendo de este modo el sistema de asistencia sanitaria público en una suerte de ente caritativo, de bajo nivel, de bajos recursos y socialmente poco apreciado.

Se le olvida a la derecha de que en España cada vez hay más pobres y que los pobres son cada vez más pobres. Se le olvida a la derecha -y a parte del centro- que quienes hoy copan los servicios de caridad son los que ayer ellos convencieron de ser clases medias: los trabajadores de la construcción, los autónomos, los obreros fabriles o el sector servicios.

Los genéricos: no es oro todo lo que reluce

Se impone poco a poco la idea de que la solución pasa por la introducción masiva de los medicamentos genéricos en los hospitales hasta el punto de que se está creando entre la opinión pública un discurso contra los laboratorios farmacéuticos, un concepto etéreo y poco definido, que esconde un caramelo envenenado.

Un medicamento genérico es un avance como medida de presión ya que añade competencia en el mercado y sirve de dinamizador de la política de precios, obligando a los laboratorios a reducir el precio de sus productos con marca comercial para poder competir con el genérico. El problema es que se nos olvida que los genéricos no nacen de los árboles, que tras ellos también hay laboratorios farmacéuticos y que no son lo mismo unos que otros productos. De hecho se nos oculta, creo que de manera interesada, que en muchas ocasiones es el mismo laboratorio el que hace la marca comercial y su genérico. Cuando se hacen reportajes para confundir a la opinión pública en este aspecto no sobraría decir que no es lo mismo un genérico fabricado en un laboratorio de la India o China que uno elaborado en Alemania o Francia, y tampoco se debería ocultar que ya hay fármacos genéricos que han tenido que ser retirados del mercado por ser fabricados en laboratorios sin un mínimo de condiciones de seguridad o que en algunos casos se fabricaban con producto de origen desconocido.

Un genérico, por definición a vuela pluma, es el principio activo, la molécula en la que se basa un medicamento que, pasado un periodo de tiempo, se libera de patentes y puede ser fabricada por cualquier laboratorio que tenga la tecnología suficiente lo que en teoría abarata los costes y lo hace más accesible. Lo que no se explica habitualmente es que esa molécula, ese principio activo es solo una parte del medicamento comercial y no se puede asegurar que sean lo mismo porque eso es mentir. Evidentemente que un ibuprofeno genérico contenga un 80% de producto similar a un ibuprofeno de marca comercial puede importar más bien poco, porque como analgésico para dolencias leves puede servirnos igual. El problema viene cuando por ejemplo hablamos de medicamentos de tipo neurológico o para tratar un cáncer ya que ahí un 20% de diferencia entre un producto es una diferencia lo suficientemente elevada como para plantear riesgos de tratamiento, de tolerancia y, en muchos casos, de eficacia. Ya no hablemos por ejemplo, de la locura de pretender romper los combos establecidos para tratar a enfermos de VIH a lo que por cuestiones éticas ya existe un movimiento de objeción de conciencia entre médicos de Comunidades Autónomas donde se les exige emplear genéricos como Cataluña.

Hay otro aspecto que tampoco se tiene en cuenta y a mi me parece el más peligroso de todos. Un laboratorio, por norma general, dedica una serie de recursos para la investigación de nuevos fármacos, de nuevas vacunas y nuevas moléculas, y es quien suple la carencia de I+D+i del Estado. En definitiva, son los que inventan. Por su parte cuando un laboratorio fabrica un genérico reduce costes porque no inventa, simplemente copia, toma lo que otros inventaron para fabricarlo y venderlo a un menor coste ya que no tiene que amortizar la inversión en investigación.

A corto plazo, esta política es positiva ya que como dije anteriormente, obliga a la marca comercial a ajustar el precio inflado durante años para poder competir. Pero es pan para hoy y hambre para mañana ya que, cuando se impogan en el sistema sanitario los genéricos ¿quién va a invertir en investigar en nuevas moléculas para tratar dolencias que ya cubren genéricos y mejorar su eficacia o posología?

La gestión clínica, de la que se llenan la boca PP y PSOE, sirve para perpetuar una corresponsabilidad del personal sanitario en los gastos del sistema, amordazando el criterio profesional y adjudicándoles a ellos toda la responsabilidad del gasto público. La implantación de los objetivos, de penalizar la prescripción de productos de marca comercial -incluso si cuestan lo mismo- y bonificar a quienes receten principio activo.

Pero hay un gran peligro en la dinámica española de buscar la salida mediante los genéricos a la vez que no se invierte en investigación pública que pueda suplir la carencia de investigación comercial. ¿Qué pasaría si un laboratorio desarrolla una cura al cáncer en, por ejemplo, Francia? ¿tendríamos en España a nuestros pacientes esperando durante años hasta que la patente de dicho producto caducara para poder tener el genérico por ahorrar costes? ¿permitiríamos que nuestros enfermos se muriesen de algo que al otro lado de la frontera se está curando solo por no querer permitir ese gasto? Pues algo similar a esto está ocurriendo ya con enfermos como los del VIH en algunas comunidades autónomas.

Centrales de compra: camino al monopolio

Otra de las soluciones que aportan los ideólogos neoliberales es la creación de las llamadas centrales de compras que consisten, básicamente, en que la central compra medicamentos a gran escala para teóricamente abaratar costes y luego estos medicamentos se reparten entre los hospitales adscritos a dicha central.

Este modelo de gestión de compras, apoyado firmemente por el PP y dubitativamente por el PSOE, no solo es poco eficiente, sino que generaría un estacazo en el espinazo del sistema farmacéutico. Lo primero porque obligaría a que todos los hospitales españoles tuviesen que adoptar los mismos protocolos y tuviesen que asumir el mismo catálogo, independientemente de las diferencias o la latencia de enfermedades en cada zona. Lo segundo porque favorece a los laboratorios más grandes, a los que pueden hacer mejores ofertas por volumen de producción y condenaría a los pequeños laboratorios a ser excluídos de todo el sistema sanitario y a su cierre.

Dicen que el sistema sanitario español es insostenible, que no hay dinero y que hay que recortar. Solo con lo que nos va a costar a cada ciudadano el rescate a Bankia, podría pagarse la vacuna del neumococo y del rotavirus a todos los recién nacidos, erradicando prácticamente por completo la mortalidad infantil en España, y aún sobraría dinero. Si se rescatan bancos, me pregunto, si no es más urgente rescatar a esos hospitales con deudas millonarias a los laboratorios farmacéuticos a los que ya se amenaza con no servirles más productos por falta de pagos. Me pregunto si no sería importante, ante el panorama actual, blindar los dos ejes fundamentales de cohesión social como son la educación pública univeral y la sanidad.

Por desgracia el Partido Popular cree que lo fundamental es rescatar entidades financieras y el PSOE duda de sus prioridades y recorta por imperativo legal (en Andalucía con nuestro apoyo, muy a mi pesar).

La telaraña de IU en Asturies: rebelarse o resignarse

Al fin se abrió el melón en Izquierda Unida y se pusieron las cartas sobre la mesa de cara a la participación en un futuro gobierno del Principado, evidenciándose que existe una postura mayoritaria del Consejo Político que apuesta por la negociación con la FSA-PSOE de cara a entrar a formar gobierno coaligados.

Algunos dicen que por valentía, que es hora de mojarse y que se lo debemos a los votantes. Dicen estos algunos que la ciudanía tiene memoria, que sabe ver dónde IU hace bien sus labores y que si hemos crecido se debe al gran recuerdo que tienen de nuestra gestión autonómica. También se aventuran a decir que sería una irresponsabilidad no entrar al gobierno a minimizar los efectos de los recortes en las asturianas y asturianos.

Pretender amortiguar recortes es, per se, una contradicción para Izquierda Unida y para el pensamiento de izquierdas en general, es renunciar al proyecto identitario de la izquierda, es poner en jaque lo público y caer en el zafio juego del individualismo y el sálvese quién pueda del discurso dominante. Pretender minimizarlos es asumir y aceptar el discurso de la austeridad, de que lo público es deficitario y de que hay que apretarse el cinturón ante una supuesta única fórmula neoliberal impuesta por los mercados.

Izquierda Unida es, o debe ser, la alternativa de la izquierda con vocación de gobernar. Discrepo con quien se escuda en nuestra falta de apoyo electoral para justificar que solo mediante pactos con el social-liberalismo se pueden llevar a cabo nuestras políticas, de que mendiguemos una supuesta visibilidad institucional y unas parcelas mínimas de poder. No somos el pepito grillo del social-liberalismo, no nos corresponde a nosotros la titánica labor de izquierdizar al PSOE, sino a sus militantes si es que consideran que el abismo que les separa de su nicho electoral merece algo más que eslóganes vacíos. Vivímos en un sistema político que castiga la discrepancia, la disidencia y el cuestionamiento del propio sistema. La tenaza del bipartidismo, unos medios de comunicación vendidos y subyugados al poder reinante y, para que engañarnos, una falta de claridad de nuestro discurso influyen en esa lenta conquista de apoyos. Precisamente por esa dificultad, por esa poca claridad, Izquierda Unida debe dejar de jugar al escondite, al rebelarse en campaña electoral y a resignarse en las instituciones.

Nuestra labor, el primer punto de nuestra agenda política, pasa irremediablemente por la construcción y fortalecimiento de un bloque de resistencia a los envites del neoliberalismo, un polo de izquierdas con una nítida oposición a los recortes y a las políticas de austeridad que explotan no solo a la clase trabajadora sino incluso a la propia soberanía nacional de los pueblos de Europa. Nuestra obligación histórica pasa ahora por la construcción de resistencias, de una hegemonía disidente y rebelde que plante cara y señale con el dedo a los causantes de la crisis capitalista. El ‘sorpasso’ que sacude Grecia con la previsible victoria de Syriza, coalición hermana de Izquierda Unida, nos demuestra que la construcción de estos polos de resistencia y oposición a las políticas de ajuste no solo son posibles, sino que son la única vía hacia una salida social de la crisis y a un replanteamiento de los principios mismos de la UE.

Asumir las recetas de ajuste, los golpes de mercado, es asumir y aceptar la manzana envenenada de quienes no cuestionan, sino gestionan. No podemos gobernar con quien legisla contra los trabajadores con reformas laborales que nos condenan a los jóvenes a un presente y futuro de miseria, ni con quienes no se oponen a las jornadas de 65 horas, que retrasan la edad de jubilación, que regalan miles de millones de euros a la banca para que socialicen sus pérdidas o que prostituyen la Constitución para perpetuar la limitación del déficit público que es, en definitiva, lo que da cobertura legal a los recortes y los ataques sistemáticos a lo público. Gobernar, pretendiendo amortiguar los recortes, es asumir que la única salida a la crisis es la mera gestión de las migajas, es suponerle una bondad al social-liberalismo que no tiene y es otorgarle la legitimidad de hacer recortes «de izquierdas».

Decía Mark Twain que un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa. Tenemos las ideas, si no somos valientes por una vez, si no planteamos que queremos ser una alternativa real, si no demostramos a la ciudadanía que nuestro proyecto no pasa por un mero encasillamiento de gestión de pequeñas parcelas, estamos perdidos. En manos de Izquierda Unida está demostrar que queremos otra sociedad, que tenemos un proyecto y que representamos a los de abajo, a los más débiles de la cadena. Yo, al menos, considero que debemos seguir ese hilo rojo de la historia que nos une con los de abajo, con los que lucharon y luchan por una sociedad justa a quienes debemos la lealtad, no a los voceros del institucionalismo liberal, a quienes nos acusarán de voto inútil, de pinzas de la derecha o de locos cuando no les bailemos el agua y planteemos alternativas reales. En nuestra mano está empezar desde Asturies la construcción de ese polo de resistencia contra los mercados, que sirva de modelo para el resto de compañeros de IU o, por el contrario, podemos optar por la resignación y la gestión de los recortes, manchándonos las manos con una crisis que no hemos provocado y siendo cómplices del desmantelamiento de lo público. Yo personalmente, al igual que lo creía en la campaña, creo que es hora de REBELARSE y no de RESIGNARSE.

Algunas propuestas (recopiladas de varios compañeros) que podrían formar parte de la hoja negociadora con la FSA para una salida social a la crisis:

  1. Plan Regional de recuperación pública de los sectores estrategicos. Que las empresas que cierren puedan ser recuperadas desde la administración autonómica y se pongan en marcha mediante mecanismos de cooperativismo o autogestión de los trabajadores.
  2. Creación de un Instituto de Crédito Regional que financie a PYMES, sectores de economía real y el Plan Regional de Recuperación Industrial. Defensa del Plan del Carbón.
  3. Modificación Fiscal progresiva. (Ecotasa, Impuesto Patrimonio, Impuesto Sociedades). Lucha contra el fraude fiscal. Supresión inmediata de las ventajas fiscales de la Iglesia Católica y otras confesiones religiosas (IBI) y compromiso de la progresiva erradicación de los conciertos educativos y sanitarios en Asturias.
  4. Plan de Choque contra el paro y la precariedad juvenil. Ayudas a la emancipación de los y las jóvenes.
  5. Articular medidas encaminadas a erradicar los desahucios por despidos de los miembros familiares. Campaña de Dación en Pago y recolocación de las familias en viviendas públicas. Fin de colaboración con entidades que no ejecutan la dación en pago o no renegocian una deuda temporal. Llegado el caso: utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la iglesia para alojar a las personas sin hogar.
  6. Instalación de comedores populares en toda la región para familias con pocos recursos y promoción de economatos públicos con subvención para alimentos de primera necesidad. Gratuidad del desayuno y comida de los niños con familias en riesgo de exclusión e hijos de parados de larga duración.
  7. Rebaja salarial del 30% de todos los miembros del Gobierno Autonómico asi como cargos de confianza y asesores, así como la reducción de estos últimos.
  8. Plan de Ganaderia y Agricultura con el fin de revitalizar estos sectores. Que los frutos de esta actividad reviertan en los comedores públicos y los economatos. Respeto del Medio Ambiente. Nicho de Empleo Verde.
  9. Defensa de la Sanidad y la Educación Pública. No recortes salariales. Congelación de Tasas.
  10. Plan de Integral por Derechos Sociales y Ciudadanos, contra la represión. Fin de las redadas a inmigrantes.

Mi postura ante el referéndum:

– No a la entrada en el Gobierno.
– Apoyo a las políticas de izquierdas que plantee el Gobierno autonómico desde la oposición consecuente.
– Oposición frontal a todo tipo de recortes. Los dos partidos que incluyeron la limitación del déficit público en nuestra Constitución tienen 27 diputados, mayoría absoluta para aprobar sus recetas de austeridad y recorte.

A la atención de Pablo Iglesias

Querido Pablo:

me acordé de tí hoy. Mejor dicho, muchos nos acordamos de tí hoy, cosas de las efemérides. Tu retrato invadió las pantallas de los ordenadores -por no extenderme mucho con las explicaciones, digamos que me refiero a los periódicos de hoy en día- y la tinta corrió en litros para formar, mil veces repetidas, tus dos o tres citas más conocidas. Ya sabes, aquello de que somos socialistas no para amar en silencio nuestras ideas, lo de que no morimos sino que nos sembramos -ya sé, ya sé que ésta no es tuya, pero…- y todo eso. Es que hoy es 2 de mayo. De 2012. Hoy hace 133 años, queridísimo Abuelo, que te arriesgaste el pellejo junto con otros que hoy no son tan recordados y pusisteis orden a vuestras ideas y a vuestros sueños fundando el Partido Socialista Obrero Español. 133 años, que se dice pronto: llovió mucho, dirás, y es cierto; llovió mucho, muchísimo, Abuelo, pero la lluvia no siempre se lleva lo que queremos. La lluvia no siempre limpia los malos modos. A veces, incluso, ensucia más de lo que limpia y la basura se queda ahí, enfangada eternamente. Llovió mucho en 133 años, Abuelo, y, como suelen decir, no llovió a gusto de todos.

¿Qué te puedo decir? Te podría decir tantas cosas…

133 años después, la necesidad de construir una alternativa para mejorar las condiciones de los obreros sigue siendo tan urgente como cuando tú fundaste el PSOE. El problema es que hoy en día los obreros ya no se creen obreros. Nuestra época se comió la lucha de clases, la encontró pesada e indigesta, pasada de moda e inservible. Digo nuestra época, Pablo, porque la cosa fue generalizada, generalizada, sí, pero también, en cierto modo, a causa de cosas muy concretas: ¿cómo vamos a pedirles a los obreros de hoy en día que crean en algo que quienes se dijeron tus herederos decidieron antiguo, inútil, arqueológico casi, contrario a los nuevos tiempos?  El caso es que a día de hoy muchos obreros se creen clase media, incluso -hace algunos años- alta. Entendieron que ser obrero era algo anacrónico y que el tener en casa una tele de plasma (¿que qué es esto?… bueno, ya te lo explicaré otro día), e irse a Punta Cana de vez en cuando a tomar el sol, y a comer chuletones una vez al mes, era ser de esa clase que no tiene por qué salir a la calle a reivindicar sus derechos porque ya los tiene todos.

Claro que llegó un día en el que toda esa gente se dio de bruces contra la realidad. Cuando les empezaron a arrebatar todos esos derechos que ni sabían que tenían, muchos obreros que hasta entonces no sabían que lo eran acudieron a quienes, por definición, debían defenderlos. Y se encontraron con unos sindicatos que también habían enterrado la lucha de clases, y  se preocupaban más de gestionar las migajas del sistema que los amordazaba que de pelear por los derechos de los trabajadores. ¿Cómo culparles, Abuelo? ¿Cómo culparles a ambos de que, por ir con el paso cambiado, no fuesen quien a entenderse? Los unos, por creerse lo que no eran. Los otros, por dar de comer al sistema que era, en realidad, su verdugo, y que justificaban creyéndolo el menos malo posible. Vaya tingláo, Abuelo. Por si fuera poco, frente a esta situación ya de por sí caótica, surgió -como siempre- la derecha para embarrarlo más todo. Del sindicalismo y los sindicalistas se dijo de todo. Se les tachó de gamberros, de violentos, de no defender los intereses de los trabajadores frente a quienes sí lo hacían (ellos, ¡la derecha!) y de otras muchas cosas tan pueriles que no merece la pena ni mencionar. Y muchos obreros se tragaron ese cuento. Ayer mismo, 1 de Mayo, muchos defendieron el hashtag (para que me entiendas, sustituye esta última frase por un «muchos entonaron el lema…») #NOaTomarLaCalle. Ya ves, Pablo. En tu época puede que fueran las tabernas las que enturbiaban el espíritu obrero. En la mía, muchas veces creo que es la estupidez la que lo hace.

Me preguntarás por qué todo esto ocurrió ahora, tantos años después. ¿Es que acaso cayó una bomba de realidad y por eso todos nos dimos de bruces con ella? Pues fue más o menos así, Abuelo. Fue una bomba que llevaba nombre de crisis mundial. ¿Quién lo iba a decir? El viejo Marx no tenía razón con aquello de que al capitalismo lo aboliría el proletariado, sino que su propia avaricia y egoísmo quien lo aboca a destruirse. Está pasando. Incluso paladines del capital como los Estados Unidos, que siguen sin ser socialistas, ya optan por nacionalizar entidades financieras. Pero como todo no podía ser tan sencillo, ni tan lógico, quienes nos gobiernan aún no han cedido -ni cederán- a dar la vuelta a la tortilla. Los ricos son cada vez más ricos, los pobres cada vez más pobres. Dicen que, como el capitalismo no funciona, más capitalismo es la solución.  ¿Qué otro sistema, pues? ¿Acaso el socialismo? Eso es muy viejo, dicen ellos, y ya se demostró inútil más de una vez. Supongo, claro, que el liberalismo y el capitalismo son sistemas de imperiosa modernidad. Sí, yo también lo pienso muchas veces: ¡imbéciles!

España, como ya bien sabes, perdió Filipinas y Cuba. A día de hoy, sin embargo, seguimos ejerciendo nuestro pequeño colonialismo, e incluso hay algaradas entre los poderes cuando alguna de nuestras colonias económicas decide recuperar lo que es suyo. Supongo que ya se cansaron de seguirle, seguirle la corriente a María Cristina cuando los quiere gobernar. Se llama, entonces, al grito del patriotismo más rancio, sólo superado por finales del Mundial de fútbol (el nuevo opio del pueblo de hoy en día). Un patriotismo al que nadie llama cuando nuestros poderes fácticos dedican los viernes, por aquello de que es el día que tiene las tardes más tontas, a romper en mil pedacitos las estructuras sociales que hicieron a nuestro país justo alguna vez. Si el Gobierno dice que quiere controlar sin tapujos al principal medio de comunicación del país, no hay patriotismo, sino un ejército de monos que se tapan las orejas para no oír. Si la Seguridad Social pasa a ser de copago (lo llaman así, aunque tú apreciarás, y no te falta razón, que todo españolito ya paga por mantener ese sistema, y que «repago» sería una expresión más correcta), y los jóvenes nos quedamos sin ella, y a los ancianos se les impone pagar por su medicación… no hay patriotismo; sólo un ejército de monos que se tapan los ojos para no ver. Si mientras los políticos se niegan a dejar de ir en primera clase -o se encargan retratos para su solaz. O persisten medidas que los alejan del común de los mortales en cuanto a derechos básicos- se reduce la inversión en la educación de nuestros niños… adivinaste: ahí tampoco hay patriotismo, sino un ejército de monos que se tapan la boca para no hablar.

La Iglesia no ha muerto, Pablo. Ni mucho menos. Está más viva que nunca, a pesar de que cada dos por tres le salgan miserias que su jerarquía se empeña en intentar tapar. Hace poco nos visitó el Sumo Pontífice y la jarana fue impresionante. Hubo miles de jóvenes acampados por todo Madrid, con el calor que hacía -normal que algunos tuvieran que ir a bañarse, ¡qué ironía! bajo una de las pocas estatuas dedicadas al demonio-. Se llegó a censurar, por ellos, publicidad, por si acaso se ofendían. Ciento treinta y tres años después, Abuelo, aún seguimos con el miedo eterno a no ofender a la Iglesia, aunque nadie diga nada si es ella la que ofende a muchos colectivos de la sociedad con los que ni les va ni les viene nada. Nada ha cambiado. Los curas siguen siendo cómplices de la burguesía y -aquí sí que te vas a cabrear- tus herederos, o los que dicen serlo, en vez de seguir tu sabio ejemplo de reivindicar un Estado Laico, aumentan las ayudas a la Iglesia y no le reducen ni un ápice los privilegios. Supongo que ahora, en la oposición, volverán a mencionarte en este tema, pero no te creas nada, Pablo; no te creas nada, porque aquí el blanco se convierte en negro cuando llega el poder, y viceversa.

¿Que si seguimos votando ante este panorama desolador? Sí. Cada vez menos, eso sí. Salen los de siempre, porque aunque no te lo creas, ciento treinta y tres años después hay nuevas leyes que avalan el turnismo político.Un turnismo dirigido por la monarquía. De nuevo la monarquía. Eso tampoco se lo ha llevado la lluvia, Abuelo. La realeza sigue siendo un nido de sátrapas y de vividores, un sistema de poder por la sangre injusto y que, sin embargo, sigue siendo comparado con el republicanismo porque, a fin de cuentas, «costaría lo mismo y no molestan». Como si hubiera que ponerle precio a la igualdad y a la democracia, a la voz del pueblo. Últimamente, queridísimo Pablo, todo tiene un precio, todo. Todo se compra y todo se vende. También la verdad y la mentira, la justicia y la injusticia, la razón y la sinrazón.

El mundo da asco, Pablo. España da asco en el 2012. Echamos de menos tu voz metálica y rotunda, tu gesto decidido y tus ideales claros. Extrañamos lo que jamás podrá ocurrir, y por eso sentimos nostalgia de la más que remota posibilidad de que vuelvas, 87 años después de haberte marchado para siempre, y nos pongas a todos al hilo. A las derechas, a las izquierdas, a los de arriba y a los de abajo; a los que somos tuyos, a los que dicen serlo, a los que te citan correcta y a los que te citan incorrectamente. A todos.

No podría ser, ¿no?

¿Ni siquiera una visitilla de cinco minutos?

Tuyos siempre.

La Cantera de Babí y el Reñidero.

PD. Oye, que si al final te enrrollas, quedamos en otro sitio que no sea Casa Labra. Es que ahora ronda el menú como 30 euros allí y no está la cosa para muchos trotes…

36 años después, el primer congreso de víctimas del franquismo

Los pasados 20, 21 y 22 de abril tuve el honor de participar en el I Congreso de Víctimas del Franquismo que se celebró en la ciudad madrileña de Rivas-Vaciamadrid. Y digo «tuve el honor» porque es todo un privilegio ser partícipe de un primer congreso, más si cabe en este caso, que por primera vez tras la muerte del dictador se organizaba un encuentro que agrupaba a todas las víctimas de su régimen.

Como historiador estoy acostumbrado a acudir a congresos, a jornadas y simposios, pero el alto nivel que se supone a los encuentros organizados por la institución académica suele devenir en una suerte de guerra de egos entre los aspirantes, y suelen tener un ambiente frío y hostil, movido generalmente por intereses recíprocos. En este congreso la sensación ha sido todo lo contrario: de integración, de colaboración y de tener patente que, ante todo, quienes nos interesamos o trabajamos por la Memoria Histórica estamos en el mismo barco. Desde los voluntarios que dedican su tiempo libre a la investigación, muchas veces de mayor nivel y envergadura que la de los profesionales de la historia, hasta los historiadores, el debate fue fluido durante todo el fin de semana y muy productivo, sobre todo de cara a tomar fuerzas y plantearse nuevos proyectos.

El encuentro tuvo tres ramas importantes. Por un lado, una más academicista en la que participaron historiadores de la talla de Julio Aróstegui, Ángel Viñas o Nicolás Sánchez Albornoz, o periodistas que desarrollan trabajos de memoria como Montse Armengou. Por otro lado, y de forma equitativa, se dio voz a los sin voz, a quienes fueron víctimas de la represión y el olvido. Se dio espacio a que las víctimas diesen sus testimonios, desde las que sufrieron la represión de la posguerra hasta los presos del tardofranquismo, donde intervinieron compañeros de la asociación de reciente creación La Comuna. Finalmente, y quizá lo más importante, se dio espacio y mucha voz a las asociaciones de recuperación de la Memoria Histórica que son las verdaderas protagonistas de la recuperación y puesta en valor de nuestra memoria colectiva.

 

La clausura del Congreso corrió a cargo del diputado de ERC Joan Tardá, que hizo un breve repaso por las últimas novedades e iniciativas legislativas sobre el reconocimiento de las víctimas. También intervino Carlota Leret, hija del capitán Leret, considerado la primera víctima de la Guerra Civil. Finalmente tuvimos ocasión de escuchar a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, quien nos dio un emotivo testimonio sobre las desapariciones forzadas en Argentina y nos sirvió para trazar ese fino hilo que une, con sus particularidades, a todas las víctimas que alrededor del mundo sufrieron el mismo destino.

Se celebró una asamblea final entre asociaciones que, entre otras cuestiones, acordó la creación de una coordinadora estatal de asociaciones de Memoria, un paso fundamental de cara a cohesionar, extender y fortalecer un movimiento fundamental para profundizar en la calidad democrática de este país. Sin memoria, sin verdad, sin justicia y sin reparación no es posible construir un país plénamente democrático. Como decía Ángel Viñas, Franco cabalgó a la dictadura a lomos de millones de cadáveres: los muertos de la guerra y los de la posguerra. Por todos ellos, por nuestra memoria, que este sea el primero de muchos congresos.

«Contra el olvido, pero sin la melancolía. Por la reparación y por la dignificación»
José Masa, alcalde de Rivas-Vaciamadrid