Menos caridad, más justicia social

En 1891 el papa León XIII escribía la Rerum Novarum, la primera encíclica con contenido social de la Iglesia católica. Ante el surgimiento de las grandes ciudades al albor de la Revolución Industrial, de la proletarización progresiva de gran parte de las clases populares y de una profundización de las desigualdades, la Iglesia se vió obligada a crear una doctrina social de la que dicha encíclica podría considerarse el punto de partida.

El surgimiento de esta doctrina, que serviría posteriormente para la aparición de grupos y tendencias dentro de la Iglesia católica que comenzaban a analizar y denunciar la injusticia, no fue fruto sino de la necesidad del momento que, ante la evidencia de la injusticia que de modo innato producía el capitalismo, debía también poner coto al socialismo y las ideas revolucionarias, que comenzaban a calar entre las clases populares convirtiéndose en una verdadera amenaza para los estamentos privilegiados, entre ellos, la propia Iglesia.

En este intento de autoprotección y de tímida denuncia, se comenzó a asumir, desde el liberalismo y las burguesías nacionales el concepto de la justicia social y de la caridad cristiana, como un elemento de amortiguación hacia las ideologías de corte revolucionario que predicaban por un nuevo sistema sin injusticia.

Surgió a partir de todo esto la confrontación clásica entre quienes por un lado reivindicaban una caridad que aliviase el sufrimiento del pobre, del desfavorecido, pero sin cuestionar el orden de las cosas, la sociedad de clases o el reparto de la riqueza. Quienes más tenían, como gesto caritativo, unas veces por mero paternalismo, otras por justificación moral y otras por mera apariencia, obsequiaban a los desfavorecidos con una pequeña ayuda que de forma temporal aliviase su situación.

Frente a esto surgirían las ideologías que renegaban de la caridad, de la limosna, para reivindicar la justicia social. Frente a pequeños parches que aliviasen las conciencias de quienes se beneficiaban de la brecha social entre ricos y pobres, surgían las ideas y movimientos que reivindicaban la justicia social, el igualitarismo, cambiar el órden social en definitiva por uno donde no hubiese ricos ni pobres.

A lo largo de las décadas esta dualidad ha permanecido, algunas veces en forma más obvia y otras de manera más soterrada, impregnando a veces incluso a los que antaño reivindicaban la justicia social.

Vemos en la actualidad, quizá imbuídos de un cierto romanticismo cristiano envuelto en laicismo, a partidos políticos que organizan campañas benéficas [1][2][3], caritativas, que ven en la limosna la respuesta a la brecha social cada vez más grande entre quienes lo tienen todo, quienes tenemos poco y quienes no tienen nada. No seré yo quien critique a quienes decidan libremente dar lo que les sobra a quien lo necesite, ni quien cuestione el altruismo o la ayuda desinteresada al que menos tiene. Pero no debemos olvidar que la política no se puede basar en caridad sino en buscar la justicia social, en conseguir que la miseria y la necesidad no tengan que ser suplidas por la buena voluntad y los favores de quienes más tienen.

¿De qué sirve la política si en lugar de buscar una sociedad justa e igualitaria nos resignamos a dar limosna?

Como decía Karl Marx “de cada uno según su capacidad, a cada uno según su necesidad” (Crítica del programa de Gotha, 1875). Ésta debe ser la respuesta desde la izquierda ante la desigualdad.

#hayquecontarlo

En las últimas convocatorias de huelga he visto una tendencia por parte de muchas personas de pretender extender el concepto de huelga y paralización total a todos los ámbitos de la vida. Lo respeto, aunque discrepo en uno de los puntos que se suelen usar.

Evidentemente una huelga es un acto político de magnitud, de responsabilidad crítica y una muestra de poder en las calles. Una huelga no es solo la ausencia del trabajo, ni tampoco es solo hacer piquetes informativos. Una huelga es también dejar de consumir, dejar de utilizar los transportes públicos, dejar de usar los servicios públicos e, incluso, muchos plantean una huelga de cuidados, dejando sin realizar tareas domésticas, parando todo lo que incumbe a la vida cotidiana.

Existe una tendencia entre determinados compañeros a llevar al extremo el concepto de huelga, incluso planteando dejar de usar las redes sociales o los medios alternativos las 24 horas que dure la huelga. Lo respeto, pero me parece contraproducente.

En una jornada de lucha intensiva como una huelga general es imprescindible el uso de las nuevas tecnologías, en especial en estos momentos en los que los smartphones o teléfonos inteligentes y las redes sociales ayudan a abrir fisuras en estos tiempos de difícil acceso a los medios de comunicación de masas. Tomar imágenes ayuda a difundir el número real de manifestantes, que nunca será reproducido por los grandes medios, que la tratarán según los intereses circunstanciales de su grupo. También ayuda a grabar abusos y agresiones de la policia y poder luego demostrar cómo actúan quienes teóricamente están para protegernos. Y lo que es más importante, sirve para coordinar las luchas, para darles difusión y para que todo el mundo, esté donde esté, tenga información real, accesible y de primera mano para hacese una idea de lo que sucedió ese día.

A este respecto planteó un debate interesante Eldiario.es donde preguntaba a sus lectores cuál debía ser la postura más correcta, si secundar la huelga al 100% y no publicar nada, o establecer unos servicios mínimos, informando única y exclusivamente de la huelga.

Al menos en mi caso, mañana no consumiré, no trabajaré y no usaré servicios públicos, pero tendré bien cargada la batería del teléfono para, como en la anteriores convocatorias, poder dejar testimonio de lo que fue la huelga. En la era de la información, no se puede prescindir del único espacio realmente libre que nos queda como es Internet. Por primera vez en la Historia, existe un medio para comunicarse de manera universal, al alcance de todo el mundo y sin censuras, usémoslo, nos guste o no, es la herramienta más potente que tenemos en el siglo XXI para difundir ideas e información.

La Troika lleva camisa negra

Un 24 de octubre de 1922, Benito Mussolini decía en Nápoles: «Os digo con toda solemnidad: o se nos entrega el Gobierno o lo tomaremos marchando sobre Roma». Los 40.000 camisas negras que allí lo escuchaban gritaban en respuesta: «¡A Roma, a Roma!».

Este hecho simbólico desembocó en el ascenso al poder del fascismo en Italia y la antesala de régimenes como el de Hitler o Franco. Si Marx anunciaba en el Manifiesto Comunista que el fantasma del comunismo recorría Europa, en los años 20 y 30 fue el fascismo quien la recorrió, fulminando democracias parlamentarias en régimenes de corte fascista.

La desafección hacia la política, el surgimiento del ultranacionalismo como respuesta al Tratado de Versalles que no cumplía con las expectativas que pretendían los italianos tras la I Guerra Mundial, facilitaron el ascenso al poder de “la revolución fascista”, una autentica bestia que intentó acabar con todas sus fuerzas con el creciente y potente movimiento obrero italiano, sobre el que media Europa se miraba al espejo.

Hace hoy 90 años, Italia perdía su soberanía nacional para someterse a los designios de un tirano, de un mentecato ultranacionalista que dirigió Italia con mano de hierro desde 1922 hasta 1943.

También hace ahora casi un año, otro sátrapa con aspiraciones a tirano como Silvio Berlusconi abandonaba el gobierno de Italia para dejar paso a un presidente no elegido por los italianos. Berlusconi, con todos sus defectos, gobernó Italia durante más de dos décadas a golpe de urna (y de talón), pero una marcha inquebrantable sobre Roma, a ritmo del paso de la oca que marca la comisión de la Unión Europea, el FMI y el BCE, derribó el gobierno democrático para poner a otro duce que nadie había votado. La Troika, unos camisas negras modernos, mantienen el poder en Italia, lo han extendido a Portugal, a Grecia y, previsiblemente, pronto llegarán a España.

El próximo 14 de noviembre tenemos la posibilidad de ser, por una vez, nosotros quienes marchemos, quienes tomemos las calles. Desde Roma, Lisboa, Atenas o Madrid debemos salir a la calle y recuperar la soberanía popular. Seamos valientes, convirtámonos en partisanos contra las imposiciones de la Troika y en defensa de los servicios públicos. O ellos o nosotros.

Presentación de “Villafría 1934. Luz en la memoria”

Esta mañana estuvimos en Villafría (Uviéu/Oviedo) presentando nuestro libro “Villafría 1934. Luz en la memoria” en un acto muy emotivo donde tuvimos el honor de contar con la presencia de algunos de los familiares de las víctimas de aquella matanza que un 13 de octubre de 1934 segó las vidas de 32 personas a manos de los regulares.

Tuve el honor de presentar el acto, aquí os dejo unas breves palabras que pronuncié.

Buenos días a todas y todos, soy David Fernández, autor junto a Rubén García Riesgo, Arantza Margolles Beran y Julio César Iglesias de esta obra que sacamos hoy a la luz.

Queremos iniciar este acto agradeciendo vuestra presencia aquí a unas horas tan intempestivas y con una climatología que no acompaña. Queremos, en primer lugar, daros las gracias a todas y todos por vuestra asistencia, pero en especial a los familiares que hoy nos acompañan y con los que hemos tenido el placer de conversar y reconstruir, pieza a pieza, este trozo olvidado de la memoria de Oviedo y de Asturias.

Decía Saramago:

“somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

En eso coincidimos, en ambas afirmaciones: porque la memoria que tenemos es lo que somos y por eso es tan importante el reconocimiento y la investigación rigurosa de todo lo que colectivamente nos ha hecho ser lo que somos, como conjunto, como sociedad. También somos la responsabilidad que asumimos, y aquí me quiero parar un poco más, porque como historiadores debemos reivindicar nuestra responsabilidad en esta tarea. La memoria es débil, frágil, incluso desagradecida con el paso del tiempo. Nuestra tarea es recopilar, ordenar e hilvanar ese fino hilo que une el pasado con el presente, transformando los recuerdos en palabras de la forma más objetiva posible. Sin embargo, ser objetivos no significa ser neutrales, por tanto no podemos escapar de la responsabilidad de transmitir no solo los hechos, los datos, las fechas, sino también el sufrimiento que causaron unos hechos que no por pasados son menos dolorosos. ¿Cómo pretender hacer pasar página a los supervivientes de una tragedia como esta que aquí contamos y que su dolor se tape con el cruel manto del olvido? ¿Cómo pretender que la memoria sea selectiva y restrictiva, con paréntesis y velos de amnesia?

Nuestro compromiso, como ciudadanos primero y como historiadores, es dar voz a nuestro pasado, reconstruirlo y hacerlo llegar a nuestros días, para no olvidar, porque una sociedad democrática no se puede construir sobre los cimientos del olvido. Sin memoria no hay justicia, pero para tenerla también hay que tener memoria de la injusticia.

La Nueva España, edición Oviedo – 27/10/2012

En este acto no solo queremos presentar esta obra histórica, sino también rendir un sentido homenaje a esas 32 víctimas que perdieron la vida otro octubre de hace 78 años, que fueron víctimas de una represión desmedida y de una violencia tan extrema que, tantos años después, sigue produciendo el mismo sentimiento que las crónicas que allá por enero de 1936, pasada la censura, empezaban a escandalizar a toda España.

Autores, de izq. a dcha: Rubén García Riesgo, Arantza Margolles Beran, Julio César Iglesias Rodríguez y David Fernández González

Intervención de Arantza Margolles, coautora:

La del 13 de octubre de 1934 fue una mañana muy parecida a ésta. El cielo, encapotado y gris, parecía predecir la tragedia. Pero la pequeña Laura tenía once años, y con once años uno no aprecia la escala de grises. Todo es luminoso, con color, porque hay toda una vida por delante de uno. Pensándolo así, fue una fortuna que Laura no supiera aquella mañana que iba a morir aquel mismo día.

Laura era la pequeña de los siete hijos de Domingo Franco y Carmen Corral, residentes en el número 2 de Villafría. Aquel 13 de octubre la sacaron, junto al resto de su familia, fusil en mano, de su casa, y no pudo hacer nada cuando oyó, a lo lejos, los tiros que estaban acabando con la vida de su padre y de José Valle, un empresario muy de posibles, muy cuidado de Dios. Muy de derechas, en definitiva. Muy poco sospechoso de pertenecer a un movimiento revolucionario del que poco o nada se sabía en Villafría más allá de los trapos blancos que colgaban de las ventanas en señal de neutralidad.

Laura oyó también los gritos de su hermana Argentina implorando caridad por su padre. Nunca llegó a saber que ella, Argentina, y otra de sus hermanas, Benjamina, pudieron salvarse por esconderse entre unos sacos de virutas, bajo la escalera. Imposible para ella que la Benja le contase cómo se derramaba la sangre de su casero Casimiro Álvarez por los escalones. No lo pudo saber jamás porque a Laura, como a Vicente Secades, el yerno de Casimiro, como a Germán Bárcena y su esposa Josefa, como al hermano de ésta, Celso, le pegaron un tiro mortal. Un tiro, como también a su padre Domingo, como a su madre Carmen y como a sus hermanos Manuel, y Luis, y Emiliano, y Rosario, y a ella misma, niña aún, a ella misma que, de habérselo preguntado, probablemente no hubiera sabido definir qué era o qué dejaba de ser la palabra “política”.

Entre todos los cadáveres de las casas 1 y 2 se encontraron, también fusilado, a Francisco el pescadero, que vivía un poco más allá, en el número 3. Mientras Francisco era asesinado a tiros, y mientras lo era también su padre Francisco, su madre se encontraba guisando gallinas para los matadores: de no haberlo hecho, ella también hubiera engrosado la larga lista de víctimas mortales de Villafría.  Porque en la casa 3 también mataron a Ramón, a Rodolfo, a Amadeo y a Belarmino, los familiares políticos de la hermana de Francisco que, irónicamente, salvó su vida gracias al ejército que guardaba estrecha vigilancia a la entrada del barrio. No la dejaron pasar. Sólo al día siguiente supo que sus familiares habían sido pasados por las armas.

Desgraciadamente, este cuento macabro no termina aquí. Y debemos de seguir contándolo, debemos de seguir pronunciando nombres. Los de la casa 4, por ejemplo: Rufino Rimada, que pagó con su vida el enfrentarse a los soldados que, de un tiro y por mero placer,  habían entrado en casa matando el bien más preciado de la familia: un hermoso gocho listo ya para matar, por supuesto, de formas más ortodoxas. Hemos de mencionar también a su suegro, Adolfo Secades, cuyo delito fue abrir la puerta a los soldados que, nada más hacerlo, le pegaron un tiro, y a sus cuñados, Manolo y José Secades. A Ricardo Álvarez y a sus hijos Avelino y Ovidio, que huían del caos que se había desatado en Fozaneldi buscando refugio en Villafría.

Llegamos ya al final. Llegamos ya a este mismo lugar, a este paraje hoy tranquilo que es la fuente’l Cañu. Aquí, con el puño en alto “para dar ejemplo” fusilaron a los hermanos Jesús, José y Antonio Carriles, a Manuel Fernández y a Lolín Alvarez. Ninguno de ellos había levantado el puño antes, en su vida.

De la injusta e intolerable represión sin sentido que se hizo en Villafría, queda por fin testimonio documentado. Hemos tardado setenta y ocho años en hacerlo. Hasta ahora no existía ningún listado de las víctimas de Villafría, ni un número exacto, ni ningún análisis comparado de lo publicado desde entonces hasta ahora por unos y por otros. Hemos tardado setenta y ocho años y esperamos haber dado cuenta, porque ya era hora de hacerlo, de lo que pasó en Villafría. Sólo una cosa se nos ha quedado en el tintero. Es la más importante pero, tristemente, la más difícil de responder: ¿qué hicieron las treinta y dos víctimas de Villafría para merecer su muerte? ¿qué delito mortal cometió la pequeña Laura Franco Corral como para justificar su asesinato? Lamentablemente, nunca podremos contestar a esa pregunta, ni hoy, ni dentro de otros setenta y ocho años, porque es una pregunta que, definitivamente, no tiene respuesta posible.

Lo que no podemos olvidar es que las víctimas de aquella violencia no fueron solo las 32 personas asesinadas en Villafría, sino también sus viudas y sus hijos, que vieron una vida marcada por la ausencia y por la peor represión de todas: la del olvido.

Va a tomar ahora la palabra Teresa Secades, nieta de Adolfo Secades y sobrina de Manolo y José Secades García y de Rufino Rimada. Teresa, la voz que durante muchas décadas peleó porque se recuperase la memoria de quienes perdieron su vida aquí, no podía faltar en este acto por su lucidez, por su compromiso y por haber sido, durante tantos años un referente en la reivindicación de la recuperación de la memoria de esta ciudad. Os dejo con ella.

[…]

Para concluir, nos gustaría agradeceros la presencia a todas y todos pese al mal tiempo que nos acompaña. Queremos agradecer a la Fundación la Izquierda d’Asturies su apoyo incondicional en la edición de esta obra, apoyo sin el cual no hubiera podido ver la luz un trabajo impreso de estas características dada la tempestad económica en la que la cultura y la Memoria son víctimas de sus vaivenes. En este apartado queremos hacer una mención especial a Víctor Picallo, que pese a sus broncas y llamadas, ha sido el mejor editor que podríamos haber tenido. Queremos mostrar también nuestro agradecimiento a Izquierda Unida por el apoyo mostrado y por habernos facilitado medios para realizar este trabajo. Pero, si a alguien debemos el mayor agradecimiento es a Teresa Secades, a Ángel Rodríguez Franco, a Soledad Rábade García, a Pilar Barredo Solís y a Xesús Nel García Álvarez, a todos ellos, por habernos aportado sus testimonios y ayudado a encajar todas las piezas que faltaban para la reconstrucción de esta historia. Sin ellos, esto no hubiera sido posible.

Muchas gracias.

Parte del público asistente, familiares de las víctimas y amigos. (Foto: El Comercio)

Entrevista realizada a Arantza Margolles y David Fernández en el programa “Noche tras noche” de la RPA con motivo de la presentación del libro:

En defensa de la huelga general (para empezar)

El próximo 14 de noviembre está convocada, por fin, una huelga general simultáneamente en Grecia, Portugal y el estado español. Digo por fin porque ante los recortes, la destrucción y degradación sistemática del estado del bienestar, con ofensivas día sí y día también contra los eslabones más débiles de nuestra sociedad, es de difícil comprensión que la movilización y la protesta, al menos desde el ámbito sindical, esté a la cola de las movilizaciones sociales o de lo que gran parte de la sociedad reclama.

De todos modos una huelga, con argumentos más que fundados, debe ser secundada y apoyada, pese a no contar, como algunos creemos que debería ser, con una planificación de movilización continuada e indefinida. Vale más tarde que nunca y no seré yo el pájaro de mal agüero que con la que nos está cayendo se ponga ahora quisquilloso con los sindicatos. Por desgracia la campaña antisindical ya está tan implantada que hace que muchas de las quejas nos las tengamos que callar quienes creemos en la importancia de la lucha sindical y del papel que históricamente jugó y debe jugar el sindicalismo.

No seré yo quien haga una hagiografía de las centrales sindicales, tampoco seré yo quien me escude en todos sus males (que no son pocos) para justificar mi desmovilización, ni tampoco enarbolaré banderas de ultraizquierdismo tras las que lanzar picas contra los sindicatos. Es precisamente el discurso y la critica furibunda al sindicalismo, algo tan implantado (y en muchos casos con razón), lo que hace que estemos como estamos.

A lo largo de las próximas semanas se sucederán los ataques a los sindicatos, a los sindicalistas y al derecho a la huelga. Probablemente el discurso más extendido será el de los sueldazos de los sindicalistas, de sus inmuebles y de sus comidas. Se les olvidará decir que sindicalistas son también quienes hacen labor sindical en su puesto de trabajo o que también lo son Cándido Carnero de la CSI o Sánchez Gordillo del SAT, a quienes no se les puede precisamente acusar de vivir del sindicato.

No se trataba del bienestar del trabajador, sino del sostenimiento de un andamiaje que gravitaba sobre las espaldas de la clase obrera. La lucha de clases no era un medio, sino un fin o con finalidad en si misma, a saber: la de mantener en el candelero a unos cuantos resentidos o vividores, de temperamento y gustos burgueses, aunque continuamente renegasen de la burguesía. (La Nueva España, 4 de febrero de 1937)

Se intentará buscar la división en los puestos de trabajo, se dirá que los delegados y los comités de empresa son unos vividores, que los auténticos currantes van a trabajar porque no están para perder un día de sueldo como esos que no piensan en los trabajadores, solo en ellos mismos y sus intereses.

Enchufados estos dirigentes en sus cargos de oficina, se hacían bien presto a la vida burguesa, marxista por excelencia, y en su interior despreciaban profundamente a los trabajadores, cuyas reivindicaciones aparentemente propugnaban. La masa obrera era para ellos simple escabel en orden a escalar puestos: escabel al cual se le da después el más gentil punterazo, como a cosa que no sirve sino de estorbo. El obrerismo de que blasonaban era mero andamiaje para alzar el edificio de sus ambiciones archiburguesas; su vida toda, ficción y parasitismo. (La Nueva España, 9 enero de 1937)

Y no olvidemos tampoco que la principal queja será de la falta de patriotismo, la deslealtad, el optar por el camino que ellos consideran fácil de la huelga, en lugar de arrimar el hombro para salir juntos de la crisis e incluso se nos acusará de hacerle el juego al soberanismo.

Pero ha llegado el momento no de elegir, sino de obedecer. La salud de la Patria así lo exige. Obedezcan, pues, los obreros honrados que quieran contribuir de buena fe a edificar la Nueva España, la España una, grande, y libre que todos los buenos españoles anhelamos. (La Nueva España, 15 de enero 1937)

Nota: evidentemente recojo extractos de 1937, pero os apuesto algo a que en semanas venideras, lo dicho en esos extractos se podrá leer en la prensa de 2012.

Muere un socialista, Luis Gómez Llorente

Estaba ultimando una actualización del blog esta mañana cuado me sorprendió el fallecimiento de Gómez Llorente y, evidentemente, no dudé en postergar el ya de por sí varios días postergado texto anterior para reservar mi actualización de hoy a la muerte de uno de los principales referentes del socialismo español de la última mitad de siglo.

Podría recordar la figura de Gómez Llorente como el firme defensor que fue de la enseñanza pública y laica, pero ése, un valor que debe suponersele a un socialista, no debe centrar el resumen de su vida pocas horas tras su muerte. La figura de Llorente es sinónimo de socialista convencido y convincente, que unido eternamente a su pipa reencarna los valores clásicos del socialismo pablista y en quien todos aquellos que somos socialistas encontrábamos un referente.

En mi casa, con varias generaciones de socialistas a la espalda, siempre fue recurrente la referencia a Gómez Llorente, entre otros muchos, como esos ejemplos de socialistas sinceros que el aparato de turno fue usando y tirando, desprendiéndose por el camino de algunos de los mejores miembros que componían su capital humano durante décadas.

Con la muerte de Luis Gómez Llorente muere gran parte de ese socialismo digno, que cuando en el XXVIII Congreso del PSOE, un Felipe González que ya había abandonado a Isidoro en el camino y acataba las órdenes de la Internacional Socialista y la socialdemocracia alemana para desarmar ideológicamente el partido obrero por excelencia de la historia de España, supo plantar cara y defender con la razón y el corazón el legado por el que muchos habían dado su juventud y su vida. La pugna de si marxismo sí o marxismo no, no fue una guerra meramente formal de nomenclatura, fue una pugna entre la dignidad del socialismo clásico y el oportunismo de los arribistas que priorizaron el marketing a las ideas. Felipe González consiguió eliminar el marxismo de la definición del PSOE y muchos gritaron “¡Felipe, Felipe!”, extasiados por el retorno del líder mesiánico que volvía ufano al ver su órdago cumplirse a la perfección. Sin embargo algunos, como hicieron toda su vida, preferían gritar “¡PSOE, PSOE!”, desde su dignidad a un ideal tan noble como prostituido desde entonces.

Con Gómez Llorente, quienes nos sentimos socialistas por tradición y convicción estamos un poco más huérfanos. Muchos somos quienes tuvimos que buscar refugio en otras formaciones políticas más respetuosas con el ideal del socialismo democrático. Otros muchos más, como decía Hildegart al abandonar el PSOE en 1932, son esos marxistas sin partido, hartos ya de quienes traicionaron al socialismo para imponer “el socialenchufismo”.

Hoy, un hijo predilecto de aquellos que traicionaron no solo a Gómez Llorente, sino al propio ADN del PSOE le elogia, sin rubor. Quizá si las tesis de gente como Gómez Llorente o Francisco Bustelo hubiesen triunfado, el devenir del PSOE en la Historia reciente y de la Transición, podrían haber sido muy diferentes.

Dejo unas palabras de Luis Gómez Llorente publicadas en El País el 10 de julio de 1981 bajo el título de “Los socialistas ante su 29º Congreso”:

“Tomen ustedes los discursos de Prieto, de Largo, aun de Besteiro, o los escritos de Pablo Iglesias, vean lo que decían sobre el régimen económico capitalista, sobre el nacionalismo vasco o catalán, sobre el problema militar, sobre la Iglesia española, sobre el orden internacional, fíjense incluso en los programas electorales que planteaban, y compárenlos con las piezas oratorias o con los escritos de Felipe González, sea en el lenguaje -cosa bien significativa-, sea en el fondo de sus actitudes con respecto al sistema económico y social existente. Resulta obvio que algo habría que cambiar, puesto que la realidad actual es en parte diferente, pero se ha cambiado tanto en las posiciones que, naturalmente, no todos los socialistas han de pensar que tenían que modificarse en la misma forma”.

 

¡Que la tierra te sea leve compañero!

El gallego que quería ser como Nixon

El 3 de noviembre de 1969, Richard Nixon, presidente de los Estados Unidos de Norteamérica por aquel entonces, pronunció uno de los más célebres discursos de la retórica política y que pasaría a conocerse como “La gran mayoría silenciosa”. En dicho discurso pretendía explicar sus planes para acabar con la guerra de Vietnam y buscaba el apoyo de lo que él definía como la “mayoría silenciosa”, que no era otra cosa que los norteamericanos que, según su lógica, conformaban una mayoría al no formar parte de los multitudinarios eventos y protestas que se extendían por todo el país en contra de una guerra en la que nadie creía. Decía Nixon:

“Por lo tanto, a vosotros, a la gran mayoría silenciosa de mis conciudadanos, pido vuestro apoyo. Juré en mi campaña presidencial acabar con esta guerra, de manera que pudiese ganar la paz. He iniciado un plan de acción el cual me permitirá mantener ese juramento. Cuanto mayor apoyo pueda tener de los ciudadanos Americanos, más pronto este juramento podrá ser cumplido. Cuanto más divididos estemos en casa, menos probable es que el enemigo negocie en París.”

Si la sociedad se revuelve, si la hostilidad crece, lo mejor sin duda es aferrarse a decir que sólo unos pocos se oponen a tus ideas. Cuando esos pocos son miles, cientos de miles o millones, siempre quedará el juego de decir que muchos más millones están en sus casas. Es un juego de trileros políticos al que estamos muy acostumbrados y que lo ha contaminado todo. Cuando una huelga paraliza el 80% de un país y mueve manifestaciones masivas, siempre será más sencillo decir que los que fueron a la huelga lo hicieron coaccionados y que los manifestantes son una minoría, pues una mayoría no está en dicha manifestación.

Este simplismo político, esta facilidad para hacer piruetas políticas, es digna de personajes cuya prepotencia les ciega. Y, como siempre que a este lado de los Pirineos hablamos de prepotencia y simplismo político, no podía faltar en esta narración nuestro querido presidente.

El bueno de Mariano se puso el mundo por montera hoy y ni corto ni perezoso, no tuvo rubor alguno en evidenciar su simplismo político delante del mundo entero en la ONU. Dicen que las cosas mejor hacerlas bien que no hacerlas, y ya de hacer el ridículo, que sea como Dios manda:

“Permítanme que haga aquí en Nueva York un reconocimiento a la mayoría de españoles que no se manifiestan, que no salen en las portadas de la prensa y que no abren los telediarios. No se les ven, pero están ahí, son la mayoría de los 47 millones de personas que viven en España. Esa inmensa mayoría está trabajando, el que puede, dando lo mejor de sí para lograr ese objetivo nacional que nos compete a todos, que es salir de esta crisis”

Nuestro Mariano quiso jugar a ser mayor, quiso que el mundo entero viese que él era un estadista de alto calibre, de esos que negocian en grandes cumbres el futuro de naciones enteras y que con sus discursos, respetables o no, pasan a la historia. Pero lo que Mariano consiguió no fue eso, sino aparecer como una quimera patética, como el transformista mal maquillado de un ajado cabaret.

Quiso nuestro presidente, en un burdo intento por emular a un más que probable ídolo de su juventud, jugar a ser Nixon, y no lo consiguió. Como decía Karl Marx en el 18 de Brumario de Luis Bonaparte:

“Hegel dice en alguna parte que todos los grandes hechos y personajes de la historia universal aparecen, como si dijéramos, dos veces. Pero se olvidó de agregar: una vez como tragedia y otra vez, como farsa.”

Nuestro Mariano es una farsa como farsa fue su programa electoral y como farsa es su promesa de querer salir de la crisis. Mariano es un pelele, un pinocho que quiere ser grande y que no duda en buscar un suicidio colectivo y en destripar un Estado entero para servirselo en bandeja a sus amigos los mercados. Esperemos que el clima de respuesta social se convierta pronto en su Vietnam, por nuestra supervivencia y por su ego.

Sesión de tarde: “Český sen” (2004)

Cuando en 2011 visité la República Checa, me inundó una sensación de desasosiego, de bombardeo comercial, de un lugar que habiendo sido el gran laboratorio del socialismo -primero con rostro humano y luego del burocrático y deshumanizado- se hundía en una vorágine y orgía consumista mal digerida.

Los Kentucky Fried Chicken, McDonald’s, casinos, cabarets o absenterías inundan la capital que vió fluir las letras de Ota Pavel, el tormento de Kafka o esos adoquines testigos de la titánica labor de humanizar un régimen que apretaba con puño de acero y había olvidado la idea de tomar el cielo por asalto.

Eso es lo que vemos reflejado en esta película, un falso documental, que pone en pie un experimento sociológico impresionante: demostrar al espectador la capacidad de los medios de comunicación y de la publicidad de hacer crear a un pueblo la necesidad de consumir.

La pelicula está realizada por Vít Klusák y Filip Remunda, dos estudiantes de cine de Praga, que pretenden demostrar lo ridículo que en ocasiones es el ser humano y de ese embudo que utiliza el capitalismo para convencer a los pueblos de consumir y ansiar cosas que realmente no necesitan.

Los dos directores crearon un multitudinario experimento sociológico basado en una mentira: la apertura de “Český sen” (Sueño checo), un nuevo centro comercial gigantesco con precios ridículos. Para ello se sirvieron de una campaña publicitaria muy elaborada, que inundó Praga de vallas publicitarias, panfletos, carteles, anuncios en televisión y radio y en la prensa. Una campaña poco convencional que, con eslóganes como “No queremos que compres aquí” o “No gastes dinero”, crearon entre los praguenses la necesidad imperiosa de acudir a su inauguración.

El día de su inauguración, ante el supermercado, 4.000 checos se agolpaban por la mera necesidad de estar allí. En su lugar solo construyeron la fachada. Por detrás no había nada, como una irónica tramoya de los sueños rotos que provocó la entrada en un sistema que no era tan justo como parecía, al que no se supieron adaptar del todo por llegar todo tan rápido y estando ya al borde de un nuevo cambio que revolvía a la convulsa sociedad checa: la entrada del país en la Unión Europea.

Este falso documental es una dura crítica a la creciente búsqueda de la felicidad a través del consumismo en la época post-comunista pero, en definitiva, es una crítica en conjunto a un sistema económico que solo busca crear falsas necesidades y en el que, desgraciadamente, todos acabamos, en un momento u otro, cayendo.

Título original: Český Sen (“El Sueño Checo” en castellano).
Dirección: Vít Klusák y Filip Remunda
País de produccción: República Checa
Productora: Czech Television/ FAMU/ Hypermarket Film/ Studio Mirage.
Año: 2004
Duración: 86 min.

Se apaga una voz

Aunque no lo parezca, en estos tiempos, las noticias que a uno le interesan no son tanto la prima de riesgo, la geopolítica de Oriente Medio o el nuevo caso de corrupción destapado a cientos de kilómetros de tu casa. Lo que a uno le interesa, lo que uno primero lee, es lo que ocurre al lado de su casa, en su municipio o dos municipios más allá.

Siempre defendí la necesidad, ahora que la tecnología lo permite, de que se impulsasen los medios digitales de proximidad porque los medios de comunicación tradicionales, por motivos obvios, no pueden dar espacio a todas las noticias. Cuando hace ya un tiempo apareció “La Voz del Bajo Nalón” me encantó, me puse muy contento de que alguien compartiese conmigo la necesidad de dotar de medios de información que, aunque modestos, nos acercasen las noticias de nuestro entorno de una manera directa y no solo que compartiese esa necesidad, sino que tuviese la valentía que otros, viendo esa carencia, no teníamos.

A lo largo de todo este tiempo pude leer y oír muchas críticas hacia ese medio digital (aunque siempre más los elogios), la mayoría de ellas a mi juicio injustas. Se le acusaba, sobre todo, de no poner con nombres y apellidos quién gestionaba la página y eso quizá es para mí el mayor valor, porque realmente es lo que la gente quería, una excusa, un nombre sobre el que cargar y acusar de partidismo o de amiguismo a unos u otros. El hombre es un lobo para el hombre.

Para mí siempre demostró respeto, compartiendo las noticias con su respectiva fuente y ayudándonos a estar más al tanto de nuestra comarca. Siempre hubo espacio para todos aquellos que quisieron participar y eso en los tiempos que corren no es cosa fácil. Desde las fiestas de toda la comarca, hasta los comunicados y opiniones de todo aquel partido político, asociación o colectivo que tenía algo que decir y quería compartirlo. En el caso de Izquierda Unida, donde milito, el trato que se nos dió siempre fue exquisito, haciéndose eco de todo lo que les hicimos llegar y consideraban que podía tener interés y haciéndose eco también de las réplicas que otros nos hacían. En ese sentido, no podemos sino agradecer el respeto mostrado y el buen trato recibido siempre.

Por desgracia, esta voz que era de todos, se apagará seguramente a finales de este mes, llevándose consigo ese pequeño espacio de internet que cada día nos recolectaba de manera desinteresada y con mimo todo lo que sucedía en nuestro entorno. Algunos se alegran, mejor relegar Pravia a un cuadrín esporádico en algún medio de índole autonómico a consentir un medio modesto donde todo el mundo tenía cabida.

¡IVA España!

Todo eran risas: que si el verano, que si unas cañas aquí, que si picamos algo en la terraza… pero al final llegó septiembre  y con él la subida del IVA y la caída de España un par de escalones más hacia el subdesarrollo.

Desde hoy, la práctica totalidad de los bienes de consumo se gravarán con un 21% de IVA, exceptuando, claro está, los bienes de lujo, no vaya a ser que entre el estrés de salvar bancos con dinero público y de desalojar a familias, el caviar les vaya a sentar mal a banqueros y politicastros de guante blanco a su merced. En una situación como la actual, con más de 5 millones de desempleados, con familias en la calle y con miles de hogares donde no se percibe ningún tipo de ingreso, lo normal y lógico para reactivar la economía es elevar los precios, parecéis tontos.

Todos nos tenemos que apretar el cinturón y ser solidarios, no somos conscientes de que incluso diputados del PP que perciben 5.000 euros de sueldo las pasan canutas para sobrevivir. A mí, en un alarde de patriotismo, me alegra que ahora pase de tener un 15% de retención del IRPF a un 21%, ¿para qué quiero el dinero si con ello puedo salvar España? Si tengo que dejar de pagar el alquiler y volver a casa con mis padres, pues se hace, que no se diga que no hacemos sacrificios por salir de la crisis.

Mi fervor patriotico llega a tales cotas que invito a los otros 909.999 ciudadanos del reino de España que hoy se quedan sin cobertura sanitaria a que se unan a mí, que defiendan España y no se dejen sucumbir. ¿Qué es eso de la sanidad universal? Eso es cosa de cubanos y comunistas, nosotros somos libres, demócratas, nosotros podemos comprarnos un Audi si queremos. Bueno, quizá no tengamos dinero para comprarlo, pero tenemos la libertad de comprarlo, que a fin de cuentas es lo que importa. Libertad de comprar es libertad, la igualdad es solo cosa de progres y perroflautas.

Todo son risas… hasta que te das cuenta de que ésta es la puta realidad que nos toca vivir, de que hay miles de personas que a diario rebuscan en los contenedores de nuestras calles para comer y de que más de un 20% de la población se encuentra ya bajo el umbral de la pobreza y en riesgo de exclusión social. Cuando ves que una panda de hijos de la gran puta que priman los intereses de unos pocos sobre los de la mayoría, que carecen de la más mínima empatía social y humanidad para eliminar de un plumazo algo tan básico como el derecho a una cobertura sanitaria universal o para elevar impuestos sobre bienes de consumo y de primera necesidad, te das cuenta de que quizá estamos aún más cerca del abismo de lo que pensábamos. Quizá llegue el momento de romper la baraja, de cambiar el miedo de bando y de la rebeldía inunde las calles. El patriotismo no es una bandera, ni una selección, ni una nación. El patriotismo es estar con los tuyos, con los que sufren, con los eslabones más débiles de la sociedad, es estar con la mayoría silenciosa que sufre por la avaricia y usura de unos pocos. Pero pobres de esos pocos el día que los que menos tienen, por no tener, ya no tengan ni miedo.

Sé lo que hicisteis el último verano

 Este domingo, 2 de septiembre, se cumple un año de la reforma de la Constitución que aprobaron en el Congreso PSOE y PP, que implicó “cambiar de raíz el actual modelo económico sólo para favorecer aún más los intereses del capital financiero.” Con la reforma se limita el deficit público y se da prioridad absoluta al pago de la deuda, impidiendo así que el Estado pueda endeudarse para financiar los servicios públicos, las políticas sociales o crear empleo público.

Hace un año, Izquierda Unida llevó a cabo una campaña para exigir un referéndum sobre la reforma, y anunció, como se ha cumplido, que tras la misma “la receta para el futuro se basa en el recorte y el deterioro de los servicios sociales, la liquidación de lo público y el ataque a las condiciones salariales y laborales de los empleados públicos y el conjunto de trabajadores y trabajadoras”. Como estamos viendo, con la reforma, se prioriza el rescate a la banca, mientras empeoran cada vez las condiciones de vida de las personas.

La Troika y el desmantelamiento de las entidades locales

En estos tiempos, ninguna decisión política es casual, ni nada es tan inevitable como se pretende. Llevamos cuatro años de cosas “inevitables”, de sacrificios constantes sobre la mayoría, de recortes y de una paulatina destrucción y degradación de los servicios públicos y de las relaciones capital-trabajo. El desmantelamiento del Estado del Bienestar y la puesta en práctica de todo el corpus dogmático del neoliberalismo y la escuela de Chicago, están aprovechando la coyuntura de una crisis sistémica global para crear laboratorios donde poner en práctica sus teorías.

Ante este panorama no es raro pensar que tras las cuestiones meramente económicas y la mercantilización sistemática de todo lo susceptible de ser transformado en negocio de unos pocos (aunque conlleve negar su acceso a la mayoría), el siguiente paso será prolongar una degradación democrática que bajo la excusa de la austeridad y los eufemismos de los ajustes, mermen la soberanía de los pueblos y el sistema democrático actual.

En el estado español hemos sido testigos de estos ataques sistemáticos a la soberanía que han venido supuestamente inducidos por la Troika (BCE, FMI y Comisión Europea), asumidos con pragmatismo papanatas por unos y con entusiasmo neoliberal por otros. Los unos, siempre sumisos a los poderes financieros y los otros muy contentos de poder poner en práctica sus teorías económicas ocultas y bien estudiadas por sus think tanks.

Hace un año se aprobó una reforma constitucional express, pactada por los dos grandes partidos que apuntalan el bipartidismo, por la que se elevaba la contención de déficit al grado de ley y abría las puertas de par en par a la intervención de los poderes económicos sobre el poder político (sí, aún podían intervenir más si cabe). Recortes de unos, recortes de otros, fueron fraguando una situación de ofensiva multidimensional en todos los flancos de la sociedad que desbordó la propia contestación social. Llegaba la hora de amordazar las instituciones.

En Portugal, donde la troika también cabalga a sus anchas y donde también los dos grandes partidos que apuntalan su sistema colaboran fervientemente con ella, van mostrandonos el camino de la política oculta de nuestro gobierno. Punto por punto en España se van tomando las mismas medidas que meses antes fueron tomadas en el país vecino y hermano, entre ellas, la oleada de antimunicipalismo.

El gobierno portugués puso hace meses sobre la mesa una ley que pretende eliminar las freguesias, el equivalente luso a nuestras parroquias rurales y concejos, que dió lugar a un movimiento cívico en defensa de las mismas agrupado en la Plataforma Nacional contra a extinção de freguesias. Los argumentos esgrimidos por el gobierno portugués fueron exactamente los mismos que los empleados por el de Mariano Rajoy: que las entidades locales son ineficientes, que se pretende ahorrar costes, que se busca reorganizar para dar mejor servicio.

Lo que es evidente es que nada es casual y que estas medidas tienen una intencionalidad política clara, una revancha de antimunicipalismo que apuntale las mayorías de los partidos turnistas, dificultando la entrada en las corporaciones locales de listas minoritarias o de corte alternativo. Bajo la excusa de un ahorro en sueldos a concejales (cuando más del 90% de los concejales no cobran), se pretende dejar fuera a cualquier opción política que no esté controlada por cúpulas estatales afines a los intereses finacieros de la Troika.

La eliminación de nuestras parroquias rurales, las entidades de gestión más cercanas a los ciudadanos, que producen superávit año a año y que son el eslabón fundamental de miles de ciudadanos con la política, es un intento de fiscalizar el entorno rural, de acaparar sus recursos y provocará mayor abandono al hacerlos depender de núcleos mayores. La eliminación de concejales restará pluralidad y restará eficiencia en los ayuntamientos.

Quizá, la solución, debería pasar por la búsqueda de una confluencia en las luchas de los pueblos que hoy por hoy en Europa se ven amenazados por el rodillo neoliberal. Los ataques de los mercados y poderes financieros no entienden de banderas y tienen un plan marcado muy estudiado. De nosotros depende confluir o rendirnos.