¿A qué tiene miedo la FSA?

El día llegó y se consumó el pacto electoral entre PSOE y PP -y su subproducto Foro Asturias- para seguir blindando un sistema electoral que bonifica a los grandes y ningunea a las alternativas electorales al bipartidismo. Hay noticias que por esperadas no dejan de irritar cuando se producen, y para quienes defendemos el principio básico de la democracia de “un ciudadano, un voto” es evidente que nos irrita el nuevo espectáculo del PSOE asturiano, poco dado a asumir sus cambios de perfil y de lugar y a gestionar las discrepancias con el resto de formaciones con humildad y un mínimo talante democrático.

Desde hace años, Izquierda Unida viene defendiendo a nivel federal un sistema electoral justo y proporcional, que cada voto valga lo mismo esté donde esté la urna y lleve el logotipo que lleve la papeleta. En la misma línea está UPyD, con el agravante de que firmó un acuerdo de legislatura con el PSOE en Asturies que pivotaba esencialmente sobre una reforma electoral. Quizá el PSOE debería explicar por qué es capaz de pactar cosas que es obvio que no cree en ellas ni piensa apoyarlas solo por gobernar a cualquier precio. El suave tacto del sillón de presidente o de consejero parece que justifica pactar incluso con el demonio mismo si hace falta.

A mí como ciudadano, como asturiano, del occidente y votante de un partido de los llamados minoritarios me preocupa mucho esta reforma, uno de los vectores fundamentales de mi pensamiento político. Quizá para un miembro del PSOE seré un egoísta por pretender que mi voto valga lo mismo que el de mi vecino o el de cualquier otro asturiano. No creo que pida tanto.

Me preocupa mucho pensar a qué tiene miedo la FSA blindando de tal manera sus privilegios y volviendo a consumar su pacto tácito con el PP de defender un régimen que se resquebraja. Me preocupa que la FSA tenga miedo a que se establezca que los candidatos de cada partido se escojan por primarias, quizá porque comience así a perder peso el poder impositivo del aparato. También me preocupa que la FSA tenga miedo a que se establezcan debates electorales entre candidatos en los medios públicos, porque quizá así las asturianas y asturianos podríamos ver que fuera del PP y del PSOE, de la PEPSI y la CocaCola, hay otras opciones que igual interesan también a las asturianas y asturianos. Me preocupa, como es obvio, que la FSA tema tanto las listas desbloqueadas que permiten que los votantes escojan a sus políticos preferidos dentro de la lista que presenta el partido, quizá porque sabe que de ser así en occidente nadie habría votado a un señor de Cudillero que tanto conocíamos ya y no le podrían pagar los favores políticos. Quizá teman que el envío de la correspondencia electoral se pretendiese hacer conjunto para ahorrar gastos al ciudadano y no saturar los buzones. Me preocupa, en definitiva, que la FSA tenga tanto miedo a profundizar en la democracia y a poner a Asturies al frente del estado en lo que regeneración política se refiere.

Lo que es lamentable es la patrimonialización de la responsabilidad que tanto les gusta repetir en la FSA pero, como decía Vaclav Havel, la responsabilidad no se predica, se practica, empezando por uno mismo. No exijan responsabilidad a los demás, cuando son los primeros que con la calculadora en una mano y la tijera en la otra, pretenden aferrarse al poder a cualquier precio, incluso el de obstaculizar cualquier intento de regenerar la democracia asturiana.

Como bien dice Miguel Presno en su blog, perdimos la oportunidad de ser un poco menos idiotas. Una vez más.

 

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