¡Que vienen los comunistas!

Siempre dije que, durante los años en los que milité en las Juventudes Socialistas de Asturias, había tenido oportunidad de aprender muchas cosas, algo que de por si ya hace la experiencia positiva. Aunque dicho aprendizaje no siempre hubiese sido de cosas buenas, aprender, aunque sean las cosas malas, es aprender de todos modos.

Durante esos años uno de los mantras que más oía era “son los comunistas”. Con quince años, viniendo de un páramo político como Pravia donde la política se concebía (y se concibe) única y exclusivamente con citas electorales cada cuatro años, pues evidentemente me causaba sobresalto pensar en la actividad y omnipresencia de “los comunistas”, algo etéreo que disponía del don de la ubicuidad y que generalmente también poseía una maldad innata, siempre planificando como atentar contra la sociedad y contra la izquierda. Yo me los imaginaba en sótanos de todos los concejos de Asturies, tramando a la luz de un candil el siguiente golpe certero contra el socialismo y quizá haciendo algún pacto con el demonio, o con el PP, que también tenía escuchado que “los comunistas”, solo existían para colaborar con la derecha.

Poco a poco me interesé por investigar este fenómeno, entre cena y cena de Juventudes, entre salidas de copas nocturnas y alguna que otra esporádica charla, me quedaba patente entre los compañeros una preocupación acuciante sobre “los comunistas”. A mí reconozco que me causaba excitación, quería desentrañar el misterio de cómo podían mis compañeros reírse de los insignificantes comunistas de Izquierda Unida y a la vez demostrarme día a día tal preocupación por “los comunistas” que lo inundaban todo. Entenderá el lector que un misterio de tal calibre es, cuanto menos, excitante.

Mis indagaciones comenzaron con el tejido asociativo, porque más allá de saber que “los comunistas” se caracterizaban por saber mucho de “lo suyo”, también era una referencia muy común su intoxicación de las asociaciones juveniles. Comencé a preguntar y poco a poco elaboré una lista de “los comunistas” que hubiese sido la envidia de McCarthy, se hubiese podido hacer una pequeña caza de brujas a la asturiana y aun estaríamos quemando demonios rojos. Descubrí que asociaciones feministas como Milenta moces y muyeres, eran el sector femenino de “los comunistas”; los scouts, eran “los comunistas” de camping; Xega, eran “los comunistas” a los que les gustan “los comunistas” de su mismo sexo; la Xunta no se libraba y también, eran “los comunistas” que hablaban raro, incluso llegué a intuir que la Pita era un peligroso agente al servicio de… bueno, sí, de “los comunistas”.

Evidentemente el siguiente paso era investigar los partidos políticos, que era donde estaba el núcleo duro de “los comunistas”. El malo, malo de todos era Izquierda Unida, que en realidad solo disimulaba, era el PCE mirando de lado y silbando, todos lo sabíamos, pero les hacíamos creer que no, no fuese a ser que nos montaran el Muro de Morcín o algo de eso que hacían ellos, también los del PCPE, que eran como los del PCE pero sin disimular. Luego había otros grupos de “los comunistas”, generalmente con boina y hablando raro, como los de Andecha, los de IAS, BIA, y, en general, todas sus juventudes, que eran pequeños cachorros de “los comunistas” y a los que debíamos enfrentar nuestro proyecto, una dura batalla entre el bien absoluto y el mal.

Pasados los años, la lista fue aumentando, y llegó a su máximo exponente cuando la Escandalera en Uviéu y la plaza Mayor en Xixón, fueron ocupadas por “los comunistas”, en este caso, que tocaban la flauta.

Al final de mis indagaciones descubrí cuál era la explicación de la omnipresencia de “los comunistas”: que no existía y que todo estaba en la cabeza y, sobre todo, en el cargo de conciencia de quien sabía que lo estaba haciendo mal. Descubrí que, realmente, “los comunistas” era la etiqueta comodín para definir a un tótun revolútun de colectivos que discrepaban de las políticas del PSOE y a los que era más fácil intentar ignorar, que intentar comprender o analizar si lo que defendían podía tener algo de razón. Incluso yo, procedente de tradición pablista, llevo sobre mí la etiqueta de ser de “los comunistas”.

En el día de ayer, militantes de las Juventudes Socialistas de España fueron zarandeados en la manifestación contra la LOMCE de Madrid por un grupo de jóvenes que portaban banderas con hoz y martillo. Una vez más, la ignorancia, el disparar por disparar, quizá influenciado por un pánico a los sondeos electorales, hizo lanzar las acusaciones contra Izquierda Unida y contra las juventudes del PCE. Algo como lo ocurrido hace unos meses con  Beatriz Talegón en una manifestación antideshaucios, cuando se acusó a Izquierda Unida de estar tras una situación similar.

A continuación dejo algunos twits de diputados, cargos y militantes del PSOE, así como un video del suceso al final. Y tengan cuidado, que vienen “los comunistas”.

 

 

 

 

 

El diputado del PSOE y vicepresidente de la Junta de Extremadura:

Afortunadamente siempre quedan honrosas excepciones, en este caso de Xixón

 

Video de la manifestación:


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