La telaraña de IU en Asturies: rebelarse o resignarse

Al fin se abrió el melón en Izquierda Unida y se pusieron las cartas sobre la mesa de cara a la participación en un futuro gobierno del Principado, evidenciándose que existe una postura mayoritaria del Consejo Político que apuesta por la negociación con la FSA-PSOE de cara a entrar a formar gobierno coaligados.

Algunos dicen que por valentía, que es hora de mojarse y que se lo debemos a los votantes. Dicen estos algunos que la ciudanía tiene memoria, que sabe ver dónde IU hace bien sus labores y que si hemos crecido se debe al gran recuerdo que tienen de nuestra gestión autonómica. También se aventuran a decir que sería una irresponsabilidad no entrar al gobierno a minimizar los efectos de los recortes en las asturianas y asturianos.

Pretender amortiguar recortes es, per se, una contradicción para Izquierda Unida y para el pensamiento de izquierdas en general, es renunciar al proyecto identitario de la izquierda, es poner en jaque lo público y caer en el zafio juego del individualismo y el sálvese quién pueda del discurso dominante. Pretender minimizarlos es asumir y aceptar el discurso de la austeridad, de que lo público es deficitario y de que hay que apretarse el cinturón ante una supuesta única fórmula neoliberal impuesta por los mercados.

Izquierda Unida es, o debe ser, la alternativa de la izquierda con vocación de gobernar. Discrepo con quien se escuda en nuestra falta de apoyo electoral para justificar que solo mediante pactos con el social-liberalismo se pueden llevar a cabo nuestras políticas, de que mendiguemos una supuesta visibilidad institucional y unas parcelas mínimas de poder. No somos el pepito grillo del social-liberalismo, no nos corresponde a nosotros la titánica labor de izquierdizar al PSOE, sino a sus militantes si es que consideran que el abismo que les separa de su nicho electoral merece algo más que eslóganes vacíos. Vivímos en un sistema político que castiga la discrepancia, la disidencia y el cuestionamiento del propio sistema. La tenaza del bipartidismo, unos medios de comunicación vendidos y subyugados al poder reinante y, para que engañarnos, una falta de claridad de nuestro discurso influyen en esa lenta conquista de apoyos. Precisamente por esa dificultad, por esa poca claridad, Izquierda Unida debe dejar de jugar al escondite, al rebelarse en campaña electoral y a resignarse en las instituciones.

Nuestra labor, el primer punto de nuestra agenda política, pasa irremediablemente por la construcción y fortalecimiento de un bloque de resistencia a los envites del neoliberalismo, un polo de izquierdas con una nítida oposición a los recortes y a las políticas de austeridad que explotan no solo a la clase trabajadora sino incluso a la propia soberanía nacional de los pueblos de Europa. Nuestra obligación histórica pasa ahora por la construcción de resistencias, de una hegemonía disidente y rebelde que plante cara y señale con el dedo a los causantes de la crisis capitalista. El ‘sorpasso’ que sacude Grecia con la previsible victoria de Syriza, coalición hermana de Izquierda Unida, nos demuestra que la construcción de estos polos de resistencia y oposición a las políticas de ajuste no solo son posibles, sino que son la única vía hacia una salida social de la crisis y a un replanteamiento de los principios mismos de la UE.

Asumir las recetas de ajuste, los golpes de mercado, es asumir y aceptar la manzana envenenada de quienes no cuestionan, sino gestionan. No podemos gobernar con quien legisla contra los trabajadores con reformas laborales que nos condenan a los jóvenes a un presente y futuro de miseria, ni con quienes no se oponen a las jornadas de 65 horas, que retrasan la edad de jubilación, que regalan miles de millones de euros a la banca para que socialicen sus pérdidas o que prostituyen la Constitución para perpetuar la limitación del déficit público que es, en definitiva, lo que da cobertura legal a los recortes y los ataques sistemáticos a lo público. Gobernar, pretendiendo amortiguar los recortes, es asumir que la única salida a la crisis es la mera gestión de las migajas, es suponerle una bondad al social-liberalismo que no tiene y es otorgarle la legitimidad de hacer recortes “de izquierdas”.

Decía Mark Twain que un hombre con una idea nueva es un loco hasta que la idea triunfa. Tenemos las ideas, si no somos valientes por una vez, si no planteamos que queremos ser una alternativa real, si no demostramos a la ciudadanía que nuestro proyecto no pasa por un mero encasillamiento de gestión de pequeñas parcelas, estamos perdidos. En manos de Izquierda Unida está demostrar que queremos otra sociedad, que tenemos un proyecto y que representamos a los de abajo, a los más débiles de la cadena. Yo, al menos, considero que debemos seguir ese hilo rojo de la historia que nos une con los de abajo, con los que lucharon y luchan por una sociedad justa a quienes debemos la lealtad, no a los voceros del institucionalismo liberal, a quienes nos acusarán de voto inútil, de pinzas de la derecha o de locos cuando no les bailemos el agua y planteemos alternativas reales. En nuestra mano está empezar desde Asturies la construcción de ese polo de resistencia contra los mercados, que sirva de modelo para el resto de compañeros de IU o, por el contrario, podemos optar por la resignación y la gestión de los recortes, manchándonos las manos con una crisis que no hemos provocado y siendo cómplices del desmantelamiento de lo público. Yo personalmente, al igual que lo creía en la campaña, creo que es hora de REBELARSE y no de RESIGNARSE.

Algunas propuestas (recopiladas de varios compañeros) que podrían formar parte de la hoja negociadora con la FSA para una salida social a la crisis:

  1. Plan Regional de recuperación pública de los sectores estrategicos. Que las empresas que cierren puedan ser recuperadas desde la administración autonómica y se pongan en marcha mediante mecanismos de cooperativismo o autogestión de los trabajadores.
  2. Creación de un Instituto de Crédito Regional que financie a PYMES, sectores de economía real y el Plan Regional de Recuperación Industrial. Defensa del Plan del Carbón.
  3. Modificación Fiscal progresiva. (Ecotasa, Impuesto Patrimonio, Impuesto Sociedades). Lucha contra el fraude fiscal. Supresión inmediata de las ventajas fiscales de la Iglesia Católica y otras confesiones religiosas (IBI) y compromiso de la progresiva erradicación de los conciertos educativos y sanitarios en Asturias.
  4. Plan de Choque contra el paro y la precariedad juvenil. Ayudas a la emancipación de los y las jóvenes.
  5. Articular medidas encaminadas a erradicar los desahucios por despidos de los miembros familiares. Campaña de Dación en Pago y recolocación de las familias en viviendas públicas. Fin de colaboración con entidades que no ejecutan la dación en pago o no renegocian una deuda temporal. Llegado el caso: utilizar los edificios del Gobierno, la banca y la iglesia para alojar a las personas sin hogar.
  6. Instalación de comedores populares en toda la región para familias con pocos recursos y promoción de economatos públicos con subvención para alimentos de primera necesidad. Gratuidad del desayuno y comida de los niños con familias en riesgo de exclusión e hijos de parados de larga duración.
  7. Rebaja salarial del 30% de todos los miembros del Gobierno Autonómico asi como cargos de confianza y asesores, así como la reducción de estos últimos.
  8. Plan de Ganaderia y Agricultura con el fin de revitalizar estos sectores. Que los frutos de esta actividad reviertan en los comedores públicos y los economatos. Respeto del Medio Ambiente. Nicho de Empleo Verde.
  9. Defensa de la Sanidad y la Educación Pública. No recortes salariales. Congelación de Tasas.
  10. Plan de Integral por Derechos Sociales y Ciudadanos, contra la represión. Fin de las redadas a inmigrantes.

Mi postura ante el referéndum:

– No a la entrada en el Gobierno.
– Apoyo a las políticas de izquierdas que plantee el Gobierno autonómico desde la oposición consecuente.
– Oposición frontal a todo tipo de recortes. Los dos partidos que incluyeron la limitación del déficit público en nuestra Constitución tienen 27 diputados, mayoría absoluta para aprobar sus recetas de austeridad y recorte.


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