Y Debord entró en la campaña electoral

Esta tarde asistí a un mitin de Izquierda Unida de Pravia. Un encuentro modesto de una asamblea local modesta que por no disponer, ni dispone de local, aunque de lo que va sobrada es de las ganas y empeño que su coordinador, Jesús, lleva años poniendo por crear ese espacio para quienes nos situamos en la izquierda alternativa en este concejo. La falta de recursos, la falta de representación en el Consistorio (un puñado de votos faltaron para arrebatarle un acta de edil a Foro) y, sobre todo, el ser una agrupación pequeña, dentro de una organización ya pequeña de por si, hace que la lucha contra el ninguneo y silencio informativo sea aún más compleja y sacrificada.

Como iba diciendo, hoy hubo mitin de IU de cara a las elecciones del próximo 25 de marzo en el que se hizo un breve recorrido por las propuestas que tiene la coalición de cara a esta nueva legislatura tras el gobiernus interruptus de Cascos. Y digo breve porque si de algo se caracterizan los actos de Izquierda Unida a nivel local es por la posibilidad que dan de participar al público asistente, de confrontar ideas y de discutir, incluso con asistentes de afinidades políticas muy lejanas a las de la izquierda alternativa.

Una simple mesa, asiento para el aforo y un micrófono es lo único que se necesita porque en realidad, lo fundamental, es el feedback entre quien hace las propuestas y quien las recibe.

Lo triste llega cuando tienes que interrumpir el debate para dejar el espacio vacío para un ejército de operarios que herramienta en mano entran en escena para montar durante la noche la tramoya roja, el andamiaje y el cableado que retransmitirán un sucinto mensaje enlatado que recorrerá todos los rincones de Asturies. Uno se pregunta ante tal situación en qué estamos fallando para que el continente sea más importante que el contenido, que lo fundamental sea en envoltorio, el discurso concretado y concertado, encerrado en una lata de esloganes huecos que abran telediarios. Los camiones de emisión vía satélite llegan y la encargada del montaje te mira con aire entre lastimoso y condescendiente.

El situacionista Guy Debord se le viene a uno a la mente con este despliegue, con esta perversión de la política. En 1967 decía en «La Sociedad del espectáculo» que el lenguaje espectacular se constituye por signos de la producción reinante, que son al mismo tiempo la finalidad última de esta producción. Lo importante es el espectáculo, la irrealidad, la construcción de quimeras y el montaje de tramoyas que consigan una espectacularidad que es el fin en si mismo, no el medio y que evade cualquier tipo de cuestionamiento político-ideológico.

Quizá sea un romántico o un clásico, pero yo sigo prefiriendo el debate sincero de la austera y simple mesa con micrófono. Me sigue importando mucho más el contenido que el contenedor del mismo.


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: