Luis “de Susana” y “de Maruja”

Columna publicada en La información del Bajo Nalón (Número 3, noviembre de 2017)

Quiso el azar que el pasado 7 de noviembre, centenario de la Revolución Rusa, se nos fuese Luis “el de Susana”. Y no es coincidencia baladí, pues si aquel acontecimiento sacudió los cimientos de la Historia y es imprescindible para comprender el devenir del siglo XX, a escala local también lo es la pérdida de Luis, parte fundamental del paisaje cultural y político praviano.

Luis fue hijo de un retornado de Cuba y militante de la Izquierda Republicana de Manuel Azaña y de una mujer de profundas convicciones religiosas,sin duda un matrimonio que, a su manera, estaba obligado a buscar el equilibrio. Quizás por eso, por esa dualidad en casa, se forjó un carácter como el de Luis, más tendente a buscar el equilibrio que a imponer. El afecto y respeto que cosechó a izquierda y derecha son buena muestra de ello.

Estos días aproveché para desempolvar algunas grabaciones que tenía de unas entrevistas que mantuvimos en enero de 2007. En ellas Luis me habla de su infancia, del fusilamiento de su padre, de la dureza de ser huérfano de rojo en la oscura Pravia de posguerra, del despliegue de soldados durante octubre del 1934 en Pravia o de cómo colocaban flores en la cantera de Cañeo de forma clandestina. Cuenta, entre risas, que una de los mayores disgustos que le pudo dar a su madre fue el de pretender hacerse flecha del Frente de Juventudes de la Falange. Me contó sus vivencias en Acción Católica, de la democracia cristiana, del intento frustrado de Horacio Fernández “el paisano” de crear una célula comunista en Santianes, de la frustración de las primeras elecciones democráticas en las que concurrió con Unidad Regionalista. Me habló de la efervescencia de la Transición, de cómo organizaban charlas sobre cooperativismo y socialismo en Yugoslavia. De los intentos de construir el PSOE en Pravia y de cómo acabó cuajando, allá por 1976 o 1977 de la mano de personas como “Cheyo” o Manolo “el de la Roxa”.

Pero si en una anécdota se paraba era en la victoria que supuso conseguir un instituto público para Pravia, que permitiría, sobre todo, que las mujeres pudiesen acceder a estudios superiores. Aquella victoria, como si de una película de Berlanga se tratara, fue fruto de la alianza de la oposición democrática y de los falangistas, contra el criterio de Don Manuel, alcalde y director del San Luis, quien se oponía al proyecto.

Pero no podría acabar estas pequeñas líneas sin pararme en Maruja. Porque si para muchos Luis era “de Susana”, para muchos otros era “el de Maruja”, a quien muchas de las generaciones de pravianas y pravianos le debemos algo tan fundamental como leer y escribir.Aún recuerdo cómo los dibujos que allí pintábamos eran por la parte de atrás de las hojas de contabilidad de Ángel Blanco de la que Luis llevaba las cuentas y que en un ejercicio de sostenibilidad reciclábamos para practicar las primeras letras.

Se me hace difícil pensar en Luis sin Maruja y a Maruja sin Luis. Quizá, como sus padres, también en esto la suma de los dos caracteres sean la clave del equilibrio.

No sé qué criterios deben utilizarse para honrar a las personas ilustres, pero, si alguien lo merece, esos son Luis y Maruja


Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

A %d blogueros les gusta esto: