A mi república la mataron dos balas

Un reloj. A mi güela Carmina solo le quedó de su padre un reloj de bolsillo que con la oscuridad de la noche fue a entregar un testigo de aquel crimen. Ni siquiera una foto, solamente un reloj que, como elemento simbólico de su memoria se decidió que pasase a manos del primogénito. Era un 29 de octubre de 1937 y un par de tiros acabaron con la vida de José Sánchez Reinal, de 49 años, fogonero de profesión. Mi bisabuelo e hilo conductor de gran parte de mi historia familiar.

Si para muchas familias de las que perdieron la guerra un tupido velo de silencio lo cubrió todo, no fue el caso de la mía. Todos y absolutamente todos los recuerdos que tengo de mi güela pasaron siempre por recordar aquel crimen que marcó toda su vida. Le tocó compartir infancia con otras huérfanas, con aquellas cuyos padres habían muerto defendiendo a los golpistas. Pero incluso entre huérfanos hay diferencias. Ellas tenían un lugar donde ir a llorar a sus padres, donde llevar flores. A sus madres y parientes se les recompensó con alguna oficina pública en monopolio. Ellas no sufrieron ni el hambre ni el pasar toda una vida sin tener donde llorar a los tuyos.

Aquellos dos tiros de octubre de 1937 no solo se llevaron la vida de José Sánchez Reinal, también se llevaron la infancia, la juventud y media vida de mi güela. Trajeron las miradas, los recelos, las presiones para que mi bisabuela malvendiera aquella pequeña canterina que le costó la vida a José. Trajeron hambre y sobre todo intentaron traer vergüenza. Cuando llegaron los años 80’s, con el tirano muerto, aún tocó aguantar los comentarios complacientes por parte de esas otras huérfanas de que quién iba a decir que el nieto de un rojo fuera a la universidad, que vaya mérito.

Y murió mi güela y quiso la mala fortuna que tenga que reposar a escasos dos metros de un mastodóntico memorial a los “caídos por Dios y por España” con poemas de Sánchez Mazas incluídos. 

A José Sánchez Reinal lo mataron en la Junquera, en San Esteban. Cada viaje que hice durante toda mi infancia en el tren Pravia-San Esteban mi madre se encargaba de recordarme el punto exacto de aquel trazado donde estaba enterrado su abuelo.

Lamentablemente las sucesivas obras durante décadas primero del Vasco-Asturiano, luego de FEVE, así como la composición del terreno nos hacen prácticamente asumir que hace ya décadas que dicha fosa fue destruida. Por la desidia, por los avatares del tiempo. Y es una pena, porque a mi güela, a mi madre, poder rescatar esos restos de allá donde desde hace 70 años unos miserables que ya llevan décadas muertos decidieron esconderlo, hubiese sido la mejor forma de hacer justicia. El al menos dar sepultura digna donde la familia queríamos. 

Recuperar la memoria, reivindicar la república, es, para mí, reivindicar mi historia, mi familia y nuestro derecho a construir un país en igualdad, justicia y, sobre todo, en el que todas aquellas familias que así lo deseemos podamos tener un lugar donde honrar a los nuestros. Un país que herede lo mejor de aquella república que nos robaron para construir el futuro que merecemos.

Te mando besos de agua
para que curen tus heridas
te mando besos de agua…

Republicanismo con memoria en Pravia

Un año más, las republicanas y republicanos de Pravia nos volvimos a reunir aprovechando la efeméride del 14 de abril para recordar y, en esta ocasión, también para reivindicar justicia así como discutir sobre la república que queremos construir.

En esta ocasión desde Izquierda Xunida de Pravia quisimos dar un paso al frente y construir esos espacios para la memoria que otros, por desgana, dejadez o desprecio, prefieren que no tengan espacio en nuestro concejo. Por ese motivo nos propusimos dar un paso al frente organizando unas jornadas tituladas “Memoria y República” que, con espíritu de continuidad, sirvan como referente para el republicanismo y la reivindicación de nuestra memoria cada año en Pravia.

Se llaman así porque queremos hilvanar ese fino hilo democrático que nos une con aquella república robada y con quienes por ella dieron su vida. No queremos una república de vitrina, de museo, no queremos exponer banderas y constituciones, sino construir un nuevo modelo de estado que tenga sus pilares en la igualdad entre ciudadanos. Tampoco queremos una república construida sobre el olvido y la injusticia, que permita que cientos de miles de sus ciudadanos reposen en fosas y cunetas, que sigan siendo víctimas sin justicia ni reparación, obligados a un olvido forzado, a la desmemoria de quienes prefieren vivir sobre la injusticia.

Francisco Prendes Quirós, David Fernández y Jesús Iglesias

Abrimos las jornadas con una charla titulada “El republicanismo como proyecto de futuro” en la que estuvo presente Francisco Prendes Quirós, presidente del Ateneo Republicano de Asturias y quien hizo un repaso sobre lo que el republicanismo fue y debe ser en un futuro, destacando la importancia de buscar una alianza amplia entre todos los sectores de la sociedad que aspiran a ese cambio de modelo de estado, incluída la derecha. Reseñó la importancia de que el PSOE rompiese su compromiso con la corona y asumiese el ideario republicano pues sin el PSOE no se puede construir esa república por el momento y que puede ser superado por la sociedad si no lo asume. En el acto intervino también Jesús Iglesias, senador de Izquierda Xunida, que disertó sobre qué república propone IU, coincidiendo en muchos aspectos con los planteamientos de Prendes Quirós.

David Fernández y Luis Miguel Cuervo

La segunda sesión de las jornadas giró en torno a la república que nos robaron y bajo el título de “La represión franquista en Asturies y Pravia” intentó hacer una breve aproximación a lo que supuso la represión en Asturies y, más concretamente, en Pravia. En esta charla tuve el honor de poder compartir mesa con Luis Miguel Cuervo, investigador de la represión en Asturies y con quien me une el haber sido una de las primeras personas con las que me aproximé a la cuestión memorialista cuando el concepto Memoria Histórica ni siquiera se utilizaba. Luis Miguel hizo una amena exposición de lo que la represión supuso en toda Asturies y aportó datos muy importantes sobre aspectos desconocidos de la historia reciente de nuestro concejo.

Jesús Lastra y Noemí Martin

Finalmente las jornadas se cerraron con el ya tradicional homenaje a las víctimas del franquismo que consistió en una ofrenda floral en el Monteagudo con familiares de las víctimas que allí reposan y un acto político en la cantera de Cañéu. En ambos actos intervinieron Jesús Lastra, coordinador local de Izquierda Xunida de Pravia y Noemí Martin, diputada autonómica de Izquierda Xunida. Jesús valoró la importancia de no olvidar, de la celebración de este acto en esta fecha y lugar como reconocimiento a quienes en Pravia dieron su vida por un sistema democrático nacido de las urnas. Destacó su tristeza ante la inexistente sensibilidad del Ayuntamiento de Pravia y, más concretamente, el PSOE de Pravia que de forma reiterada se niegan a presentar y apoyar la moción de Izquierda Xunida de Pravia de apoyo a la querella argentina que investiga los crímenes del franquismo. Noemí por su parte destacó la importancia de seguir recordando a todos quienes perdieron la vida por la república, destacando el papel de quienes como ella, habían perdido familiares víctimas de la represión.

Un momento del homenaje en la cantera de Cañéu

Unas jornadas, las primeras, llenas de errores fruto de la inexperiencia pero que nos sirvieron para poner los cimientos para construir esos espacios hoy por hoy fundamentales para las republicanas y republicanos de Pravia, así como para todas aquellas y aquellos que no olvidamos y que creemos que la izquierda debe estar comprometida con los derechos humanos y la memoria democrática de nuestro país.

Tal y como en la cantera de Cañéu gritamos los presentes, ¡Viva la república!

Tres veces tres

«Te digo, Pedro: no cantará hoy el gallo antes que hayas negado tres veces que me conoces”» (Lucas 22,34)

 

Tres veces tres negó Pedro conocer a Jesús, y tres veces tres tuvo el PSOE local para llevar a pleno la moción de condena al franquismo y de apoyo a la querella argentina que presentamos desde Izquierda Xunida de Pravia en septiembre, días antes de que nuestros representantes políticos municipales desfilasen tras la cruz y a paso de legión, coincidiendo con la negra efeméride de la entrada de las tropas fascistas en Pravia setenta y siete años atrás.

No debería coger por sorpresa esto ni tampoco le daría mucha importancia, ya que estamos acostumbrados a que todo lo que se presenta por Izquierda Xunida o cualquier colectivo que no sea afín al partido gobernante suele ser ninguneado, sea una pregunta escrita sobre un caleyo o sean más de 1.500 firmas contra la privatización de un servicio público. Pero en este caso la indignación es inevitable, porque en esta ocasión hablamos de un desprecio manifiesto incluso al sentir mayoritario de la militancia socialista a la que nos dirigimos por carta, y la que nos consta se manifestó favorable a apoyar esta moción en el Ayuntamiento.

No voy a entrar a hacer juicios sobre lo que la opinión de la militancia cuenta o deja de contar en la Casa del Pueblo, ya que es un asunto que no incumbe más que a los propios afiliados, pero sí que me produce una cierta desazón este desapego y desprecio por todo lo relacionado con la memoria democrática por parte de un sector de la izquierda de nuestro concejo.

Sesión del Consejo Municipal de la Memoria con representantes de PSOE, PP, IU y centros educativos

Fíjense en esta foto. Probablemente no la hayan visto nunca, casi me atrevería a asegurar que no existe otra foto similar a ésta. Se trata de una reunión del ya inexistente Consejo de la Memoria, que funcionó durante poco tiempo en la pasada legislatura. Esta foto produjo roces. Los representantes del equipo de gobierno recriminaron a un militante de Izquierda Xunida haberla sacado. A día de hoy podemos inturlo, pero no sabemos cuál fue el motivo de dicho enfado. Si fue que no quería que se difundiese demasiado la existencia de una comisión pedida con insistencia por IU y que era obvio que no resultaba cómoda al PSOE, o simplemente no querían dejar constancia de que personas de IU hubieran sentado sus posaderas en el espacio reservado a concejales. No lo sabemos, pero lo que sí que tenemos claro es que este tema no gustaba al PSOE local, que no tuvo el coraje de aplicar una de las leyes insignia que su partido había impulsado a nivel estatal pese a todos sus defectos y limitaciones que son muchos y graves.

Basta hacer un recorrido por el callejero de nuestra villa para darnos cuenta de que el PSOE de Pravia no solo no defiende la memoria democrática, sino que consiente y mantiene nombres de falangistas, fascistas confesos o dictadores. Ni las mayorías absolutas ayudan a que el PSOE praviano se quite determinados complejos, comience a hacer un poco de justicia y de memoria, y deje de conservar placas en honor a aquellos que hicieron tallar el testamento del caudillo en el Ayuntamiento.

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Jesús Lastra (IU) y Toni Solar (alcalde del PSOE), en el último acto que confluyeron IU y PSOE en 2011

Ni siquiera cuando se inauguró uno de los dos monolitos que en nuestro concejo recuerdan a las víctimas de la represión, el equipo de gobierno tuvo un poco de valentía, y no fueron pocos los reproches por vincular la república con las víctimas del franquismo. No seré yo quien les vaya a dar lecciones de historia a nuestros dirigentes, pero tengo la casi certeza de que el motivo por el que todos ellos fueron asesinados fue porque no comulgaban con quienes dieron un golpe de estado para derrocar un régimen democrático, como fue la II República. Supongo que a nuestros gobernantes locales no se les contagia nada de ese alma republicana que tanto pregonó el PSOE en su última Conferencia Política.

En un concejo como Pravia, que tanto sufrió la represión y en el que tantas vecinas y vecinos perdieron su vida de muerte matada, es indispensable recuperar su memoria, la de las y los demócratas que yacen en nuestras cunetas y fosas comunes. Tres veces tres se negaron a condenar el franquismo y apoyar a los jueces argentinos que investigan la desaparición forzada y la represión de la dictadura. Quizá el problema sea, en definitiva, que sólo nos puede doler a quienes pusimos los muertos y no sabemos ya dónde buscarlos.

Presentación de “Villafría 1934. Luz en la memoria”

Esta mañana estuvimos en Villafría (Uviéu/Oviedo) presentando nuestro libro “Villafría 1934. Luz en la memoria” en un acto muy emotivo donde tuvimos el honor de contar con la presencia de algunos de los familiares de las víctimas de aquella matanza que un 13 de octubre de 1934 segó las vidas de 32 personas a manos de los regulares.

Tuve el honor de presentar el acto, aquí os dejo unas breves palabras que pronuncié.

Buenos días a todas y todos, soy David Fernández, autor junto a Rubén García Riesgo, Arantza Margolles Beran y Julio César Iglesias de esta obra que sacamos hoy a la luz.

Queremos iniciar este acto agradeciendo vuestra presencia aquí a unas horas tan intempestivas y con una climatología que no acompaña. Queremos, en primer lugar, daros las gracias a todas y todos por vuestra asistencia, pero en especial a los familiares que hoy nos acompañan y con los que hemos tenido el placer de conversar y reconstruir, pieza a pieza, este trozo olvidado de la memoria de Oviedo y de Asturias.

Decía Saramago:

“somos la memoria que tenemos y la responsabilidad que asumimos. Sin memoria no existimos y sin responsabilidad quizá no merezcamos existir”.

En eso coincidimos, en ambas afirmaciones: porque la memoria que tenemos es lo que somos y por eso es tan importante el reconocimiento y la investigación rigurosa de todo lo que colectivamente nos ha hecho ser lo que somos, como conjunto, como sociedad. También somos la responsabilidad que asumimos, y aquí me quiero parar un poco más, porque como historiadores debemos reivindicar nuestra responsabilidad en esta tarea. La memoria es débil, frágil, incluso desagradecida con el paso del tiempo. Nuestra tarea es recopilar, ordenar e hilvanar ese fino hilo que une el pasado con el presente, transformando los recuerdos en palabras de la forma más objetiva posible. Sin embargo, ser objetivos no significa ser neutrales, por tanto no podemos escapar de la responsabilidad de transmitir no solo los hechos, los datos, las fechas, sino también el sufrimiento que causaron unos hechos que no por pasados son menos dolorosos. ¿Cómo pretender hacer pasar página a los supervivientes de una tragedia como esta que aquí contamos y que su dolor se tape con el cruel manto del olvido? ¿Cómo pretender que la memoria sea selectiva y restrictiva, con paréntesis y velos de amnesia?

Nuestro compromiso, como ciudadanos primero y como historiadores, es dar voz a nuestro pasado, reconstruirlo y hacerlo llegar a nuestros días, para no olvidar, porque una sociedad democrática no se puede construir sobre los cimientos del olvido. Sin memoria no hay justicia, pero para tenerla también hay que tener memoria de la injusticia.

La Nueva España, edición Oviedo – 27/10/2012

En este acto no solo queremos presentar esta obra histórica, sino también rendir un sentido homenaje a esas 32 víctimas que perdieron la vida otro octubre de hace 78 años, que fueron víctimas de una represión desmedida y de una violencia tan extrema que, tantos años después, sigue produciendo el mismo sentimiento que las crónicas que allá por enero de 1936, pasada la censura, empezaban a escandalizar a toda España.

Autores, de izq. a dcha: Rubén García Riesgo, Arantza Margolles Beran, Julio César Iglesias Rodríguez y David Fernández González

Intervención de Arantza Margolles, coautora:

La del 13 de octubre de 1934 fue una mañana muy parecida a ésta. El cielo, encapotado y gris, parecía predecir la tragedia. Pero la pequeña Laura tenía once años, y con once años uno no aprecia la escala de grises. Todo es luminoso, con color, porque hay toda una vida por delante de uno. Pensándolo así, fue una fortuna que Laura no supiera aquella mañana que iba a morir aquel mismo día.

Laura era la pequeña de los siete hijos de Domingo Franco y Carmen Corral, residentes en el número 2 de Villafría. Aquel 13 de octubre la sacaron, junto al resto de su familia, fusil en mano, de su casa, y no pudo hacer nada cuando oyó, a lo lejos, los tiros que estaban acabando con la vida de su padre y de José Valle, un empresario muy de posibles, muy cuidado de Dios. Muy de derechas, en definitiva. Muy poco sospechoso de pertenecer a un movimiento revolucionario del que poco o nada se sabía en Villafría más allá de los trapos blancos que colgaban de las ventanas en señal de neutralidad.

Laura oyó también los gritos de su hermana Argentina implorando caridad por su padre. Nunca llegó a saber que ella, Argentina, y otra de sus hermanas, Benjamina, pudieron salvarse por esconderse entre unos sacos de virutas, bajo la escalera. Imposible para ella que la Benja le contase cómo se derramaba la sangre de su casero Casimiro Álvarez por los escalones. No lo pudo saber jamás porque a Laura, como a Vicente Secades, el yerno de Casimiro, como a Germán Bárcena y su esposa Josefa, como al hermano de ésta, Celso, le pegaron un tiro mortal. Un tiro, como también a su padre Domingo, como a su madre Carmen y como a sus hermanos Manuel, y Luis, y Emiliano, y Rosario, y a ella misma, niña aún, a ella misma que, de habérselo preguntado, probablemente no hubiera sabido definir qué era o qué dejaba de ser la palabra “política”.

Entre todos los cadáveres de las casas 1 y 2 se encontraron, también fusilado, a Francisco el pescadero, que vivía un poco más allá, en el número 3. Mientras Francisco era asesinado a tiros, y mientras lo era también su padre Francisco, su madre se encontraba guisando gallinas para los matadores: de no haberlo hecho, ella también hubiera engrosado la larga lista de víctimas mortales de Villafría.  Porque en la casa 3 también mataron a Ramón, a Rodolfo, a Amadeo y a Belarmino, los familiares políticos de la hermana de Francisco que, irónicamente, salvó su vida gracias al ejército que guardaba estrecha vigilancia a la entrada del barrio. No la dejaron pasar. Sólo al día siguiente supo que sus familiares habían sido pasados por las armas.

Desgraciadamente, este cuento macabro no termina aquí. Y debemos de seguir contándolo, debemos de seguir pronunciando nombres. Los de la casa 4, por ejemplo: Rufino Rimada, que pagó con su vida el enfrentarse a los soldados que, de un tiro y por mero placer,  habían entrado en casa matando el bien más preciado de la familia: un hermoso gocho listo ya para matar, por supuesto, de formas más ortodoxas. Hemos de mencionar también a su suegro, Adolfo Secades, cuyo delito fue abrir la puerta a los soldados que, nada más hacerlo, le pegaron un tiro, y a sus cuñados, Manolo y José Secades. A Ricardo Álvarez y a sus hijos Avelino y Ovidio, que huían del caos que se había desatado en Fozaneldi buscando refugio en Villafría.

Llegamos ya al final. Llegamos ya a este mismo lugar, a este paraje hoy tranquilo que es la fuente’l Cañu. Aquí, con el puño en alto “para dar ejemplo” fusilaron a los hermanos Jesús, José y Antonio Carriles, a Manuel Fernández y a Lolín Alvarez. Ninguno de ellos había levantado el puño antes, en su vida.

De la injusta e intolerable represión sin sentido que se hizo en Villafría, queda por fin testimonio documentado. Hemos tardado setenta y ocho años en hacerlo. Hasta ahora no existía ningún listado de las víctimas de Villafría, ni un número exacto, ni ningún análisis comparado de lo publicado desde entonces hasta ahora por unos y por otros. Hemos tardado setenta y ocho años y esperamos haber dado cuenta, porque ya era hora de hacerlo, de lo que pasó en Villafría. Sólo una cosa se nos ha quedado en el tintero. Es la más importante pero, tristemente, la más difícil de responder: ¿qué hicieron las treinta y dos víctimas de Villafría para merecer su muerte? ¿qué delito mortal cometió la pequeña Laura Franco Corral como para justificar su asesinato? Lamentablemente, nunca podremos contestar a esa pregunta, ni hoy, ni dentro de otros setenta y ocho años, porque es una pregunta que, definitivamente, no tiene respuesta posible.

Lo que no podemos olvidar es que las víctimas de aquella violencia no fueron solo las 32 personas asesinadas en Villafría, sino también sus viudas y sus hijos, que vieron una vida marcada por la ausencia y por la peor represión de todas: la del olvido.

Va a tomar ahora la palabra Teresa Secades, nieta de Adolfo Secades y sobrina de Manolo y José Secades García y de Rufino Rimada. Teresa, la voz que durante muchas décadas peleó porque se recuperase la memoria de quienes perdieron su vida aquí, no podía faltar en este acto por su lucidez, por su compromiso y por haber sido, durante tantos años un referente en la reivindicación de la recuperación de la memoria de esta ciudad. Os dejo con ella.

[…]

Para concluir, nos gustaría agradeceros la presencia a todas y todos pese al mal tiempo que nos acompaña. Queremos agradecer a la Fundación la Izquierda d’Asturies su apoyo incondicional en la edición de esta obra, apoyo sin el cual no hubiera podido ver la luz un trabajo impreso de estas características dada la tempestad económica en la que la cultura y la Memoria son víctimas de sus vaivenes. En este apartado queremos hacer una mención especial a Víctor Picallo, que pese a sus broncas y llamadas, ha sido el mejor editor que podríamos haber tenido. Queremos mostrar también nuestro agradecimiento a Izquierda Unida por el apoyo mostrado y por habernos facilitado medios para realizar este trabajo. Pero, si a alguien debemos el mayor agradecimiento es a Teresa Secades, a Ángel Rodríguez Franco, a Soledad Rábade García, a Pilar Barredo Solís y a Xesús Nel García Álvarez, a todos ellos, por habernos aportado sus testimonios y ayudado a encajar todas las piezas que faltaban para la reconstrucción de esta historia. Sin ellos, esto no hubiera sido posible.

Muchas gracias.

Parte del público asistente, familiares de las víctimas y amigos. (Foto: El Comercio)

Entrevista realizada a Arantza Margolles y David Fernández en el programa “Noche tras noche” de la RPA con motivo de la presentación del libro:

36 años después, el primer congreso de víctimas del franquismo

Los pasados 20, 21 y 22 de abril tuve el honor de participar en el I Congreso de Víctimas del Franquismo que se celebró en la ciudad madrileña de Rivas-Vaciamadrid. Y digo “tuve el honor” porque es todo un privilegio ser partícipe de un primer congreso, más si cabe en este caso, que por primera vez tras la muerte del dictador se organizaba un encuentro que agrupaba a todas las víctimas de su régimen.

Como historiador estoy acostumbrado a acudir a congresos, a jornadas y simposios, pero el alto nivel que se supone a los encuentros organizados por la institución académica suele devenir en una suerte de guerra de egos entre los aspirantes, y suelen tener un ambiente frío y hostil, movido generalmente por intereses recíprocos. En este congreso la sensación ha sido todo lo contrario: de integración, de colaboración y de tener patente que, ante todo, quienes nos interesamos o trabajamos por la Memoria Histórica estamos en el mismo barco. Desde los voluntarios que dedican su tiempo libre a la investigación, muchas veces de mayor nivel y envergadura que la de los profesionales de la historia, hasta los historiadores, el debate fue fluido durante todo el fin de semana y muy productivo, sobre todo de cara a tomar fuerzas y plantearse nuevos proyectos.

El encuentro tuvo tres ramas importantes. Por un lado, una más academicista en la que participaron historiadores de la talla de Julio Aróstegui, Ángel Viñas o Nicolás Sánchez Albornoz, o periodistas que desarrollan trabajos de memoria como Montse Armengou. Por otro lado, y de forma equitativa, se dio voz a los sin voz, a quienes fueron víctimas de la represión y el olvido. Se dio espacio a que las víctimas diesen sus testimonios, desde las que sufrieron la represión de la posguerra hasta los presos del tardofranquismo, donde intervinieron compañeros de la asociación de reciente creación La Comuna. Finalmente, y quizá lo más importante, se dio espacio y mucha voz a las asociaciones de recuperación de la Memoria Histórica que son las verdaderas protagonistas de la recuperación y puesta en valor de nuestra memoria colectiva.

 

La clausura del Congreso corrió a cargo del diputado de ERC Joan Tardá, que hizo un breve repaso por las últimas novedades e iniciativas legislativas sobre el reconocimiento de las víctimas. También intervino Carlota Leret, hija del capitán Leret, considerado la primera víctima de la Guerra Civil. Finalmente tuvimos ocasión de escuchar a Estela de Carlotto, presidenta de Abuelas de la Plaza de Mayo, quien nos dio un emotivo testimonio sobre las desapariciones forzadas en Argentina y nos sirvió para trazar ese fino hilo que une, con sus particularidades, a todas las víctimas que alrededor del mundo sufrieron el mismo destino.

Se celebró una asamblea final entre asociaciones que, entre otras cuestiones, acordó la creación de una coordinadora estatal de asociaciones de Memoria, un paso fundamental de cara a cohesionar, extender y fortalecer un movimiento fundamental para profundizar en la calidad democrática de este país. Sin memoria, sin verdad, sin justicia y sin reparación no es posible construir un país plénamente democrático. Como decía Ángel Viñas, Franco cabalgó a la dictadura a lomos de millones de cadáveres: los muertos de la guerra y los de la posguerra. Por todos ellos, por nuestra memoria, que este sea el primero de muchos congresos.

“Contra el olvido, pero sin la melancolía. Por la reparación y por la dignificación”
José Masa, alcalde de Rivas-Vaciamadrid

Acto de homenaje a la República 2012

Y un año más, 14 de abril en Pravia

El pasado sábado 14 de abril se conmemoró el 81º aniversario de la proclamación de la II República, una fecha simbólica para el recuerdo de un periodo histórico en el que en España se alcanzaron cotas de progreso social que aún son envidiables en la actualidad.

Por este motivo, a lo largo de toda Asturies se producen cada 14 de abril innumerables homenajes que pretenden aprovechar la efeméride para hacer un ejercicio de recuerdo de lo que pudo ser y nos frustraron, y de lo que queremos ser los republicanos.

Desde Pravia se hace desde hace ocho años un acto impulsado por Izquierda Unida en la cantera de Cañeo donde se pretende hacer un pequeño homenaje tanto a los ideales republicanos como a la memoria de las y los pravianos que dieron su vida por defender un sistema político más igualitario. Como ya es tradición, este año se realizó una ofrenda floral y se dieron unos breves discursos por parte de Jesús Lastra, coordinador local de IU, y de Gaspar Llamazares, diputado de IU en el Congreso por Asturias, en los que se homenajeó a los muertos por defender la legalidad republicana y se reafirmaron los ideales republicanos, así como se exigió verdad, justicia y reparación para las víctimas del fascismo en Pravia.

Quienes allí nos damos cita pretendemos, lejos de caer en el mero historicismo, dar un sincero y pequeño homenaje a todas esas personas que murieron de “muerte matada” y que reposan en zanjas y cunetas, con esa pretendida doble muerte que les quisieron dar: la física y la del recuerdo. Pero, sobre todo, lo que pretendemos es seguir enhebrando ese fino hilo rojo que nos une con quienes dieron su vida por conseguir una sociedad justa e igualitaria. Es nuestra obligación, como fue la de tantos, tomar su ejemplo y su memoria para rearmar nuestro discurso transformador y republicano, ser la voz de los sin voz.

Decía Ernesto Sábato que la mejor manera de contribuir a la protección de la Humanidad es no resignarse, y por eso es el deber de la izquierda política y social, de quienes nos situamos a la izquierda de lo posible, seguir parándonos a recordar a quienes nos cedieron el testigo para tomar impulso y seguir la lucha por la consecución de aquellos ideales republicanos y por seguir ahondando en la consecución de la tan ansiada igualdad.

Ni acato, ni respeto

Hoy hemos conocido la sentencia por la cual se inhabilita al Juez Garzón durante 11 años o lo que es lo mismo, pierde de forma definitiva su cargo. Una decisión tomada unánimente por los siete miembros de la sala y que dejo en manos de los expertos juristas determinar la legalidad de dicho proceso. Yo prefiero hablar de la ética y del sometimiento de la Justicia a los intereses de unos pocos.

El motivo por el que se condena a Baltasar Garzón es por haber dado orden de realizar escuchas a presuntos miembros de la trama Gürtel con sus abogados en la cárcel. Esta práctica, muy extendida en nuestro sistema judicial, parece ahora ser esgrimida por vulnerar el derecho de defensa de los imputados. Nadie alzó la voz cuando Garzón permitía escuchas a presuntos militantes de ETA en la cárcel (con el matiz del artículo 51.2 del código penal), ni cuando el sistema judicial lo consentía con los sospechosos de yihadismo. Tan siquiera nadie puso problemas ni cuestionó esta práctica cuando el juez encargado del caso Marta del Castillo permitió realizar escuchas entre Miguel Carcaño y su abogado.

Quienes hoy enarbolan la bandera de la infalibilidad de la Justicia, del respeto palabra por palabra de la legislación, son los mismos que no hace tanto reclamaban mano dura y que se saltase cualquier tipo de legislación vigente para mantener en la cárcel a De Juana Chaos pese a haber cumplido todo lo que la legislación española dictaba.

Es evidente que la legalidad choca con la ética y nos encontramos ante una campaña de acoso y derribo a un magistrado incómodo. A un juez que con sus errores, muchos y de bulto en el pasado, se atrevió a juzgar lo que nadie tuvo la valentía. No seré yo quien haga una hagiografía de Baltasar Garzón pues considero que en su carrera también ha habido errores y decisiones con las que no he estado de acuerdo ni lo estoy pero eso no me hace justificar ni mirar hacia otro lado ante lo que conlleva este juicio premeditado y con condena preconcebida, al igual que tampoco callé cuando el propio Garzón se lanzó contra Egunkaria en su nefasta teoría del “todo es ETA”.

La sentencia de hoy, independientemente del error que haya podido o no cometer el juez Garzón, es un ataque a la concepción misma de la democracia. Hoy se ha evidenciado que en este país es peligroso investigar y hacer justicia. Se ha demostrado que sigue habiendo estamentos que funcionan al margen de la ley y que tienen los mecanismos suficientes para autoprotegerse. Con esta sentencia se proclama que, amparado bajo el derecho a la defensa, cualquier individuo pueda seguir desde la cárcel dirigiendo sus actividades corruptas al eliminar elementos de control de sus actividades como las escuchas.

Conocida también la sanción al juez que instruye el caso Matas-Urdangarín hoy se vislumbra de forma más clara que en nuestro Estado hay cosas que no se pueden tocar: ni a los poderosos, ni a la Corona, ni al franquismo.

Cuando la Justicia deja de ser justa, no puede llamarse Justicia. Por ello, ni acato ni respeto esta sentencia.

Que nadie se olvide de la Memoria

“La lucha del hombre contra el Poder es la lucha de la memoria contra el olvido.”  Milan Kundera

Hace unos días, hablando con una persona encargada de dar forma a un trabajo de memoria histórica en el que estamos trabajando unos compañeros, nos preguntaba que, como historiadores, cómo veíamos ahora el presente y futuro del proceso de recuperación de la memoria histórica con la llegada de la derecha al poder en prácticamente todos los estamentos posibles.

Nuestra respuesta fue bastante unánime: la financiación y la ayuda pública prácticamente tiene que ser descartada salvo alguna que otra corporación municipal en manos de la izquierda que aún desarrolla proyectos sobre la memoria. Añadimos también que precisamente por ser ahora un tema denostado y pisoteado por una derecha que quiere seguir sintiéndose impune, y también por parte de la izquierda que mantiene complejos de supuesta equidad de víctimas, era más importante que nunca seguir impulsando y desarrollando trabajos en esta dirección.

La memoria, aunque muchas veces molesta, es un motor que hace avanzar a la sociedad. No es posible construir un modelo social justo mientras haya un régimen que se sustente con cunetas llenas de huesos como pilares o con muertes, abusos y torturas sin respuesta ni reparación. Recuperar la memoria es recuperar las voces del olvido, es poner puntos a heridas abiertas y es, ante todo, hacer justicia.

¿Cómo podemos querer construir un Estado moderno si basa su propia existencia en la propia injusticia? No podemos permitirnos seguir negando una realidad social existente, la de las miles de familias que aún a día de hoy no tienen respuesta sobre su propia historia familiar. Una historia que, en definitiva, es la historia más importante de uno: la de sus ancestros, la que explica de dónde viene y el porqué de su existencia. No hay peor castigo para un ser humano que negarle su pasado, que negarle la posibilidad de reencontrarse con los hechos y vivencias de sus predecesores; y esto, por desgracia, lo tenían y lo tienen muy claro las derechas, que saben que no tener un sitio material donde llorar o unos restos a los que rendir un homenaje es la nada, la inexistencia, el vacío más absoluto.

Sin memoria se corre el riesgo tan frecuente y tan dañino en el campo de la Historia de caer en la nostalgia, de que la bruma del tiempo edulcore los sucesos tiñéndolo todo de un tupido velo de inocencia pasada. Sin memoria, se corre el riesgo de que al ministro de propaganda de un régimen totalitario y genocida como el franquista se le permita redactar una Constitución y que a su muerte, con responsabilidad en varias muertes impunes, se le considere una pérdida para la democracia y que la nostalgia haga considerar nimiedades o asuntos baladí sus responsabilidades con un régimen de terror.

Sin memoria, el recuerdo queda en un anciano que suelta exabruptos y se bañó en Palomares, obviando a Julián Grimau, a Enrique Ruano, a los trabajadores de Vitoria o a los carlistas de Montejurra.

Sin memoria, en definitiva, seguiremos siendo un Estado construído sobre la injusticia, el dolor y la negación de nuestra historia. Sin memoria, los vencedores siguen venciendo y los vencidos somos doblemente vencidos.

Con Fraga, hasta la braga

Lo reconozco, en cuanto escuché la noticia de la muerte de Fraga me recorrió por todo el cuerpo el cosquilleo de tener que escribir sobre ello. Nunca me alegro por la muerte de un ser humano, de hecho ni por los hombres y mujeres más ruínes que el mundo haya dado me alegro. La muerte es una liberación, es un punto y final que ahoga en olvido los peores actos cometidos. Y no, eso no se lo deseo a nadie, ni a mi peor enemigo.

Muchos seguramente mañana recuerden al señor Fraga Iribarne como un demócrata ejemplar, como un político de excepción que supo amoldarse de un régimen totalitario a un sistema democrático. Otros recordarán que es el fundador del partido que ostenta el poder en la práctica totalidad del Estado. Incluso en algunos medios de comunicación recordarán aquel ya clásico “con Fraga, hasta la braga” que resumía la relajación de la mojigatería de la censura o aquel esperpéntico baño en Palomares tras el affaire nuclear.

De lo que estoy seguro es de que a muy pocos les dará hoy por pensar en el otro Fraga. En el Fraga que puso voz y cara para justificar ante todo un país el fusilamiento de aquel comunista llamado Julián Grimau en 1963. Tampoco se hablará del Fraga que dirigía las fuerzas de órden público aquel 3 de marzo de 1976 que resultaban con la muerte matada de cinco trabajadores en huelga. Y, evidentemente, tampoco se hablará del Fraga que conocía y amparaba aquel atentado que desde el búnker se lanzaba contra aquel carlismo que se reinventaba y reivindicaba una identidad nueva frente al tradicionalismo franquista en Montejurra un 9 de mayo de 1976.

De nada de esto se hablará porque nada de esto interesa en esta sociedad obligada a ejercer una amnesia colectiva, un intento de amnistia de facto para todos aquellos verdugos, fieles vasallos y perros de presa surgidos de las entrañas del franquismo. Fraga, al igual que otros muchos, muere en la cama, tranquilo, sin haber sufrido persecución ni condena alguna porque, ante todo, el señor Iribarne ha sido en sus 89 años de vida un camaleón capaz de transformar su existencia a las circunstancias, de sobrevivir y, sobre todo, de escapar a la propia justicia.

Otro culpable muere en la cama con las manos manchadas de sangre. Hoy debemos de estar tristes por haber sido incapaces en 30 años de sentar en un banquillo ante un juez a quienes deberían haber rendido cuentas por sus hechos.

Como bien dice Lluís Llach a todos ellos “les perseguirán nuestras memorias para siempre”.

III Encuentro de la Fundación Andreu Nin

Los próximos días 23, 24 y 25 de octubre se celebrará en Xixón/Gijón (Asturies) el III Encuentro de la Fundación Andreu Nin con motivo del 75º aniversario de la revolución de 1934 en Asturies. El grupo promotor de dicho encuentro en Asturies queremos invitar a todxs aquellxs que, como nosotrxs, no ni admiten la amnesia colectiva ni el borrón y cuenta nueva, sino que creemos fundamental la conservación de la memoria, la dignidad y la justicia de todxs aquellxs que soñaron con un mundo mejor y que con sus vidas forjaron el camino para hacer cada vez más posibles aquellas utopías. Por ellxs, por todxs aquellxs que un 5 de octubre de 1934 quisieron asaltar los cielos van estos actos.

Para más información hay un blog oficial del encuentro donde se detalla el programa, las actividades y la información adicional.