#hayquecontarlo

En las últimas convocatorias de huelga he visto una tendencia por parte de muchas personas de pretender extender el concepto de huelga y paralización total a todos los ámbitos de la vida. Lo respeto, aunque discrepo en uno de los puntos que se suelen usar.

Evidentemente una huelga es un acto político de magnitud, de responsabilidad crítica y una muestra de poder en las calles. Una huelga no es solo la ausencia del trabajo, ni tampoco es solo hacer piquetes informativos. Una huelga es también dejar de consumir, dejar de utilizar los transportes públicos, dejar de usar los servicios públicos e, incluso, muchos plantean una huelga de cuidados, dejando sin realizar tareas domésticas, parando todo lo que incumbe a la vida cotidiana.

Existe una tendencia entre determinados compañeros a llevar al extremo el concepto de huelga, incluso planteando dejar de usar las redes sociales o los medios alternativos las 24 horas que dure la huelga. Lo respeto, pero me parece contraproducente.

En una jornada de lucha intensiva como una huelga general es imprescindible el uso de las nuevas tecnologías, en especial en estos momentos en los que los smartphones o teléfonos inteligentes y las redes sociales ayudan a abrir fisuras en estos tiempos de difícil acceso a los medios de comunicación de masas. Tomar imágenes ayuda a difundir el número real de manifestantes, que nunca será reproducido por los grandes medios, que la tratarán según los intereses circunstanciales de su grupo. También ayuda a grabar abusos y agresiones de la policia y poder luego demostrar cómo actúan quienes teóricamente están para protegernos. Y lo que es más importante, sirve para coordinar las luchas, para darles difusión y para que todo el mundo, esté donde esté, tenga información real, accesible y de primera mano para hacese una idea de lo que sucedió ese día.

A este respecto planteó un debate interesante Eldiario.es donde preguntaba a sus lectores cuál debía ser la postura más correcta, si secundar la huelga al 100% y no publicar nada, o establecer unos servicios mínimos, informando única y exclusivamente de la huelga.

Al menos en mi caso, mañana no consumiré, no trabajaré y no usaré servicios públicos, pero tendré bien cargada la batería del teléfono para, como en la anteriores convocatorias, poder dejar testimonio de lo que fue la huelga. En la era de la información, no se puede prescindir del único espacio realmente libre que nos queda como es Internet. Por primera vez en la Historia, existe un medio para comunicarse de manera universal, al alcance de todo el mundo y sin censuras, usémoslo, nos guste o no, es la herramienta más potente que tenemos en el siglo XXI para difundir ideas e información.

Se apaga una voz

Aunque no lo parezca, en estos tiempos, las noticias que a uno le interesan no son tanto la prima de riesgo, la geopolítica de Oriente Medio o el nuevo caso de corrupción destapado a cientos de kilómetros de tu casa. Lo que a uno le interesa, lo que uno primero lee, es lo que ocurre al lado de su casa, en su municipio o dos municipios más allá.

Siempre defendí la necesidad, ahora que la tecnología lo permite, de que se impulsasen los medios digitales de proximidad porque los medios de comunicación tradicionales, por motivos obvios, no pueden dar espacio a todas las noticias. Cuando hace ya un tiempo apareció “La Voz del Bajo Nalón” me encantó, me puse muy contento de que alguien compartiese conmigo la necesidad de dotar de medios de información que, aunque modestos, nos acercasen las noticias de nuestro entorno de una manera directa y no solo que compartiese esa necesidad, sino que tuviese la valentía que otros, viendo esa carencia, no teníamos.

A lo largo de todo este tiempo pude leer y oír muchas críticas hacia ese medio digital (aunque siempre más los elogios), la mayoría de ellas a mi juicio injustas. Se le acusaba, sobre todo, de no poner con nombres y apellidos quién gestionaba la página y eso quizá es para mí el mayor valor, porque realmente es lo que la gente quería, una excusa, un nombre sobre el que cargar y acusar de partidismo o de amiguismo a unos u otros. El hombre es un lobo para el hombre.

Para mí siempre demostró respeto, compartiendo las noticias con su respectiva fuente y ayudándonos a estar más al tanto de nuestra comarca. Siempre hubo espacio para todos aquellos que quisieron participar y eso en los tiempos que corren no es cosa fácil. Desde las fiestas de toda la comarca, hasta los comunicados y opiniones de todo aquel partido político, asociación o colectivo que tenía algo que decir y quería compartirlo. En el caso de Izquierda Unida, donde milito, el trato que se nos dió siempre fue exquisito, haciéndose eco de todo lo que les hicimos llegar y consideraban que podía tener interés y haciéndose eco también de las réplicas que otros nos hacían. En ese sentido, no podemos sino agradecer el respeto mostrado y el buen trato recibido siempre.

Por desgracia, esta voz que era de todos, se apagará seguramente a finales de este mes, llevándose consigo ese pequeño espacio de internet que cada día nos recolectaba de manera desinteresada y con mimo todo lo que sucedía en nuestro entorno. Algunos se alegran, mejor relegar Pravia a un cuadrín esporádico en algún medio de índole autonómico a consentir un medio modesto donde todo el mundo tenía cabida.

Huída hacia adelante

El Estado español ha tenido presidentes funestos a lo largo de estos 35 años de presupuesta democracia. Personajes siniestros, dogmáticos, de oscuras prácticas o de inutilidad manifiesta. Pero de todos, el presidente Zapatero va a pasar a la historia por ser uno de los más patanes e ideológicamente inútiles de nuestros políticos. Una persona incapaz de hilvanar un discurso coherente, aunque sea bajo su coherencia y, sobre todo, una persona alejada absolutamente de la realidad, que perdió el pulso de la calle y de la sociedad.El gobierno de Zapatero ha sido el gobierno antisocial por excelencia digno continuador de Felipe y de Aznar, hasta tal punto que las pocas cosas que realmente había hecho bien fueron las primeras que eliminó demostrando así su real apuesta por temas como la igualdad, la protección de los más desfavorecidos, de las personas dependientes, de los parados… En su haber, el record de contradicciones en tan poco tiempo más abrumador de las últimas décadas.

Aun así hay que reconocer que es un gobierno fuerte, tajante, radical. Un gobierno capaz de mantenerse firme, tozudo y respondón. El problema es que esa firmeza solo la manifiestan hacia los débiles y no hacia los poderosos. La fortaleza, el radicalismo, la firmeza y la tozudez es contra los pensionistas, contra los parados, contra los jóvenes estudiantes y trabajadores, contra las personas dependientes, contra los inmigrantes, contra los empleados públicos o contra las mujeres. Su débilidad ante los bancos, ante los mercados financieros, los gobiernos neocon y los grandes lobbys nos denotan que se trata de un gobierno de socialismo disléxico, incapaz de reconocer cuál es su electorado y cuáles son sus intereses. Quizá, ese sea el problema, que tiene muy claros sus intereses pero no tanto su electorado.

Cuando se habla del PPSOE no es una cuestión baladí, ni es un suceso autóctono de nuestro Estado, es la simple y llana aplicación práctica del modelo bipartidista más rancio, casposo y chabacano. Cuando en 1892 el United States Magazine proponía la creación de dos partidos que teóricamente se diferenciasen para así entretener al pueblo posicionándose con uno u otro y así no mirar lo que realmente hacían los bancos, no era sino el preludio de lo que es la política norteamericana y que tan bien han sabido implantar en nuestro Estado. A ello también ayudó la fundación Friedrich Ebert del SPD alemán, que además de su financiación ilegal al PSOE supo darle la clave cuando tocó redactar la ley electoral: fijar la línea de corte representativa en el 5% del voto. La implantación de facto de este sistema, amparada en una Ley Electoral que justifica un funcionamiento turnista en el que se anulan cualquier tipo de alternativas políticas de ámbito estatal refuerza la necesidad de diluir poco a poco el discurso en una suerte de pupurri con algún tinte social y, sobre todo, en una batalla basada en marketing y subordinación de los medios de comunicación a los intereses de los dos grandes partidos cuyo ideario no difiere sustancialmente.

Para todo eso la clave está en conseguir una total subordinación de la opinión pública a las riñas de supuesto tinte ideológico de los dos grandes partidos, pero evitando siempre que se desborde hacia protestas mayores y, sobre todo, un control absoluto de la disidencia política o del simple cuestionamiento del modelo. Precisamente por esto no es descabellado ver como ambos partidos coinciden a la hora de legislar desde la ilegalización de partidos cuyos planteamientos desbordan por completo la base estructural y de debate del propio sistema, hasta intentar elaborar una ley de mordaza que evite la difusión de la disidencia.

La privatización de las televisiones y en especial la reforma del gobierno de Zapatero referente a la TDT propicia que los medios de comunicación no supongan un problema real ni al Estado, ni a los dos grandes partidos. Tal es el punto que ni siquiera los cables de Wikileaks han salido completamente en prensa ni se les ha dado la cobertura que han recibido en otros países. Los medios viven amordazados y a ellos no se les teme. A lo que se teme es a las conciencias y para ellas no es tan fácil como repartir emisoras a amigos afines, sino que pasa por legislar específicamente e imponer condenas a quien ose replantearse el propio equilibrio social y político. Ese es el verdadero espíritu de la Ley Sinde y eso es lo realmente preocupante.

El gobierno es consciente de que cerrar webs con contenidos sujetos a derechos de autor no sirve de nada, porque en dos meses aparecerá otro método más eficiente y complejo de intercambio de archivos o si no observemos la evolución de los sistemas de descargas desde que la industria cerró Napster. El debate no es ese, sino la incapacidad de una industria de adaptarse a un nuevo modelo económico. ¿Se creen que con multas o cierre de webs en el país de los casi cinco millones de parados se incrementarán las entradas a 7 euros para ir al cine? ¿o con casi cinco millones de parados aumentarán las ventas de discos a 18 euros? No, el verdadero asunto es abrir la puerta a poder cerrar por ley cualquier web que sea molesta o infrinja en determinado momento lo que el gobierno de turno determine como ilegal o pernicioso. Muchos dicen que nunca se censurarán los contenidos de la red, pero no quisiera recordar lo ocurrido con la web de Batasuna a la que se bloqueó el acceso a este lado de los Pirineos al más estilo chino o el cierre de medios de comunicación tradicionales que resultaban en su medida molestos como pudieron ser TeleAsturias o el diario Egunkaria en Euskal Herria.

Afortunadamente ha habido una contestación popular a esta proposición de ley, ampliamente criticada hasta desde sus filas y ha supuesto un revulsivo a que los partidos CIU y PNV no apoyasen tal medida. No nos equivoquemos tampoco y creamos que en ellos está el espíritu defensor de la neutralidad en la red y del respeto a la libertad de expresión de los ciudadanos en la red, esto ha sido simple miedo a las consecuencias electorales, quizá alentado por los ataques continuos a sus webs durante toda la jornada de ayer que demostró que no son cuatro locos los que se oponen a esto. De hecho tras el rechazo de CIU el PSOE ha sacado el armamento para “convencer” al PNV de que los apoyase, garantizandoles entrada en la CMT, CNE y prorogándoles la cocesión de Petronor, todo al más puro estilo de “Su distinguida señoría” de Eddy Murphy. La industria por su parte ha protestado, sobre todo en boca de músicos como Alejandro Sanz, que desde Miami, sin pagar un mísero impuesto en su querida patria se atreve a aducir la cobardía de nuestros políticos. A lo que le doy la razón, nuestros políticos son la inmensa mayoría unos cobardes que se someten a los mercados y olvida por quién están puestos ahí. Quizá por ese motivo tanta gente nos identifiquemos con la causa de Anonymous, de recuperar la soberanía que estos sátrapas nos han robado.

La actitud de este gobierno es suicida, kamikaze, una huída hacia adelante que da miedo pensar a dónde nos puede llevar. Lo que está claro es que quienes vamos a perder vamos a ser los de siempre. Al menos hoy, los amantes de la libertad, tenemos un motivo para alegrarnos.