Liberaciones en tiempos de crisis

Desde el pasado jueves nuestro ayuntamiento cuenta con tres personas liberadas, el límite que permite la ley para concejos con nuestra población y sin duda algo total y absolutamente conforme a la ley. Sin embargo no siempre lo legal se puede considerar lo más ético. La fina línea roja que separa lo legal de lo correcto es en muchas ocasiones la que consigue elevar muros entre la política institucional y las vecinas y vecinos.

Desde nuestro grupo votamos que no, cosa que parece no gustó ni al equipo de gobierno ni a algunos de sus simpatizantes que nos lo recriminaron a posteriori. Sin embargo nuestro compromiso es con las casi 700 personas que depositaron su confianza con su voto en nuestro programa político. Y es que, aunque el señor alcalde lo citase mal, en nuestro programa decíamos específicamente “racionalizar el gasto municipal comenzando por los salarios del equipo de gobierno” y, desde luego, ampliar las liberaciones no es consecuente con lo que nosotros proponemos.

Y es que vivimos en una época en la que es imprescindible devolver la dignidad a una política cada vez más alejada de la ciudadanía, la vieja política da sus últimas bocanadas y cada vez es mayor la brecha entre quienes mantienen una visión transicionista de la política y quienes, en gran medida por cuestión generacional, buscamos una reconexión entre la política y aquellas y aquellos que nos sentimos excluidos de unas instituciones que ni nos comprenden ni hacen por comprendernos.

Nos toca librar una batalla a medio camino entre lo ético y lo estético. Lo ético porque no es lógico que un ayuntamiento endeudado como el de Pravia se pueda permitir tener al 40% del equipo de gobierno cobrando una liberación completa aunque no supongan salirse de los límites de gasto. Es en ese punto donde se genera el conflicto en el plano estético, el de la imagen que transmites, porque es incomprensible pedir a tus vecinas y vecinos sacrificios cuando lo que ofreces es garantizar el modus vivendi de tres personas de las cuales dos son responsables directos de la gestión de la última década en Pravia y, por tanto, de su deuda, de sus privatizaciones o de sus esperpentos jurídicos.

Nuestro alcalde tuvo a bien dirigirnos, como primeras palabras en este pleno, el calificativo de utilizar argumentos demagógicos, la que suele ser la salida común cuando no se quiere discutir con el otro. Citó mal nuestro programa electoral para intentar ver una contradicción en nuestra posición y nos echó en cara que defendíamos en el mismo el cobro de 1.200 euros como tope salarial cosa que no superaban los dos concejales liberados. Se le olvidaron dos cuestiones: la primera es que en su caso cobra más de 2.000 euros mensuales  y la segunda que esa no era nuestra propuesta electoral sino el compromiso ético que firmamos todos los componentes de la lista electoral para garantizar que de llegar a la alcaldía ni yo que la encabezaba ni nadie que me pudiese sustituir en caso de fuerza mayor fuese a cobrar más de dos veces el salario mínimo ya que defendemos una política profesional pero no defendemos la profesionalización de la política ni a quienes buscan cobijo en ella como una forma de vida a cualquier coste.

Sin duda, toca rendir un homenaje a anteriores alcaldes como Juan que tenían superpoderes para poder gestionar el ayuntamiento con una sola liberación y más competencias de las que dispone ahora el nuestro. Lástima que no se les pegase a sus compañeros más jóvenes de corporación ni los superpoderes, ni aquella vocación de austeridad.

Intervención al respecto en el pleno municipal:

Estoy loco, me presento a las elecciones

Publicado en La Voz del Bajo Nalón (25/02/2015)

No pasa un día que salga a tomar algo por Pravia y que algún amigo o conocido me venga a preguntar, entre risa y asombro, que por qué me presento a las elecciones. Es cierto que los argumentos que me dan son de peso: la gente está cabreada con los políticos, cada día hay más casos de corrupción y, siendo realistas, muchos políticos de todo nivel y pelaje se esfuerzan día tras día en revolcar por el fango un poco más aquello de administrar la cosa pública.

La verdad es que no estamos ante el mejor de los escenarios para lanzarse al tendido si lo que queremos es satisfacer el ego, obtener un sueldo público sin pasar por una oposición o si acaso intentar algún negociete con amigos privatizando algún servicio o inflando alguna burbuja que lo devore todo.

Pero también es cierto que para quienes vivimos la política (no confundir con vivir de la política), quienes sentimos vocación de servicio público, las circunstancias actuales sí que nos motivan a dar el paso e intentar cambiar las cosas.

Por primera vez encabezo una lista electoral y no negaré el vértigo que eso produce sobre todo porque estoy convencido de que también por primera vez la pluralidad en nuestro pleno municipal no se va a mostrar solamente entre las derechas, sino también entre las izquierdas. Aún no cumplí 30 años, soy un trabajador precario con estudios superiores, de esa generación que hablamos mínimo dos idiomas, a la que cuando hacemos una entrevista de trabajo nos exigen cuatro personas que solo hablan uno. A fin de cuentas, soy un joven normal, machacado por la crisis y que no se resigna a creer que, de verdad, entre todas y todos se pueden cambiar las cosas, crear un nuevo modelo de país y que ese nuevo país empieza por los ayuntamientos.

Estamos al borde de un cambio social sin precedentes en el que IU será también pieza importante para consolidar y favorecer esa transformación. Pravia no puede permitirse quedarse en la estación mientras pasa el tren del cambio. Al menos, por lo que al grupo de personas que conformamos nuestra candidatura se refiere, estamos trabajando para que en nuestro concejo haya una caja de resonancia que ayude e impulse ese cambio.

Me preguntan por qué me presento. Y la respuesta es, ¿por qué no?

Nuestros propios héroes. De Balbín a Clariván

Publicado en La Voz del Bajo Nalón (25/10/2014)

En el centro de Xixón está la librería De bolsillo, un espacio que visito con una cierta regularidad gracias a su amplio catálogo en literatura centroeuropea. La regenta Valen, uno de esos libreros que tan pronto te recomienda un autor búlgaro que te descubre genios rumanos. Para un praviano de pro como yo, su defecto está en ser moscón: ¡nadie puede ser perfecto!

Me comentaba Valen esta tarde que justo esa misma mañana había pasado por allí un paisano mío y había encargado unos libros. Por la descripción no hay duda que era Luis “el de Susana”, uno de los pravianos más ilustres y por el que siento cariño y admiración a partes iguales, solo compartido por el que siento por Maruja.

Y allí, con un ejemplar recién comprado de Jan Neruda, me puse a pensar en la tendencia a olvidar a quienes menos nos podemos permitir olvidar. Vinieron a mi cabeza las propuestas del último pleno municipal de nombrar hijo predilecto a José Luis Balbín por parte de la alcaldía y de otorgarle una calle a José Antonio Martínez. No seré yo quien decida si tienen méritos para ello dichos candidatos, pero como suele ocurrir en esta vida, cada uno tenemos nuestros propios héroes por pequeños que sean.

La fugacidad de la vida, el memento mori, convierte en una obsesión necesaria para cualquier sociedad el conquistar la eternidad de aquellos que considera merecedores de no ser olvidados, de preservar, en cierto modo, su legado.

Precisamente esa obsesión que fluye a lo largo de la Historia es la que determina en gran medida la toponimia de nuestros espacios públicos. El cómo se llaman las cosas no es cuestión baladí. Arcos del triunfo, antiguos caudillos a caballo, edificios públicos con nombre propio y, sin duda, los bautismos de nuestras calles son la materialización en lo terreno de las relaciones de poder. La hegemonía política y cultural es la que determina en cada momento histórico cómo debemos llamar a las cosas o quiénes deben formar parte de nuestro altar de los héroes. No se puede obviar que, casi dos mil años después de su fallecimiento, Trajano sigue siendo considerado el Optimus Princeps (el mejor de los príncipes).

Y es que no pude evitar pensar que igual tocaba rendir honores en nuestro concejo a gentes que tanto aportaron a los demás. Pienso en Luis, al que ni una guerra que le arrebató a su padre le impidió seguir toda una vida luchando por una sociedad mejor, a su manera, con victorias no poco desdeñables como conseguir un instituto público para Pravia pese a la oposición de aquel siniestro director del colegio San Luis. Pienso en Maruja, que a tantas generaciones de pravianas y pravianos nos enseñó algo tan básico como leer. No me olvido de gente como Clariván que clavaba su afilada pluma contra aquella oscura dictadura que no atinaba a parar los regates a la censura con los que narraba la auténtica Pravia fuera del blanco y negro. También Falín Solís, que durante décadas fue memoria viva de aquella Europa que entre no intervenciones y políticas de apaciguamiento se lanzó directa al abismo del que nos daba buena fe tras su paso por los campos del Sur de Francia. Tampoco puede faltar la figura de Heliodoro, último alcalde democrático de Pravia que la guerra borró de un plumazo y la desmemoria se encargó de sepultar.

Son sólo algunos nombres, algunas personas a las que tanto debemos como pueblo y a las que quizá sería buen momento para rendir homenajes, dedicar calles y declarar hijos predilectos o adoptivos. Sería lo lógico, pero no siempre la lógica motiva las decisiones políticas. Mucho menos en Pravia.