La Troika lleva camisa negra

Un 24 de octubre de 1922, Benito Mussolini decía en Nápoles: «Os digo con toda solemnidad: o se nos entrega el Gobierno o lo tomaremos marchando sobre Roma». Los 40.000 camisas negras que allí lo escuchaban gritaban en respuesta: «¡A Roma, a Roma!».

Este hecho simbólico desembocó en el ascenso al poder del fascismo en Italia y la antesala de régimenes como el de Hitler o Franco. Si Marx anunciaba en el Manifiesto Comunista que el fantasma del comunismo recorría Europa, en los años 20 y 30 fue el fascismo quien la recorrió, fulminando democracias parlamentarias en régimenes de corte fascista.

La desafección hacia la política, el surgimiento del ultranacionalismo como respuesta al Tratado de Versalles que no cumplía con las expectativas que pretendían los italianos tras la I Guerra Mundial, facilitaron el ascenso al poder de “la revolución fascista”, una autentica bestia que intentó acabar con todas sus fuerzas con el creciente y potente movimiento obrero italiano, sobre el que media Europa se miraba al espejo.

Hace hoy 90 años, Italia perdía su soberanía nacional para someterse a los designios de un tirano, de un mentecato ultranacionalista que dirigió Italia con mano de hierro desde 1922 hasta 1943.

También hace ahora casi un año, otro sátrapa con aspiraciones a tirano como Silvio Berlusconi abandonaba el gobierno de Italia para dejar paso a un presidente no elegido por los italianos. Berlusconi, con todos sus defectos, gobernó Italia durante más de dos décadas a golpe de urna (y de talón), pero una marcha inquebrantable sobre Roma, a ritmo del paso de la oca que marca la comisión de la Unión Europea, el FMI y el BCE, derribó el gobierno democrático para poner a otro duce que nadie había votado. La Troika, unos camisas negras modernos, mantienen el poder en Italia, lo han extendido a Portugal, a Grecia y, previsiblemente, pronto llegarán a España.

El próximo 14 de noviembre tenemos la posibilidad de ser, por una vez, nosotros quienes marchemos, quienes tomemos las calles. Desde Roma, Lisboa, Atenas o Madrid debemos salir a la calle y recuperar la soberanía popular. Seamos valientes, convirtámonos en partisanos contra las imposiciones de la Troika y en defensa de los servicios públicos. O ellos o nosotros.

¡IVA España!

Todo eran risas: que si el verano, que si unas cañas aquí, que si picamos algo en la terraza… pero al final llegó septiembre  y con él la subida del IVA y la caída de España un par de escalones más hacia el subdesarrollo.

Desde hoy, la práctica totalidad de los bienes de consumo se gravarán con un 21% de IVA, exceptuando, claro está, los bienes de lujo, no vaya a ser que entre el estrés de salvar bancos con dinero público y de desalojar a familias, el caviar les vaya a sentar mal a banqueros y politicastros de guante blanco a su merced. En una situación como la actual, con más de 5 millones de desempleados, con familias en la calle y con miles de hogares donde no se percibe ningún tipo de ingreso, lo normal y lógico para reactivar la economía es elevar los precios, parecéis tontos.

Todos nos tenemos que apretar el cinturón y ser solidarios, no somos conscientes de que incluso diputados del PP que perciben 5.000 euros de sueldo las pasan canutas para sobrevivir. A mí, en un alarde de patriotismo, me alegra que ahora pase de tener un 15% de retención del IRPF a un 21%, ¿para qué quiero el dinero si con ello puedo salvar España? Si tengo que dejar de pagar el alquiler y volver a casa con mis padres, pues se hace, que no se diga que no hacemos sacrificios por salir de la crisis.

Mi fervor patriotico llega a tales cotas que invito a los otros 909.999 ciudadanos del reino de España que hoy se quedan sin cobertura sanitaria a que se unan a mí, que defiendan España y no se dejen sucumbir. ¿Qué es eso de la sanidad universal? Eso es cosa de cubanos y comunistas, nosotros somos libres, demócratas, nosotros podemos comprarnos un Audi si queremos. Bueno, quizá no tengamos dinero para comprarlo, pero tenemos la libertad de comprarlo, que a fin de cuentas es lo que importa. Libertad de comprar es libertad, la igualdad es solo cosa de progres y perroflautas.

Todo son risas… hasta que te das cuenta de que ésta es la puta realidad que nos toca vivir, de que hay miles de personas que a diario rebuscan en los contenedores de nuestras calles para comer y de que más de un 20% de la población se encuentra ya bajo el umbral de la pobreza y en riesgo de exclusión social. Cuando ves que una panda de hijos de la gran puta que priman los intereses de unos pocos sobre los de la mayoría, que carecen de la más mínima empatía social y humanidad para eliminar de un plumazo algo tan básico como el derecho a una cobertura sanitaria universal o para elevar impuestos sobre bienes de consumo y de primera necesidad, te das cuenta de que quizá estamos aún más cerca del abismo de lo que pensábamos. Quizá llegue el momento de romper la baraja, de cambiar el miedo de bando y de la rebeldía inunde las calles. El patriotismo no es una bandera, ni una selección, ni una nación. El patriotismo es estar con los tuyos, con los que sufren, con los eslabones más débiles de la sociedad, es estar con la mayoría silenciosa que sufre por la avaricia y usura de unos pocos. Pero pobres de esos pocos el día que los que menos tienen, por no tener, ya no tengan ni miedo.

Sé lo que hicisteis el último verano

 Este domingo, 2 de septiembre, se cumple un año de la reforma de la Constitución que aprobaron en el Congreso PSOE y PP, que implicó “cambiar de raíz el actual modelo económico sólo para favorecer aún más los intereses del capital financiero.” Con la reforma se limita el deficit público y se da prioridad absoluta al pago de la deuda, impidiendo así que el Estado pueda endeudarse para financiar los servicios públicos, las políticas sociales o crear empleo público.

Hace un año, Izquierda Unida llevó a cabo una campaña para exigir un referéndum sobre la reforma, y anunció, como se ha cumplido, que tras la misma “la receta para el futuro se basa en el recorte y el deterioro de los servicios sociales, la liquidación de lo público y el ataque a las condiciones salariales y laborales de los empleados públicos y el conjunto de trabajadores y trabajadoras”. Como estamos viendo, con la reforma, se prioriza el rescate a la banca, mientras empeoran cada vez las condiciones de vida de las personas.

La salud, en venta (segunda parte)

El pasado 24 de abril se publicó en el Boletín Oficial del Estado el Real Decreto-Ley 16/2012 aprobado el 20 de abril “de medidas urgentes para garantizar la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y mejorar la calidad y seguridad de sus prestaciones”. Con esta nueva normativa se pretende extender al ámbito sanitario la concepción dominante de recorte en nombre del déficit bajo la excusa de garantizar la sostenibilidad del sistema sanitario. El polémico decreto establece, entre otras cosas, el re-pago sanitario a pensionistas o la eliminación de cobertura sanitaria a inmigrantes o a jóvenes mayores de 26 años sin cotización.

Según toda la mitología eficientemente construida y difundida por el neoliberalismo que salpica, en mayor o menos medida, a los dos grandes partidos de ámbito estatal y a algunos de ámbito autonómico, el sistema sanitario español es insostenible y necesita de una urgente revisión que permita introducir las recetas de ajuste o, como ellos lo suelen definir, una reorganización de los recursos públicos. Los recortes, que es lo que son en definitiva, son la punta del iceberg de una estrategia muy bien elaborada por los poderes económicos con el único fin de desguazar lo suficiente del sistema público sanitario para que las clases medias se sientan incómodas y se lancen a los brazos de la sanidad privada, convirtiendo de este modo el sistema de asistencia sanitaria público en una suerte de ente caritativo, de bajo nivel, de bajos recursos y socialmente poco apreciado.

Se le olvida a la derecha de que en España cada vez hay más pobres y que los pobres son cada vez más pobres. Se le olvida a la derecha -y a parte del centro- que quienes hoy copan los servicios de caridad son los que ayer ellos convencieron de ser clases medias: los trabajadores de la construcción, los autónomos, los obreros fabriles o el sector servicios.

Los genéricos: no es oro todo lo que reluce

Se impone poco a poco la idea de que la solución pasa por la introducción masiva de los medicamentos genéricos en los hospitales hasta el punto de que se está creando entre la opinión pública un discurso contra los laboratorios farmacéuticos, un concepto etéreo y poco definido, que esconde un caramelo envenenado.

Un medicamento genérico es un avance como medida de presión ya que añade competencia en el mercado y sirve de dinamizador de la política de precios, obligando a los laboratorios a reducir el precio de sus productos con marca comercial para poder competir con el genérico. El problema es que se nos olvida que los genéricos no nacen de los árboles, que tras ellos también hay laboratorios farmacéuticos y que no son lo mismo unos que otros productos. De hecho se nos oculta, creo que de manera interesada, que en muchas ocasiones es el mismo laboratorio el que hace la marca comercial y su genérico. Cuando se hacen reportajes para confundir a la opinión pública en este aspecto no sobraría decir que no es lo mismo un genérico fabricado en un laboratorio de la India o China que uno elaborado en Alemania o Francia, y tampoco se debería ocultar que ya hay fármacos genéricos que han tenido que ser retirados del mercado por ser fabricados en laboratorios sin un mínimo de condiciones de seguridad o que en algunos casos se fabricaban con producto de origen desconocido.

Un genérico, por definición a vuela pluma, es el principio activo, la molécula en la que se basa un medicamento que, pasado un periodo de tiempo, se libera de patentes y puede ser fabricada por cualquier laboratorio que tenga la tecnología suficiente lo que en teoría abarata los costes y lo hace más accesible. Lo que no se explica habitualmente es que esa molécula, ese principio activo es solo una parte del medicamento comercial y no se puede asegurar que sean lo mismo porque eso es mentir. Evidentemente que un ibuprofeno genérico contenga un 80% de producto similar a un ibuprofeno de marca comercial puede importar más bien poco, porque como analgésico para dolencias leves puede servirnos igual. El problema viene cuando por ejemplo hablamos de medicamentos de tipo neurológico o para tratar un cáncer ya que ahí un 20% de diferencia entre un producto es una diferencia lo suficientemente elevada como para plantear riesgos de tratamiento, de tolerancia y, en muchos casos, de eficacia. Ya no hablemos por ejemplo, de la locura de pretender romper los combos establecidos para tratar a enfermos de VIH a lo que por cuestiones éticas ya existe un movimiento de objeción de conciencia entre médicos de Comunidades Autónomas donde se les exige emplear genéricos como Cataluña.

Hay otro aspecto que tampoco se tiene en cuenta y a mi me parece el más peligroso de todos. Un laboratorio, por norma general, dedica una serie de recursos para la investigación de nuevos fármacos, de nuevas vacunas y nuevas moléculas, y es quien suple la carencia de I+D+i del Estado. En definitiva, son los que inventan. Por su parte cuando un laboratorio fabrica un genérico reduce costes porque no inventa, simplemente copia, toma lo que otros inventaron para fabricarlo y venderlo a un menor coste ya que no tiene que amortizar la inversión en investigación.

A corto plazo, esta política es positiva ya que como dije anteriormente, obliga a la marca comercial a ajustar el precio inflado durante años para poder competir. Pero es pan para hoy y hambre para mañana ya que, cuando se impogan en el sistema sanitario los genéricos ¿quién va a invertir en investigar en nuevas moléculas para tratar dolencias que ya cubren genéricos y mejorar su eficacia o posología?

La gestión clínica, de la que se llenan la boca PP y PSOE, sirve para perpetuar una corresponsabilidad del personal sanitario en los gastos del sistema, amordazando el criterio profesional y adjudicándoles a ellos toda la responsabilidad del gasto público. La implantación de los objetivos, de penalizar la prescripción de productos de marca comercial -incluso si cuestan lo mismo- y bonificar a quienes receten principio activo.

Pero hay un gran peligro en la dinámica española de buscar la salida mediante los genéricos a la vez que no se invierte en investigación pública que pueda suplir la carencia de investigación comercial. ¿Qué pasaría si un laboratorio desarrolla una cura al cáncer en, por ejemplo, Francia? ¿tendríamos en España a nuestros pacientes esperando durante años hasta que la patente de dicho producto caducara para poder tener el genérico por ahorrar costes? ¿permitiríamos que nuestros enfermos se muriesen de algo que al otro lado de la frontera se está curando solo por no querer permitir ese gasto? Pues algo similar a esto está ocurriendo ya con enfermos como los del VIH en algunas comunidades autónomas.

Centrales de compra: camino al monopolio

Otra de las soluciones que aportan los ideólogos neoliberales es la creación de las llamadas centrales de compras que consisten, básicamente, en que la central compra medicamentos a gran escala para teóricamente abaratar costes y luego estos medicamentos se reparten entre los hospitales adscritos a dicha central.

Este modelo de gestión de compras, apoyado firmemente por el PP y dubitativamente por el PSOE, no solo es poco eficiente, sino que generaría un estacazo en el espinazo del sistema farmacéutico. Lo primero porque obligaría a que todos los hospitales españoles tuviesen que adoptar los mismos protocolos y tuviesen que asumir el mismo catálogo, independientemente de las diferencias o la latencia de enfermedades en cada zona. Lo segundo porque favorece a los laboratorios más grandes, a los que pueden hacer mejores ofertas por volumen de producción y condenaría a los pequeños laboratorios a ser excluídos de todo el sistema sanitario y a su cierre.

Dicen que el sistema sanitario español es insostenible, que no hay dinero y que hay que recortar. Solo con lo que nos va a costar a cada ciudadano el rescate a Bankia, podría pagarse la vacuna del neumococo y del rotavirus a todos los recién nacidos, erradicando prácticamente por completo la mortalidad infantil en España, y aún sobraría dinero. Si se rescatan bancos, me pregunto, si no es más urgente rescatar a esos hospitales con deudas millonarias a los laboratorios farmacéuticos a los que ya se amenaza con no servirles más productos por falta de pagos. Me pregunto si no sería importante, ante el panorama actual, blindar los dos ejes fundamentales de cohesión social como son la educación pública univeral y la sanidad.

Por desgracia el Partido Popular cree que lo fundamental es rescatar entidades financieras y el PSOE duda de sus prioridades y recorta por imperativo legal (en Andalucía con nuestro apoyo, muy a mi pesar).

Suicidios, capitalismo y una pizca de ironía

“El Gobierno de Tsolakoglou ha aniquilado toda posibilidad de supervivencia para mí, que se basaba en una pensión muy digna que yo había pagado por mi cuenta sin ninguna ayuda del Estado durante 35 años. Y dado que mi avanzada edad no me permite reaccionar de otra forma (aunque si un compatriota griego cogiera un kalashnikov, yo le apoyaría), no veo otra solución que poner fin a mi vida de esta forma digna para no tener que terminar hurgando en los contenedores de basura para poder subsistir. Creo que los jóvenes sin futuro cogerán algún días las armas y colgarán a los traidores de este país en la plaza Syntagma, como los italianos hicieron con Mussolini en 1945″. Dimitris Christoulas

Esta nota de suicidio sacudió estos días Grecia y toda Europa. La crisis económica y, en especial, los recortes que en forma de recetas de ajuste impone la troika a la cuna de la democracia provocaron otra inmolación más a consecuencia de la falta de futuro y la asfixia a la que se nos está sometiendo desde los poderes financieros. Dimitris Christoulas era un farmaceutico de 77 años que dedicó 35 años de su vida a pagarse una pensión para poder pasar tranquilo su jubilación. Pero Dimitris no contaba conque un día su gobierno sería usurpado por un técnico que secuestraría la soberanía nacional y sometería el bienestar del país a unos intereses muy lejanos en espacio y prioridades. Dimitris se pegó un tiro en la plaza Syntagma de Atenas porque tras ver mermada su pensión no vió otra salida para evitar tener que recurrir a la mendicidad o dejar a sus hijos endeudados.

Pero este suicidio no ha sido el primero, y por desgracia no será el último: simplemente ha sido el que más ha llamado la atención en la prensa. En Italia se han suicidado 14 personas por motivos económicos en los últimos dos meses y se sosprecha de que son muchos más los casos que han sido ocultados como accidentes por vergüenza de las familias. Trabajadores que pierden su empleo y muchos jubilados con pensiones paupérrimas que no les dan para vivir son las principales víctimas de la crisis que acaban optando por quitarse la vida ante la falta de perspectiva y de soluciones a su drama diario.

En Asturies la situación no es mejor y hay un goteo de casos que atienden a este patrón, generalmente alimentado también por el problema endémico de nuestro país con la vivienda. El pasado 20 de marzo, un gijonés intentó suicidarse apuñalándose junto a la iglesia de Fátima en el barrio obrero de La Calzada por la situación económica y por verse sin ningún tipo de ayuda pública que garantizase unas condiciones mínimas para subsistir. Pero quizá el caso más dramático es el que aconteció en el centro comercial de Los Fresnos en febrero de este año. Aunque la prensa habló de un hombre que se precipitaba al vacío y de que “afortunadamente nadie resultó herido como consecuencia de esta inesperada caída”, la realidad es más compleja y se trataba de un hombre que decidió quitarse la vida al verse acorralado por las deudas, sin empleo y con una familia a su cargo como atestiguan los numerosos testigos presenciales y el cartel que llevaba atado a su cuerpo que la prensa prefirió obviar.

En el contrapunto están otras personas que se dan de bruces contra la crisis capitalista. Hoy pudimos leer en prensa la noticia del suicidio de uno de los presos que llegaron a España desde Cuba el pasado año en el proceso de excarcelaciones emprendidas por el Gobierno de Raúl Castro. Tras serle retiradas las ayudas estatales debido a los recortes que está emprendiendo el Gobierno, este hombre decidió quitarse la vida. Es una tragedia y a la vez es irónico que, tras una vida entera añorando vivir en un país bajo régimen capitalista, descubras cuál es el verdadero rostro de un sistema en el que la falta de igualdad pone en duda la existencia de libertad negando incluso unas condiciones de vida dignas a sus ciudadanos.

Todas estas muertes, son atribuíbles por completo a los poderes financieros, a la Unión Europea, al Fondo Monetario Internacional, al Banco Central Europeo y a los gobiernos títeres que venden la soberanía a precio de saldo.

¿Hasta dónde puede resistir un hombre antes de ver que la única solución posible es la muerte? El capitalismo no tiene humanidad, ni empatía, ni solidaridad. No se puede dialogar con el capital, ni se pueden asumir las recetas que emanan del dogma neoliberal como solución a la crisis, porque eso supone pretender apagar fuegos con gasolina.

El PSOE de Pravia también tiene tijeras

Hoy hemos podido conocer, al fin, los Presupuestos Generales del Estado que, como ya esperábamos, no dejan títere con cabeza dando otra estocada más al ya maltrecho estado del bienestar. Como ya se sabía o preveía, un recorte de tanta magnitud que elimina de un plumazo las ayudas a la dependencia o la financiación de planes y políticas activas de empleo y formación, llega tras las elecciones en una evidente táctica de trilero para evitar que antes de los comicios se mostrase la cara menos amable del Gobierno.

Quizá por este mismo motivo conocemos hoy por prensa el plan de recortes aprobado en el pleno del Ayuntamiento de Pravia con los votos del PSOE local, el voto en contra del PP y las abstenciones de Unidad Praviana y Foro Asturias. Un plan de recortes que pretende desarrollarse hasta 2022 para ahorrar 2,7 millones de euros.

Mi abuela, de natural ahorradora, tenía un refrán que decía que “el montón que se quita y nun se pon, se descompón” y ahí está el problema, que no se puede gastar más de lo que se tiene y, sobre todo, no debería hacerse pagar al ciudadano por los errores de gestión o el malgasto de los representantes políticos, sea justificado o no. Hace no mucho nos enteramos de que se pedía a nuestro Ayuntamiento que devolviese una subvención invertida presuntamente en lo que no se debía, de la cual parece que hay una parte sin justificar y que se gastó en, según palabras de nuestro alcalde Toni, “cuestiones perentorias”.

Quizá esté ahí el problema del PSOE praviano, que para ellos no es perentorio conservar un servicio emblema de la izquierda asturiana como las Oficinas de Información Juvenil, tampoco un servicio básico como la gestión pública del agua o la necesidad mantener el poco empleo público en estos tiempos de crisis. Para el PSOE praviano todos nos tenemos que hacer cargo de haber gastado el dinero público a su antojo, de no haberse planteado la posibilidad de no poder afrontar gastos y de huir hacia adelante. Ahora debemos hacernos cargo de pagar los intereses de un crédito que solo sirve para tapar agujeros mientras poco a poco desarmamos el poco patrimonio municipal.

¿Por qué no se plantean, como gesto de buena voluntad, bajarse el sueldo el alcalde o el concejal liberado como piden tantos pravianos? Presupongo que es prioritario destruir cinco puestos de trabajo o jugar con servicios básicos como el suministro público de agua que no intentar ser consecuentes con la ideología que dice uno predicar o asumir, al menos, parte del error.

La última tragedia griega

Escribo estas breves líneas consternado, con una mezcla de enfado, de indignación y de tristeza. El parlamento griego acaba de aprobar en una aplastante mayoría (199 sí, 74 no, 5 abstenciones) un plan de ajuste que pretende dar solución a la crisis que azota el país mediante un recorte masivo y abusivo de las prestaciones sociales y del marco laboral. Veo estupefacto al PASOK, partido socialista griego, cogiéndose de la mano de la derecha para dar forma y  apoyar con su voto la destrucción del Estado del Bienestar, la subordinación de toda una nación a los interes financieros de la troika (BCE, UE y FMI) y, en definitiva, el sacrificio de la sobernaía popular de una nación vendida a coste de saldo.

La imagen que se está dando por los medios de comunicación españoles es de violencia gratuíta, de destrucción de inmuebles y de enfrentamientos con la policía. Muchas tertulias mañana condenarán la violencia del pueblo griego contra las instituciones, incluso surgirá algún tinte paternalista que crea que son unos pobres ignorantes que sacan una ira desbocada y mal canalizada. Nadie se está planteando realmente por qué el pueblo griego sale a las calles, por qué quema, por qué odia a la mayoría de sus políticos.

La troika, la entente formada por la Unión Europea, el Fondo Monetario Internacional y el Banco Central Europeo, es quien ostenta hoy el poder en Grecia a través de su gobierno pelele. Un gobierno que acaba de aprobar con la mano cómplice de los socios griegos del PSOE las siguientes medidas (aparte de otras que se harán públicas en 15 días):

  • reducción del salario mínimo entre el 22% y el 32% para los jóvenes recién incorporados al mercado laboral (menores de 25 años)
  • derogación de los convenios colectivos e individuales
  • recortes en todas las pensiones
  • el despido de 15.000 empleados públicos
  • un tijeretazo en prestaciones y servicios sociales

¿Quién puede culpar al pueblo griego de pelear con uñas y dientes por defender sus derechos, por defender su dignidad y su soberanía? Con una Grecia acechada por los buítres financieros, por los usureros que no entienden de empatías ni de dignidades, nadie en su sano juicio puede ni siquiera cuestionar la reacción de un pueblo contra los líderes que lejos de representarlos hacen el papel de cómplices de quienes los sepultan.

Solidaricémonos con el pueblo griego, enfadémonos por la injusticia de su situación pero, sobre todo, recapacitemos y pensemos cuál ha sido la deriva que ha llevado a esta situación, no tan diferente a la española. Pensémos quiénes han sido los responsables de la quiebra griega, quiénes han votado contra su pueblo y recapacitemos sobre la posibilidad de que seamos nosotros los próximos en caer bajo las garras de la usura financiera. ¿Estamos dispuestos a dejarnos vender y desmantelar con el colaboracionismo bipartidista? ¿vamos a consentir los recortes preventivos, que nos apliquen la política del miedo para no reaccionar ante el rodillo y el terrorismo financiero? Tenemos instrumentos, que el miedo no nos impida usarlos.

Giorgos Mayrikos, ha lanzado el proyecto de ley de austeridad al Ministro de Economía en pleno debate en el Parlamento griego.

Resultados (provisionales) de las votaciones:

A favor: 200 (PASOK, ND)
En contra: 74 (Synaspismos, KKE, 11 diputados del PASOK y 1 del ND)
Abstenciones:  9 diputados del PASOK, 1 de ND y la extremaderecha de LAOS

Hay alternativas

Hace tiempo ya que debería haber retomado este blog, digamos que parafraseando a la película, esto fue el largo verano del 2011 y por unas cosas y por otras fuí retrasando las actualizaciones. Retrasos hasta el punto de que cuando ya por fin me armaba de ganas de escribir o tenía tiempo para ello, los temas habían caducado.

Ahora con todo lo que está pasando, me veo en la obligación de ponerme al día y volcar aquí parte del cabreo que voy cogiendo con las cosas. Como no quería empezar con algo denso, aprovecho esta primera entra postvacacional para recomendar el libro “Hay alternativas” escrito por Vincenç Navarro, Juan Torres y Alberto Garzón y prologado por Noam Chomsky. Lo recomiendo por cuatro motivos fundamentales:

a) porque lo firman tres de los mejores intelectuales que tenemos para comprender y hacernos ver toda la tramoya montada por los apóstoles del neoliberalismo, sus mentiras y todos esos sapos que nos intentan hacer tragar para justificar una supuesta salida de la crisis económica a través de la precarización y destrucción del Estado del Bienestar con el escudo de una austeridad impuesta por quienes produjeron la crisis.

b) porque nos encontramos en plena batalla dialéctica entre víctimas y culpables de la crisis que va mucho más allá de unas elecciones generales (aunque no hay que obviar qué giro queremos darle al parlamento). Existe un discurso dominante, hegemónico, difundido por los medios de comunicación de masas que pretende hacer creer que sólo a través de los recortes y la mal llamada austeridad se puede dar salida a una crisis que supera lo económico para transformarse en una crisis del propio sistema político.  Frente a este discurso es necesario concienciar y comprender que hay alternativas y que con voluntad política y apoyo social son sencillas de poner en marcha, cosa a la que ayuda este libro.

c) porque está escrito con un lenguaje ameno que escapa del academicismo y un lenguaje científico y que acerca a un tema complejo al lector que no tiene más que conocimientos básicos de economía.

d) porque está disponible gratis, con licencia creative commons y en estos tiempos de crisis hace que su accesibilidad no se vea mermada ni por el precio ni por vivir en una ciudad con librerías grandes a las que dirigirse.

Puedes pulsar en la portada del libro para descargarlo: